Diciembre 8, 2022

Macaya, en la senda de Longueira y Guzmán. Por Carlos Correa Bau

Ex-Ante
El Presidente de la UDI, Javier Macaya. Crédito: Agencia Uno.

Javier Macaya, el actual presidente puede repetir los acuerdos Lagos Longueira de los años 2000 que solucionaron varios problemas del gobierno de entonces con el financiamiento de la política. Macaya, eso sí, comparte el talento político de Guzmán y Longueira, pero no su poder.


Bajo la sombra de la estatua de Aylwin, se entendieron el senador Macaya y el presidente Boric. El mandatario dio pase para negociar por un acuerdo constituyente, al precio que fuera necesario. Un tuit de Convergencia Social, de esos que eran tan populares en el Frente Amplio y sus asambleas, fue oportunamente silenciado y el diputado Ibáñez tuvo que salir a pedir disculpas. El oficialismo estaba entregando entonces la ofrenda necesaria en una buena negociación. El turno para jugar es de Macaya.

  • El senador de la Región de O Higgins comparte el talento político de sus antecesores Pablo Longueira y Jaime Guzmán, pero no su poder. En los inicios de la transición, el ideólogo de la Constitución del 80 tenía un partido alineado, con una misión clara de defender el legado de la dictadura y gozaba de plena confianza del general Pinochet, quien veía en él un aliado íntegro, en contraste con los liberales de la patrulla juvenil de RN.
  • Pablo Longueira, el ingeniero, gobernaba la UDI como si fuera un motor o una central eléctrica. Movía las perillas que tenía que mover, junto con su grupo de coroneles designaba y bajaba candidatos. En dicho partido no había lotes ni elecciones internas. La disciplina le permitía negociar con la certeza que después cuadraría los votos.
  • El caso de Macaya no es así. Tiene una derecha desordenada, indispuesta a cumplir los acuerdos que hizo en campaña de reformar la constitución. El alto éxito de la campaña del Rechazo cebó a varios, e incluso los moderados que se paseaban por los medios diciendo que era necesario una constitución que nos una, ahora guardan silencio. El grado de incumplimiento ha sido hasta tal punto que Checho Hirane lo señaló en un programa de televisión.

¿Dónde hay acuerdo? Si bien hay detalles todavía, y no se pueden descartar giros de última hora,  lo que genera acuerdo transversal es lo que no será este nuevo proceso constitucional. Los negociadores tienen ya un grupo de expertos que le propondrá un texto a los futuros redactores (el nombre no está claro), para evitar la hoja en blanco, que fue la música de fondo de la pasada convención.

  • La premura en las elecciones dejará fuera a quienes fueron convencionales, por la norma que no pueden presentarse a elecciones populares hasta un año después. Salvo los más cercanos al gobierno, los otros han tenido un exilio político doloroso. Ese sentimiento fue recogido por Bessy Gallardo en un tweet donde reclamó el derecho a seguir opinando.
  • También hay consenso que la idea de los independientes fuera de partidos no se puede repetir. Para darle más poder aún a los partidos se está explorando listas cerradas regionales, una fórmula inédita en Chile. Ese fervor que hubo porque el pueblo escribiera la constitución y no los vilipendiados políticos ahora no existe, y los think tank que defendieron a ultranza esa fórmula pro independiente guardan silencio ahora.
  • Por tanto, esa pasión fundacional que tenía la izquierda, y ese sentimiento de resistencia que practicó la derecha no tiene sentido. Veremos una cocina ampliada, una convención parecida al Senado, con mucho poder en los partidos, con un texto precocido para producir constitución aburrida y razonable
  • El problema radica justamente en eso: la falta de fervor. El poco interés en un proceso constitucional, y el riesgo que sea demasiado cocinado podría implicar problemas de legitimidad en un sentido contrario al anterior. Si bien hay consenso que la vez pasada estuvieron más allá de lo razonable, si están por debajo del mínimo de cambio que exigen las personas es también un riesgo por considerar.
  • Boric y Macaya, si se logra el acuerdo, tendrán que enfrentar a sus demonios. Muchos en Apruebo Dignidad e incluso en el socialismo democrático preferirían dejar pasar el momento y no tener que firmar una constitución. El temor a una derrota electoral se lo cobrarán al presidente. Por el lado derecho, un acuerdo de este tipo tiene el riesgo de regalar el electorado a los Republicanos, quienes están por cerrar la puerta a cualquier cambio constitucional.

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