Tensión política de facto. Por la composición del gabinete, pareciera que la gran tensión que Boric anticipa es entre la centroizquierda y la izquierda. O, en otras palabras, entre la socialdemocracia exconcertacionista y Apruebo Dignidad. Y tiene sentido. Mientras que los segundos buscarán extender las atribuciones del gobierno para conseguir más derechos sociales, los segundos buscarán moderar la extensión a lo que es fiscalmente viable.
Izquierda contra centroizquierda. Hasta ahora, los extremos de la alianza informal que sostiene al gobierno que entra no han escatimado en manifestar sus ambiciones. Lo más obvio han sido las olas que han generado el alcalde PC Daniel Jadue y el senador DC Francisco Huenchumilla, que han manifestado, en sus propias maneras, las razones de por qué creen que debiesen tener mayor poder o presencia en el gobierno. Han presentado la evidencia más rustica de la disputa de poder entre los extremos.
La calle y la protesta. El grueso de las criticas de las movilizaciones sociales de 2019 y 2020 no fueron contra el gobierno de turno, sino contra la clase política. Por lo mismo, sería ingenuo pensar que esas mismas criticas desaparecerán si no vienen cambios importantes. Por su puesto, la apuesta es que la nueva Constitución pueda aplacar la amenaza. Aun así, nada asegura que la nueva Constitución por sí sola sea suficiente para resolver el problema.
Un gobierno de elite. Lo que haga o no haga Pamela Jiles es un buen ejemplo de cómo la calle se puede volcar contra el gobierno. Si es correcto que los chilenos tienen más incentivos de corto plazo (la economía y la delincuencia) que de largo plazo (la resolución de la desigualdad), parece obvio que temas de corto plazo (como el retiro de fondos de pensiones) puedan retomar protagonismo en el gobierno que viene (Boric ya se manifestó en contra de los retiros).
El diseño institucional del gobierno. Es cierto que el gobierno marca un cambio histórico, y que la gente (“el pueblo”) tiene razones para celebrar. Hay recambio etario histórico y un precedente de género que son motivos de orgullo. Pero no hay recambio político tan relevante. De hecho, a pesar de todo lo que ha ocurrido en los últimos dos años, no hay ningún solo ministro o ministra en el gabinete que asumirá que viene del mundo social.
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