Hoy concluye el mandato de Jerome Powell como presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos y todo apunta a que su sucesor será Kevin Warsh. Más allá del cambio de nombres, lo que está en juego es un giro en la forma en que el banco central más influyente del mundo se comunica con los mercados. Warsh ha sido claro: quiere poner fin al forward guidance, esa práctica de dar señales explícitas sobre el futuro de las tasas de interés. Para muchos puede sonar a jerga técnica, pero en realidad se trata de una de las herramientas más poderosas de la política monetaria moderna.
El forward guidance nació a principios de los 2000 en Estados Unidos, ampliándose su uso luego de la crisis financiera de 2008. Con las tasas de interés en cero y sin espacio para bajarlas más, la Fed y otros bancos centrales recurrieron a la comunicación como instrumento de política: prometer que las tasas seguirían bajas por un tiempo prolongado. Esa señal ayudó a sostener el crédito barato y a impulsar la recuperación. El Banco Central Europeo lo formalizó en 2013 y en Chile lo vimos en 2020 con el corredor de TPM, que mostraba escenarios futuros de la tasa de política monetaria. En tiempos de incertidumbre, el forward guidance ha sido una brújula silenciosa que orienta a empresas, inversionistas y familias.
Detrás de esta práctica hay teoría sólida. Las expectativas racionales sostienen que los agentes económicos ajustan sus decisiones presentes según lo que esperan del futuro. La Regla de Taylor ofrece un marco para proyectar la trayectoria de tasas en función de la inflación y el producto. Y el canal de expectativas reconoce que la política monetaria actúa tanto por la tasa actual como por lo que la gente cree que pasará con ella. En otras palabras, comunicar es hacer política.
Pero Warsh no está convencido. Su crítica apunta a que el forward guidance vuelve demasiado rígidos a los responsables de política monetaria. Cuando la Fed comunica al mundo sus proyecciones, termina aferrándose a ellas más tiempo del necesario, incluso cuando las condiciones cambian. Ha citado como ejemplo lo ocurrido en 2021 y 2022: la inflación alcanzó máximos de 40 años tras la pandemia, pero la Fed recién empezó a subir las tasas a comienzos de 2022, cuando su indicador preferido de inflación ya estaba cerca del 7%.
Su crítica también se dirige al famoso dot plot, el gráfico trimestral con las proyecciones de tasas de los miembros del comité. Para él, es un “paquete prearmado” que obliga a la Fed a sostener pronósticos equivocados demasiado tiempo. En lugar de comprometerse con trayectorias de tasas, Warsh propone que los inversionistas interpreten inflación, crecimiento y política en tiempo real. Eso podría aumentar la volatilidad de corto plazo, pero según él permitiría un descubrimiento de precios más fiel a la realidad. Además, insiste en que la Fed debe dejar de basarse en datos atrasados y sujetos a revisiones, y evitar comprometerse con caminos de política demasiado rígidos.
Las implicancias de este cambio son relevantes. Bajo su liderazgo, la Fed probablemente abandonaría o modificaría profundamente el marco de forward guidance que Powell utilizó. Eso significaría menos “cortes preventivos” y movimientos de tasas más grandes pero menos frecuentes.
En definitiva, un estilo de comunicación más impredecible y con un sesgo más restrictivo, que marcaría un giro importante en la forma en que la Fed se relaciona con los mercados. Aunque necesitaría convencer al resto del directorio, su liderazgo enviaría una señal clara: menos dependencia de señales previas y más decisiones basadas en datos en tiempo real.
Para Chile, este debate no es ajeno. Nuestro Banco Central ha usado el forward guidance como herramienta para dar estabilidad en medio de la incertidumbre global. El corredor de TPM ha permitido orientar expectativas y reforzar la credibilidad de la política monetaria. En un país donde la inflación y la volatilidad externa nos han golpeado fuerte, contar con esa brújula silenciosa ha sido clave. Si Estados Unidos decide guardarla en el cajón, los mercados globales podrían volverse más erráticos, y eso inevitablemente nos afectará.
En definitiva, lo que se discute no es solo un cambio de estilo en la Fed, sino el futuro de una herramienta que ha marcado la política monetaria de las últimas dos décadas. El forward guidance ha demostrado ser útil, pero también exige credibilidad y flexibilidad. Warsh cree que es hora de dejarlo atrás y volver a un enfoque más dependiente de los datos del momento, aun si eso implica mayor incertidumbre. Para Chile, donde la comunicación clara del Banco Central ha sido un activo valioso, la lección es que la brújula puede ser imperfecta, pero sigue siendo mejor que navegar a ciegas.
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— Ex-Ante (@exantecl) April 28, 2026
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