Provoste debe entrar a la carrera y debe entrar ya, con una propuesta propia y de peso, diferente a lo que ya existe y rival de la que tiene Apruebo Dignidad. Debe entender que, si entra a la carrera, no lo hará solo para ganar la presidencia, lo hará también para prevenir que su coalición desaparezca en el mapa la próxima elección presidencial y legislativa.
La estrategia del silencio. La carrera presidencial está tomando fuerza y si la presidenta del Senado no actúa pronto, podría quedar abajo. Ya no sirve la estrategia de presionar desde el Congreso, ni de actuar en bloque como oposición. Con mucho de lo legislativo ya resuelto, y con Daniel Jadue y Gabriel Boric avanzando a toda máquina, Provoste tiene que pasar de lleno de la instalación a la campaña.
Las encuestas. No hay duda de que Provoste es mejor candidata que Paula Narváez o Carlos Maldonado. En comparación a la primera, Provoste tiene más profundidad y en comparación al segundo, tiene más méritos. Y a pesar de que los otros dos candidatos tienen lo suyo, Provoste ya es, en los ojos de la gente, la carta superior. Si Narváez o Maldonado hubiesen tenido una oportunidad, ya lo hubiesen probado. Pero no es el caso.
Hora de avanzar. Hasta ahora, Provoste ha buscado postergar la decisión con la intención de seguir creciendo sin el riesgo de ser víctima del fuego cruzado. Pero, a la luz de los resultados de las encuestas, y a juzgar por el debate coyuntural, ya está alcanzando su techo y comenzando a ser un blanco fácil para los candidatos oficiales. Gana poco con seguir dando cuñas indirectas, sin poder debatir la materia de fondo.
El problema Narváez. El principal escollo en el camino para Provoste es Narváez, que llegó a la carrera presidencial con el endoso de Bachelet. Pero, dado que entonces la misma senadora no era siquiera una alternativa, tampoco es un gran problema. Pues es probable que una vez que Provoste retire a Narváez de la carrera, reciba el respaldo de la expresidenta. Después de todo, la similitud entre Provoste y Bachelet es mayor a la similitud entre Narváez y Bachelet.
El peso de la candidatura. Con la decisión de entrar despejada, solo quedan dos temas, no menores, que definir. Lo primero es cuándo entrar. Y la respuesta es clara: cuanto antes mejor. Mientras más se espera, más se pierde. Por supuesto que hay argumentos a favor de aplazar aun más la oficialización de la candidatura, pero ninguno de ellos es tan bueno como el de actuar cuanto antes. Lo únicos que ganan con la postergación de la nominación son los candidatos rivales.
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