Hablar de compliance en una empresa evoca conceptos como políticas, normativas y el “tono desde la alta dirección”, ese discurso ético que emana desde los niveles más altos de la organización. Sin embargo, ¿quién garantiza que esas palabras se traduzcan en acciones concretas? Aquí es donde entran los mandos medios, esos líderes que, aunque muchas veces pasan desapercibidos, son los verdaderos motores del cumplimiento diario. Sin ellos, todo queda en el papel.
Si bien el “tono desde la alta dirección” establece el marco ético empresarial, la responsabilidad de su interpretación y ejecución recae sobre la segunda línea. Los mandos medios, como nexo directo entre la alta dirección y el personal operativo, son quienes adaptan estas políticas a la realidad cotidiana. Su rol es fundamental para transformar las normas y principios éticos en una auténtica cultura organizacional. A través de sus interacciones diarias, ya sea reconociendo logros, promoviendo buenas prácticas o, lamentablemente, tolerando conductas inapropiadas, estos líderes definen el clima ético de la empresa.
Un artículo de Harvard Business Review subraya que los mandos medios no solo interpretan las políticas, sino que influyen directamente en el comportamiento ético de sus equipos. Si un gerente de nivel medio decide ignorar una política de compliance o hacer la “vista gorda” ante una infracción menor, esa decisión puede generar un efecto en cascada en toda la organización, demostrando que la cultura ética se construye día a día. Es en este ámbito donde los líderes de segunda línea juegan un papel crucial.
La falta de un liderazgo claro en este nivel puede desencadenar serios problemas de cumplimiento. Un ejemplo emblemático es el caso de Wells Fargo. Aunque la alta dirección promovía una cultura de ética y cumplimiento, las jefaturas directas ejercieron presión sobre los empleados para cumplir con metas de ventas, lo que resultó en la creación de millones de cuentas falsas. Este tipo de fallas demuestra cómo la cultura organizacional puede desviarse rápidamente cuando los líderes operativos no están alineados con los valores corporativos. A pesar de las directrices en contra de estas prácticas, la presión ejercida a nivel medio generó un ambiente donde el incumplimiento se normalizó.
En el contexto chileno, el reciente caso de Colbún por la Central de Bombeo Paposo en Taltal ilustra esta problemática. La desvinculación de un jefe regional del Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) por un análisis “poco claro” evidencia cómo las decisiones de mandos medios, incluso en organismos públicos, pueden afectar proyectos clave. Este incidente subraya la importancia de que estos funcionarios se adhieran a las normativas establecidas para evitar repercusiones negativas en inversiones significativas.
Sin embargo, el cumplimiento normativo no debe ser excesivamente riguroso. En organizaciones donde las políticas de compliance son demasiado estrictas, los mandos medios pueden observar que los trabajadores encuentran formas de “sortear” las normas sin violarlas abiertamente. En estos casos, su papel es crucial: deben transmitir esta información a la alta dirección y buscar soluciones que mantengan la integridad del modelo sin generar obstáculos innecesarios.
Para evitar este tipo de situaciones, es esencial que las empresas inviertan en la formación de sus mandos medios, proporcionándoles las herramientas necesarias para fomentar un clima ético. Esta formación no debe limitarse a la transmisión de reglas y normativas; también debe incluir liderazgo ético y manejo de situaciones en las que los valores de la empresa se pongan a prueba.
Los mandos medios son actores clave en la creación y gestión de la cultura de compliance. Su cercanía al quehacer diario, su capacidad para interpretar las políticas de la alta dirección y su influencia sobre los trabajadores los posicionan como catalizadores del cambio cultural. Si reciben el apoyo y la capacitación adecuada, serán los verdaderos guardianes de la integridad empresarial, garantizando que las buenas prácticas no solo se promuevan desde arriba, sino que se vivan en todos los niveles de la organización. De lo contrario, el modelo de compliance corre el riesgo de quedar en el papel, sin reflejarse en las prácticas diarias de la empresa.
Quién es Ramón Guajardo, el ex funcionario del SEA detrás de la suspensión del proyecto de Colbún por US$ 1400 millones. https://t.co/qHx6Tk372r
— Ex-Ante (@exantecl) September 26, 2024
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