Junio 12, 2021

Opinión: Amenaza al proceso constitucional. Por Kenneth Bunker

Ex-Ante

Una señal preocupante. Antes de siquiera comenzar a sesionar, antes de siquiera jurar como Constituyentes, 35 miembros propusieron cambiar las reglas del juego de la Convención Constitucional. Mientras que 34 de ellos plantearon modificar la propia institucionalidad que permitió la instalación del órgano, uno (Rodrigo Rojas Vade) amenazó con un paro (una suspensión del proceso) si la instancia no avanza en perfecta consistencia con su agenda política.

  • Mientras que algunos podrán interpretar las propuestas como una expresión más de democracia, lo cierto es que ambas representan importantes amenazas al proceso constituyente que fue mandatado legítimamente por la gente, primero en el plebiscito y después en la elección de constituyentes, bajo reglas especificas, ampliamente difundidas y transversalmente conocidas por la ciudadanía.
  • En ningún momento la gente votó a favor de un segundo órgano legislativo, rival al Congreso Nacional, ni a favor de constituyentes ambiciosos de usar sus cargos para apalancar sus propias ambiciones políticas. Muy por el contario, la gente votó por una Convención Constitucional específicamente limitada a escribir una nueva carta magna bajo una serie de reglas diseñadas para incentivar el diálogo y el consenso.

El proceso constitucional es patrimonio de todos. Cuando los chilenos votaron en el plebiscito de octubre de 2020 lo hicieron para elegir una Convención Constitucional enmarcada bajo las reglas del “Acuerdo de la Paz”. Cuando el grupo de constituyentes, autodenominados “La vocería de los pueblos”, propone avanzar en un camino soberano, violan ese mandato. Deslegitiman lo que los propios chilenos eligieron en dos elecciones.

  • Lo curioso es que, si no fuese por el “Acuerdo de la Paz”, ninguno de los constituyentes del grupo estaría en la prestigiosa e importante posición en la que se encuentran ahora. Por lo mismo, con su iniciativa, no solo atentan contra el mandato democrático de la gente, sino que paradojalmente también ponen en duda la propia legitimidad que les asignó el poder de representar a la ciudadanía.
  • La iniciativa de la “La vocería de los pueblos” sirve para constatar la fragilidad del proceso constitucional. Pues, deja instalado un importante precedente que pone en una duda la misión y la extensión del poder de la Convención. Son iniciativas como estas las que, disfrazadas de más democracia, bajo las condiciones correctas, podrían llevar al fracaso y al desfonde total del proceso.

La bencina que alimenta el fuego. ¿Qué explica la actitud de los constituyentes? ¿Por qué creen que pueden declarar a la Convención Constitucional como un órgano soberano? Pues bien, la respuesta parece estar vinculada a la ambición y a la complacencia de ciertos sectores institucionalizados de la izquierda en validar ideas radicales para generar tracción a favor de sus propias agendas políticas que no han logrado imponer bajo otras circunstancias.

  • Es el caso, por ejemplo, del Frente Amplio, que, si bien originalmente celebraba la regla de los dos tercios, hoy, a la luz de los resultados de la elección, están abiertos a modificar el cuórum para potenciar la extensión de su poder de voto y veto. Sin su ambición política, “La vocería del pueblo” no tendría tracción. El Frente Amplio es un elemento central en explicar por qué se puede poner en duda la institucionalidad de la Convención con tanta facilidad.
  • Pero tampoco se podría explicar la tracción de la propuesta sin considerar el rol de los sectores más moderados de la izquierda, que sin duda tienen enormes dificultades para disentir de lo que se plantea como lo “políticamente correcto”. Sin su complacencia, no habría agua en la piscina para sugerir tales cambios. Y a pesar de haber surgido algunas voces detractoras, han sido muchas más las que lamentablemente han permanecido en silencio.

El rumbo de la Convención. Es imposible saber si los chilenos hubiesen votado de forma distinta en el plebiscito y la elección de constituyentes si las reglas hubiesen sido distintas. Pero lo que sí es claro, sin embargo, es que votaron a favor de la regla de los dos tercios cuando se les propuso. Sí votaron a favor de generar las condiciones propicias para acuerdos transversales entre todos los sectores de la sociedad representadas en la Convención.

  • Lo que propone “La vocería de los pueblos” es la antítesis de eso. Lo que propone es que las decisiones las tomen solo unos pocos. Y lo curioso es que probablemente creen que serían ellos los beneficiados del cambio, cuando todo apunta a que no sería así. Si se redistribuyen las cuotas de poder probablemente sean quienes ya estén organizados los principales beneficiados.
  • Si el cambio de reglas prospera, será un cheque en blanco para sectores políticos ya constituidos. Será una oportunidad para articular y avanzar agendas ideológicas ya planteadas. Y si bien hay un importante traslape entre lo que proponen esos actores institucionales con lo que la masa de la ciudadanía quiere, el resultado no necesariamente será de mayor representación. Por la imposición unilateral de ideas, podría bien ser lo contrario.

El riesgo de una Convención capturada. La iniciativa de “más soberanía” desnuda al menos dos amenazas al proceso constitucional. La primera es el riesgo de que la instancia pueda ser capturada por pequeños grupos políticos con grandes agendas ideológicas. Es el riesgo de que, disfrazada como más democracia, se avance en un proceso menos democrático, potenciando la representatividad de ciertos sectores políticos extremos al costo de la ciudadanía y el proceso constitucional en general.

  • La gente quiere que se escriba una nueva Constitución, pero no de cualquier manera. Quiere que sean los constituyentes que ellos mismos eligieron en la elección de 2021 los que la escriban dentro del marco de las reglas que ellos mismos votaron en el plebiscito de 2020. Si se quiere cambiar las reglas, habría que preguntarles a las mismas personas si están de acuerdo con aquello.
  • Quienes proponen cambios a las reglas caen en la misma trampa que denuncian. “Cocinan” para obtener atribuciones ilegitimas. Las consecuencias de eso constituyen la segunda amenaza. Por muy intrascendente que parezca ahora la propuesta de “La vocería de los pueblos”, es sin duda un elemento que la propia gente considerará a la hora de votar en el plebiscito de salida. Hay más en juego de lo que parece.

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