Mayo 1, 2021

Opinión: Descifrando el increíble y peligroso ascenso de Pamela Jiles. Por Kenneth Bunker

Ex-ante
Agencia Uno.

En un comienzo, todos se rieron de Trump. Su sector político lo rechazó, así como todo el establishment. Lo mismo ocurre con Jiles. Hoy, mientras se configura el panorama electoral en la izquierda y centroizquierda, también se ignora a Jiles. Pero, tal como sucedió con Trump, si finalmente Jiles llega a la última instancia (segunda vuelta), no sería raro ver un vuelco en la oposición para brindarle apoyo, solo para evitar una victoria de la derecha.

La astucia. El ascenso de Pamela Jiles en las encuestas ha sido realmente notable. Tiene pocos parangones en la historia. Quizás Marco Enríquez-Ominami, en su primera incursión presidencial, es quien mas se le asimila, pero ni él. Jiles, es realmente una candidata diferente que varía entre populista y “outsider”, pero que por sobre todas las cosas, es hábil e impredecible a la vez, lo que la convierte en un fenómeno tan increíble como peligroso.

  • Pamela Jiles tiene una capacidad innata de encontrar las grietas en el sistema y apalancarlas a su favor. Es cómo un detector de fallas. Con solo dos años en el Congreso logró encontrar todas las áreas grises en el poder legislativo para convertir tradiciones en recuerdos y transformar la estética de la política en un meme. Fomentó debates anticonstitucionales y se echó al bolsillo a toda una clase política desesperada por mantener su cuota de poder.
  • La diputada tiene un “timing” especial. A diferencia de muchos de sus colegas, sabe avanzar en distintas velocidades. Y a pesar de qué hasta ahora ha tendido a ser monotemática (prácticamente depositando todo su capital político en los proyectos de retiros de fondos de pensiones), no hay ninguna duda de que entiende perfectamente cuándo tiene que parar, cuándo tiene que seguir y cuándo tiene que pisar el acelerador a fondo.

 

La oportunidad. Ninguna de las características de Pamela Jiles tendrían utilidad alguna en un año normal. De hecho, hasta antes del estallido social, pasó prácticamente desapercibida. Pero, no es un año normal. Es un año especialmente extraordinario. La magnitud de los problemas que hoy existen en el país no tiene precedentes. Y es en ese contexto en el cual las propuestas de populistas como Jiles cobran sentido.

  • Mientras más profundos los problemas, más sentido tiene Jiles. Cuando la situación es critica, nadie quiere a los moderados que piden avanzar lento pero seguro. Por el contrario, cuando se trata de sobrevivencia, de llegar a fin de mes, de alimentar a la familia, da lo mismo el plan a largo plazo. La prioridad es lo inmediato. Y eso es lo que trae Jiles, con su serie de propuestas de retiros de fondos de pensiones: pan para hoy.
  • Este mecanismo de recompensa está bien documentado en la literatura. Particularmente en la línea de elección racional. Cuando se trata de determinantes del voto a corto plazo, las razones ligadas a la economía son predominantes. Las personas suelen escoger en base a análisis costo-beneficio que ignoran las consecuencias a largo plazo. Y eso es precisamente lo que explica el éxito de Pamela Jiles en las encuestas.

 

El plan. Quizás lo más interesante y novedoso del fenómeno Jiles es que se ha logrado posicionar en la carrera presidencial con un solo tema. Hasta ahora, lo único que ha hecho es hablar del retiro de fondo de pensiones. No se sabe cuál es su plan para Relaciones Exteriores, para Defensa, para Educación, para Energía ni cualquiera de las otras áreas criticas del Estado. Eso la diferencia bastante de otros candidatos outsiders que han tenido explosiones similares.

  • Lo que sí tiene en común con otros candidatos son los visos populistas que presenta. Parece cumplir con las dos condiciones básicas para ser catalogada como tal. El primero de los cuales es tener un discurso que separa a la élite del pueblo, en el que se critica a los primeros y se dice representar a los segundos. Esto es claramente lo que Jiles hace cuando ataca a la clase política, para defender a los marginados, o los “sinmonea”, como ella despectivamente los denomina.
  • La segunda condición con que cumple es su presentación como legitima representante de la gente en la yuxtaposición entre la “elite corrupta” y el “pueblo puro”. Pues, qué duda cabe que, en su discurso está la idea de que solo ella podrá salvar a la gente de la miseria. De hecho, esa es la bencina que alimentó el apoyo a los retiros de fondos de pensiones con la cual la diputada logró consolidar su candidatura presidencial.

 

El peligro Para algunos la posibilidad de que Jiles pueda llegar a La Moneda recién parece ser real. Pero los datos muestran otra cosa. Su ascenso ha sido paulatino en el transcurso del último año. Y, tal como pasó con otros mandatarios del mundo que muestran características similares, como Donald Trump en Estados Unidos, la recepción de Jiles ha pasado por distintas etapas. De la burla en un comienzo, a la negación hace unas semanas, a la relativa aceptación de hoy.

  • A pesar de tener diferencias significativas con Trump, el proceso del ascenso de ambos sí tiene paralelos. Pues, como Trump, el auge de Jiles se ha fundamentado en la sensación popular de una clase política que ha abandonado a la gente. Pero no es solo eso, sino que también es la explotación de la frustración resultante de ese sentimiento de abandono, y la instalación de un mensaje simple y claro, desde el espectáculo, para prometer soluciones rápidas y claras.
  • En un comienzo, todos se rieron de Trump. Su sector político lo rechazó, así como todo el establishment. Lo mismo ocurre con Jiles. Hoy, mientras se configura el panorama electoral en la izquierda y centroizquierda, también se ignora a Jiles. Pero, tal como sucedió con Trump, si finalmente Jiles llega a la última instancia (segunda vuelta en el caso chileno), no sería raro ver un vuelco en la oposición para brindarle apoyo, solo para evitar una victoria de la derecha.

 

La amenaza. Hoy, no existe en Chile un mecanismo político para descarrilar candidaturas populistas. Ni la derecha ni la izquierda tiene una respuesta a Jiles. Mientras que la derecha se siente ajena a su auge, y no la considera una amenaza a sus propias prospectivas electorales, la izquierda y centroizquierda simplemente no saben qué hacer. Mientras que algunos han sugerido construir un “cerco sanitario”, la mayoría ha permanecido en silencio.

  • Lo cierto es que los datos desagregados muestran que Jiles, a pesar de ser políticamente de izquierda, recoge votos de todos los sectores; de la derecha, del centro y la izquierda por igual. Es decir, mientras aumenta la intención de voto de Jiles, cae la de todos los demás. Obviamente la respuesta no es un consorcio político desde la política tradicional, lo que sería sencillamente inviable. Y eso es lo que vuelve la amenaza presidencial de Jiles tan real.
  • Por lo pronto, no hay evidencia de que Jiles vaya a desistir de su candidatura, como algunos inicialmente sugirieron. Mientras siga la crisis social, podrá seguir empujando su agenda unidimensional, y probablemente creciendo en las encuestas. Ese mismo éxito se retroalimentará, propulsando la candidatura con aun más fuerza. El desafió de los partidos tradicionales es encontrar una respuesta a ese ciclo vicioso.

 

Las consecuencias. En el escenario ficticio de que Jiles finalmente gané la elección presidencial, las consecuencias serían desastrosas. No hay que ir muy lejos para buscar paralelos, pues, salvo Chile, casi todos los países de la región ya han tenido líderes populistas. En todo ellos, han fracasado, de derecha a izquierda, de Bolsonaro a Maduro. No hay una sola experiencia internacional que muestra que populistas son la respuesta.

  • La diferencia entre Jiles y otros lideres populistas, sin embargo, es que los otros mayoritariamente venían de partidos con aparatajes políticos que los podrían bancar en el poder. Jiles, en cambio, pese a ser la líder de facto del pequeño y quebrado PH, no tiene el mismo apoyo a esta altura. Por lo mismo, más allá de quien la pueda endosar en los últimos momentos de la campaña, es difícil anticipar que ella les permita hacerlo.
  • Puede ser que Jiles finalmente se desinfle tan rápido como ascendió. Pero por ahora, es una amenaza real. Es una amenaza a la política tradicional y a la ya debilitada democracia. Jiles representa lo que hace tan solo un par de años se consideraba el peor de los males posibles. Y mientras siga aumentando su presencia en las encuestas de opinión pública, más se consolidará la idea de que vienen varios años de inestabilidad política en el país.

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