Septiembre 18, 2023

Nudo ciego constitucional. Por Jorge Ramírez

Cientista Político. Libertad y Desarrollo.
La presidenta y el vicepresidente del Consejo Constitucional, Beatriz Hevia y Aldo Valle. Foto: Agencia UNO.

El atrevido movimiento de un sector de la derecha que rompe filas propias y, por omisión, negocia con el oficialismo, es una apuesta no exenta de riesgos. Puesto que, por más concesiones que la derecha realice, es altamente probable que la izquierda de todos modos rechace el texto.


La clase política está atrapada en un nudo ciego constitucional. Un nudo, porque son múltiples las amarras en la maraña del poder constituyente, dado que, en último término no todo se trata de normas y enmiendas, sino que también de coaliciones, poder, hegemonía y ensayos de diseños presidenciales.

El nudo es ciego, porque en la medida que se tensiona, más complejo resulta deshacer sus amarras. Es más, al intentar desmontar algunas de ellas, en ocasiones el embrollo crece. Es lo que aconteció esta semana en el pleno del Consejo con el rechazo a un inciso del artículo primero del texto que señalaba que “todo ser humano es persona”.

En el Consejo Constitucional no sólo se define la propuesta de texto a plebiscitar en diciembre. Ese es el nivel más evidente del juego. Algo así como la primera amarra del nudo, para luego pasar a las ataduras más profundas y complejas.

En la politología se habla de juegos anidados cuando los actores políticos se ven expuestos a distintos juegos: entendidos como interacciones, lógicas y desafíos estratégicos superpuestos dentro de un gran juego que los comprende a todos y que se sitúa en un nivel superior.

Por ejemplo, un primer juego es el nivel constitucional ¿Qué fuerza será capaz de imprimir su sello en la propuesta de texto a plebiscitar en diciembre? La respuesta es relativamente sencilla: las derechas, toda vez que son quienes predominan en la composición del órgano.

Sin embargo, las derechas se enfrentan a un segundo juego estratégico ¿Quién predomina? En el nivel constitucional Republicanos tiene una significativa mayoría de 22 consejeros versus 11 de Chile Vamos, sin embargo, el peso de Republicanos no es suficiente para, de manera autónoma, aprobar normas constitucionales por 3/5 en el pleno, de ahí que dependan de Chile Vamos. Por lo tanto, Chile Vamos, pasa a ejercer un rol de minoría dirimente, abriéndose interrogantes como: ¿hasta dónde acoplarse a Republicanos? o ¿hasta dónde diferenciarse? Acá es donde pasa a ser relevante el segundo nivel del juego. El nivel presidencial detrás del debate constitucional.

La carrera presidencial pareciera comenzar a perturbar la unidad de propósito en el Consejo. Desde que se inició el trabajo de este nuevo órgano constitucional, las derechas se mostraron como un bloque cohesionado, sin embargo, las malas cifras en los estudios de opinión hacia la opción A favor, han hecho que un sector de Chile Vamos comience a ver con interés la alternativa de ser una fuerza bisagra entre Republicanos y el oficialismo en el Consejo.

De paso, este camino, permitiría a la centro derecha diferenciarse de Republicanos y en particular de su líder natural José Antonio Kast, quien ha sido el gran promotor de la idea de que la Constitución recoja las principales banderas con las que los consejeros republicanos fueron electos. Quien ha estimulado este diseño de diferenciación con Kast es la presidenciable de Chile Vamos Evelyn Matthei. La alcaldesa de Providencia, gracias a tomar una calculada distancia del proceso constitucional, ha logrado superar a Kast en las preferencias presidenciales a la luz de las últimas encuestas.

Para nadie es un misterio que la apuesta de Matthei es expandir sus fronteras de apoyo hacia sectores de centro y la batalla escogida fue nada más ni menos que la valórica. Recordemos que con cuatro abstenciones de Chile Vamos que se sumaron al rechazo del oficialismo, la norma que hacía referencia a que “todo ser humano es persona” no logró ser aprobada en el pleno. Matthei elogió el comportamiento de los cuatro consejeros señalando que abrían un camino de esperanza y acuerdo por Chile.

El atrevido movimiento de un sector de la derecha que rompe filas propias y, por omisión, negocia con el oficialismo, es una apuesta no exenta de riesgos. Puesto que, por más concesiones que la derecha realice, es altamente probable que la izquierda de todos modos rechace el texto. Si esto fuera así, en el balance de la negociación de Chile Vamos con el oficialismo sólo podría quedar como resultado concreto, más allá del gesto y el símbolo de apertura a negociar con quienes piensan distinto, una fisura y cierto resquebrajamiento de confianzas mutuas dentro de las derechas.

Pero también hay otro nivel crucial en el análisis: el rol del Ejecutivo. Si el Primer Mandatario no es impulsivo y mostrara algo de aprendizaje de sus errores recientes, debiera asumir un rol de neutralidad en el referéndum de diciembre. Haber hecho del anterior plebiscito constitucional una causa gubernamental, devino en que el plebiscito se transformara en un referéndum en torno a su gestión de Gobierno. Cualquier gesto, declaración o paso en falso del Presidente en esta materia, podría reeditar esta dinámica.

En La Moneda saben que una eventual definición presidencial hacia la opción En contra, automáticamente permitirá unificar a una derecha que comienza a mostrar embrionarios signos de división en torno a sus presidenciables; porque la identidad negativa del rechazo a Boric puede llegar incluso a ser más potente que las propias diferencias programáticas entre Matthei y Kast.

Los más ilusos han planteado la tesis de que la única manera de aprobar el texto es que tanto Boric como Kast hagan un llamado conjunto a votar A favor. Al respecto, la encuesta Plaza Pública Cadem realizó un interesante ejercicio donde ofreció seis alternativas con la lógica de: “usted votaría a favor si…”. Un 51% de los encuestados señaló que no votaría A favor si Boric y Kast hacen un llamado conjunto aprobar el texto.

Pero los niveles del juego en el Consejo no se extinguen en los presidenciables y el Ejecutivo. Irremediablemente, el poder de decisión y negociación dentro del órgano se irá trasladando, cada vez con más frecuencia, desde los consejeros y comisionados expertos hacia las cúpulas partidarias. Así aconteció esta semana. Incluso los ex presidentes parecen estar jugando un rol incidente, a lo que se añadió un desesperado llamado del empresariado a fraguar acuerdos de cara a impedir que el proceso constitucional vuelva a naufragar.

Nadie duda de las buenas intenciones de todos estos actores, sin embargo, probablemente no son del todo conscientes de que mientras más vinculado a la elite del país se muestre el proceso constituyente, más distancia y rechazo generará en la ciudadanía.

Toda esta complejidad expuesta tras el nudo gordiano constitucional torna aún más difícil que la ciudadanía comprenda qué es lo que está realmente en juego detrás del proceso de redacción de una nueva Constitución. Más aún, cuando los chilenos se han quitado el velo de ignorancia tras el fracaso de la anterior Convención, percatándose de que la Constitución, si bien es importante, no era el origen de todos nuestros problemas y tampoco parece ser la fuente de todas las soluciones.

¿Quién será capaz de desatar el nudo?

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