Mayo 21, 2021

Opinión. El mapa y el territorio: Cómo Chile Vamos perdió el rumbo. Por Jorge Selume Aguirre

Jorge Selume Aguirre, ex director de la Secom (2018-2020)
Crédito: Agencia Uno.

El histórico revés de Chile Vamos en las últimas elecciones ha sido explicado por dirigentes de la coalición con una serie de tesis que, contrastadas con los datos duros, no solo se revelan inconsistentes sino que impiden ver dónde realmente falló la centroderecha y hacer una autocrítica que permita revertir su retroceso.

Varios en Chile Vamos sostienen que la derrota sufrida en las últimas elecciones se debe a que sus adherentes se quedaron en casa y no fueron a votar. Sin embargo, los datos muestran otra realidad. En las parlamentarias del 2017 votó un 46.6% del padrón. En las constituyentes de 2021 votó un 43.4%. La diferencia es de 215 mil votos y la centroderecha perdió 1,1 millón de votos.

¿Dónde está la diferencia? Algunos no fueron a votar, es cierto, pero hay muchos que cambiaron su voto. Esto se torna evidente cuando vemos las variaciones a nivel comunal; hay 201 municipios donde la participación electoral creció pero la votación de Chile Vamos cayó.

Otros se inclinan por la tesis de que fue un déficit comunicacional y que los candidatos opositores resultaron triunfadores porque basaron su actividad en el uso intensivo de las redes sociales.

Sin embargo, varios casos muestran lo contrario.

Por ejemplo Nathalie Joignant, candidata del partido ecologista que obtuvo el tercer lugar en la elección por la gobernación metropolitana, tiene tan solo 4 mil seguidores en Twitter. Esto equivale a un 9% de los seguidores de Catalina Parot, a quien superó en votación. Quizás su ventaja no fue su despliegue en redes sociales, sino que su ardua labor territorial en comunas claves de la región -como La Cisterna, Providencia, San Miguel y Ñuñoa- en las que viene trabajando desde hace 10 años para detener el proyecto hidroeléctrico Alto Maipo.

También están quienes dicen que los candidatos de Chile Vamos no defendieron sus ideas con suficiente convicción. Que les faltó más presencia en medios, especialmente televisión, promoviendo con nitidez sus creencias y transmitiendo una oferta de valor que resultase diferenciadora. Si esto fuese completamente cierto, varios candidatos de la Lista por el Pueblo no hubiesen resultado electos, pues poquísimos tuvieron oportunidad de aparecer en pantalla (16 apariciones vs 133 de Chile Vamos).

En concreto, a la luz de los resultados, no existe una relación directa entre la cantidad de segundos televisivos y el número de votos obtenidos. Esto resulta patente al corroborar que de la veintena de “rostros” que se postularon a constituyente, menos de la mitad resultaron electos.

Entonces, más allá de las marginales mejoras en rendimiento electoral que podría obtener la centroderecha perfeccionando su actividad en redes sociales o aumentando su presencia en medios, ¿que hicieron los otros que Chile Vamos no hizo? Tal vez faltó constatar que el territorio en los últimos años mutó y que mientras eso sucedía, Chile Vamos fue incapaz de actualizar su mapa de influencia. Esto habría provocado un desacople entre la geografía social y sus coordenadas políticas, o sea, en una pérdida de sintonía fina con el electorado.

Los partidos de oposición, y particularmente el Frente Amplio, no sólo se hicieron cargo de esos cambios, sino que contribuyeron de forma activa a que se produjeran. ¿Y cómo lo hicieron? Haciendo política.

Primero en las universidades, donde comenzaron a ganar de forma sucesiva las federaciones, llegando hoy a dominar ese importante espacio cultural. Luego llevaron su estilo de hacer política a una escala mayor, apalancándose en organizaciones sociales emergentes. Valparaíso es el mejor ejemplo; tras 4 años, ese minucioso y sistemático trabajo rinde frutos. Volvieron a ganar esta comuna y sumaron Viña del Mar, Quilpué, Casablanca, Olmué y más. La guinda de la torta fue la gobernación de la región de Valparaíso.

Todo esto ocurre frente a las narices de los dirigentes, alcaldes y concejales en ejercicio de Chile Vamos. ¿Alguno levantó una alerta? ¿Alguien hizo un esfuerzo proactivo, coordinado y decidido para evitar esta derrota? El trabajo territorial se cocina a fuego lento, no de la noche a la mañana, no cuaja en tres meses de campaña, sino que requiere de años de dedicación, de construir lazos, confianzas y lealtades, de levantar inquietudes y anhelos locales, que luego se materializan en un tejido social cohesionado y representativo.

Si no cuentas con este chasis, tu discurso carece de tracción y se vuelve estéril al momento de enfrentar las urnas. Puedes mostrar convicción y seguridad en tus argumentos, pero si haces Facebook Lives con rostros de televisión en vez de dirigentes sociales del territorio que aspiras gobernar, entonces estarás construyendo sobre arena y no sobre roca.

La elección del fin de semana movió las capas tectónicas del país y Chile Vamos aún no identifica dónde se produjo el corte. No lo hace, porque significa reconocer que fallaron en un aspecto sustancial de su quehacer. Es más fácil culpar a la pandemia, a la estrategia comunicacional o al Gobierno. Se trata de una resistencia natural que se debe derribar lo antes posible, pues de lo contrario seguirán cosechando malos resultados. Pueden inyectar todos los recursos que gusten para las radios y las redes sociales, pero si no logran impulsar liderazgos que tengan arraigo local y que suscriban causas movilizadoras, no podrán modernizar su mapa conforme al nuevo territorio político.

Me tocó hablar con varios candidatos durante el periodo de campaña y a todos les hacían estas mismas preguntas: ¿De dónde es usted? ¿Dónde estudió usted? ¿Hace cuánto que vive en la comuna? Son preguntas sensatas, que la gente se seguirá haciendo en las próximas elecciones, pues existe una demanda por representantes locales, que tengan una estrecha vinculación con la zona y sus habitantes.

Es la consecuencia de la era de las redes sociales: una relación más horizontal, atomizada y cercana. Ese contenido, esa esencia, no se adquiere con candidatos que practican turismo electoral. Nuevamente la Lista del Pueblo acá nos da otra lección: la actividad digital y el terreno son dos caras de una misma moneda, que se retroalimentan y potencian.

Por último, el hecho de que el candidato predilecto del sector sea el mismo que hace 20 años atrás, es otro síntoma de la falta de renovación en Chile Vamos. ¿Acaso alguien cree que el partido demócrata presentaría a Al Gore de nuevo? Jamás, pues siguen al pie de la letra una regla de oro: lo nuevo siempre resulta más atractivo que lo viejo.

 

 

 


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