Septiembre 12, 2021

Opinión: La chiflota del cuarto retiro. Por Camilo Feres, Director de Estudios sociales y políticas de Azerta

Ex-ante

Como en las tragedias teatrales, la cuarta edición de los rescates de fondos previsionales parece encaminarse a una nueva victoria. Como en las anteriores, la mayoría dice aprobarla casi por obligación; porque no queda de otra; porque el Gobierno llegó tarde o porque las necesidades son muchas. Son los menos los que la defienden como una fórmula para terminar con el actual sistema o siquiera como una buena solución.

El retiro como arma política. El 4º retiro de los ahorros previsionales era el más improbable de todos. En los meses previos muchas figuras políticas -que en su minuto apoyaron los anteriores rescates- se habían manifestado contrarias a éste. La postura, sintetizada con un adusto “ya no es momento”, encontraba sustento y respaldo en un coro de economistas vinculados a la oposición que, a la luz de los desequilibrios macro y bajo la figura ecuménica de juntar los retiros y el IFE, sacaron la voz por vez primera en este tema. 

  • Así y todo, ante la mirada incrédula del incipiente consenso “macro”, el 4º retiro fue presentado y poco a poco fue derribando las barreras que le fueron impuestas. Aun cuando su principal impulsora, la Diputada Pamela Jiles, ya no estaba en el ranking de las figuras políticas con mayor adhesión y no era tampoco un factor presidencial, la idea de un nuevo rescate de fondos no parecía resentir ni esto ni las críticas de vacas sagradas de la autoflagelancia, como el economista Ricardo Ffrench Davis, a quién nadie podría tildar de “momio” como si sucede con otros de sus colegas del arco opositor.
  • El retiro como arma política mostró no estar muerto ni de parranda. Por el contrario, uno a uno los que se habían mostrado esquivos o contrarios a su cuarta edición fueron morigerando o derechamente cambiando su postura, mientras otros han ensayado en el período el escapismo; el si bien es ciertismo no es menos ciertismo y otras ciencias ocultas tan propias de estos tiempos turbulentos. 

Boric y su voltereta. El primer giro “sonoro” lo dio el candidato presidencial del Frente Amplio, Gabriel Boric, quien hace nada, en plena campaña y por televisión, se había mostrado contrario a la medida. La voltereta, que fue mitigada con un discurso comprensivo de la política monetaria del Banco Central y con un intento por dibujar un proyecto menos “regresivo” que sus predecesores, le permitió a Boric salvar los muebles unos días, pero lo hizo objeto de feroces críticas de los retiristas más comprometidos en los días posteriores. 

  • La ambigüedad del magallánico fue vista como una oportunidad por la carta presidencial del oficialismo, Sebastián Sichel, quién, en contraste, marcó una línea dura contra el retiro, acompañada de un discurso amenazante hacia los parlamentarios de la coalición que apoyaran la medida. La movida, sin embargo, destinada a mostrar liderazgo y convicción, no fue del todo exitosa y no pocos diputados de sus filas se han sumado al “apruebo” del 4º retiro. De hecho, los esfuerzos de Sichel en los días posteriores por girar hacia el enfrentamiento con Boric parecen estar destinados, precisamente, a cambiar el foco de su fallido ultimátum por los retiros.
  • La presión en la oposición no se limita al Frente Amplio, en la ex concertación (hoy Nuevo Pacto Social) los apoyos al 4º retorno son mayoría y la presión a sus senadores -incluida su candidata presidencial, Yasna Provoste- no se ha hecho esperar. De hecho, un grupo trasversal de diputados del conglomerado, entre los que se encuentran varios correligionarios de Provoste (Flores, Silber y Ascencio), hicieron un público llamado a aprobar un 4º retiro “sin letra chica”.
  • Así las cosas, no sería raro que lo que hoy asoma como la última línea de resistencia, el Senado, termine cediendo como todos los anteriores fusibles. Porque, además del segundo trámite legislativo, aún quedan instancias en las que la cuestionada política de rescates estará probablemente al centro de la escena. Sin ir más lejos, en el próximo debate presidencial televisivo, es probable que el recién repuesto candidato Enríquez-Ominami, quién apoya la medida sin ambages, intente sacar réditos de las dudas de Boric y Provoste en esta materia. 

La chiflota. Con todo y a diferencia de lo que fueron los primeros retiros, las ediciones tercera y cuarta parecen definirse más por el temor a rechazarlos que por los beneficios de impulsarlos. No está claro quién o quiénes podrían ver catapultada su popularidad por apoyar la medida, pero parece bastante extendida la idea de que oponerse acarrea costos insoportables para la mayoría. 

  • El cuarto retiro es como la chiflota, de la que todos quieren deshacerse lo antes posible para no terminar el juego con ella en la mano. Y el fenómeno va más allá de los parlamentarios, alcanza también al Gobierno que, aunque contrario a la medida, está lejos de tomar posturas muy altisonantes al respecto. De hecho, el ministro Cerda no muestra ni una pizca del compromiso que mostrara su predecesor, Ignacio Briones, en la materia, probablemente apanicado porque éste sí salió del Gobierno con la chiflota en la mano. 
  • Como en las tragedias teatrales, la cuarta edición de los rescates de fondos previsionales parece encaminarse a una nueva victoria. Como en las anteriores, la mayoría dice aprobarla casi por obligación; porque no queda de otra; porque el Gobierno llegó tarde o poque las necesidades son muchas. Son los menos los que la defienden como una fórmula para terminar con el actual sistema o siquiera como una buena solución. Pero, cual más cual menos, desde los que la atacan con vehemencia hasta los que borran con el codo lo que escriben con la mano, todos parecen estar haciendo exactamente lo necesario para que el 4 retiro se apruebe sin condiciones (y sin convicciones). 

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