Octubre 4, 2025

La ofensiva de Dorothy Pérez y el rol del diseño en la política social. Por Julio Guzmán Cox

Académico de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Andrés Bello.

El buen uso de los recursos públicos exige no solo una fiscalización eficaz, sino también un diseño inteligente de los programas sociales. La combinación de ambos elementos —control y arquitectura institucional— es lo que permitirá garantizar que los beneficios lleguen a quienes realmente los necesitan, sin generar incentivos perversos ni excluir, sin justificación suficiente, a quienes apenas superan los umbrales establecidos.


 La contralora general de la República, Dorothy Pérez, prepara una nueva ofensiva contra el uso indebido de recursos públicos. Tras su exitosa cruzada contra las licencias médicas fraudulentas, ahora anuncia fiscalizaciones a la asignación de beneficios sociales focalizados, como la gratuidad universitaria, los subsidios al empleo y habitacionales, e incluso la Pensión Garantizada Universal (PGU), por mencionar solo algunos entre más de 160 programas que se otorgan según criterios socioeconómicos (Registro Social de Hogares; Panel de Expertos para Mejoras al Instrumento de Focalización, enero de 2022).

En este contexto, resulta clave analizar dos aspectos fundamentales. El primero se refiere a los incentivos que enfrentan las personas para subdeclarar el número de integrantes de su hogar en el Registro Social de Hogares (RSH), información que es autorreportada y carece de verificación mediante registros administrativos. Por ejemplo, según el RSH, alrededor de un 50% de los hogares se declaran unipersonales, mientras que, según el INE, esa cifra ronda apenas el 20%.

Este problema ya estaba presente en la antigua Ficha de Protección Social y ha sido discutido en diversas comisiones desde 2010, sin avances significativos a la fecha. Por ello, incluso con la irrupción de la contralora, este flanco seguirá abierto, ya que no es fiscalizable. Pérez podrá reforzar los controles sobre variables objetivas y trazables —como ingresos formales, saldos financieros o asistencia escolar—, pero no sobre la composición del hogar, que depende exclusivamente de lo que los solicitantes declaran.

Sin embargo, existen caminos para avanzar, no mediante una fiscalización más intensa, sino a través de un diseño más inteligente de las prestaciones sociales. Se trata de generar incentivos en sentido inverso: que las personas tengan razones positivas para declarar correctamente a los integrantes de su hogar. Por ejemplo, podrían estructurarse transferencias que premien la declaración completa de cargas familiares, como ocurre en salud, donde los beneficios aumentan con el tamaño del hogar declarado. Esta lógica adquiere especial relevancia al pensar en políticas futuras, como un eventual impuesto negativo al ingreso para trabajadores formales, cuyo diseño debiera considerar no solo el ingreso individual, sino también la composición del hogar.

El segundo punto fundamental apunta al rediseño de los programas sociales para que contemplen un retiro gradual de los beneficios a medida que aumentan los ingresos, en lugar de la caída abrupta que hoy predomina en la mayoría de los casos. Por ejemplo, no resulta razonable que un estudiante del percentil 61 de ingresos quede excluido de la gratuidad universitaria, mientras otro en el 60 reciba el 100% del beneficio. Tiene mucho más sentido que los beneficios disminuyan progresivamente en función del nivel de ingresos —individuales o familiares, según corresponda— hasta extinguirse por completo.

Un diseño de este tipo también reduce los incentivos al comportamiento oportunista, como ocultar ingresos, condiciones laborales o integrantes del hogar. El retiro gradual elimina el esquema del “todo o nada” al que se enfrentan los postulantes a programas focalizados, y disminuye el impuesto implícito que se genera cuando los hogares mejoran su situación económica y, con ello, pierden beneficios de manera abrupta.

En definitiva, el buen uso de los recursos públicos exige no solo una fiscalización eficaz, sino también un diseño inteligente de los programas sociales. La combinación de ambos elementos —control y arquitectura institucional— es lo que permitirá garantizar que los beneficios lleguen a quienes realmente los necesitan, sin generar incentivos perversos ni excluir, sin justificación suficiente, a quienes apenas superan los umbrales establecidos.

Para más columnas, clic aquí.

 

Le podría interesar:

Publicaciones relacionadas

Ex-Ante

Junio 27, 2026

¿En qué cancha quieres jugar? Una novela de formación. Por Héctor Soto

“Días de juego” cuenta una historia que tiene mucho de autobiografía. Su autor, estadounidense radicado en Londres y que hace poco estuvo en Chile, también jugó al básquetbol y vivió los dilemas de quien se sabe bueno para jugar, aunque no excelente para quedar a la altura de sus ambiciones.

Economista e investigadora del Instituto de Políticas Públicas de la Universidad Andrés Bello

Junio 27, 2026

Crecimiento agregado y debilidad del empleo: una brecha que persiste. Por Francisca Adasme

Si la economía no logra transformar su dinamismo en oportunidades laborales, especialmente para mujeres y jóvenes, seguirá existiendo una brecha relevante entre las cifras macroeconómicas y la experiencia cotidiana de muchos hogares. La pregunta clave no es solo cuánto crece el país, sino quiénes participan de ese crecimiento. Hoy esa distancia es demasiado amplia y […]

Ex-Ante

Junio 26, 2026

Evelyn Matthei: No hay peor cuña que la del mismo palo. Por Jorge Schaulsohn

Ningún político puede ignorar que los cuestionamientos más dañinos no son los que provienen de los adversarios, sino de quienes pertenecen al mismo sector, compartieron los mismos proyectos y conocen desde dentro sus fortalezas y debilidades. El expresidente Richard Nixon, tras perder la elección presidencial de 1960, escribió que “perder una elección duele más que […]

Crítica de cine

Junio 26, 2026

Supergirl: un gran elenco para una película sin sorpresas. Por Ana Josefa Silva

Si no tienen mayores expectativas, está perfecta para estas vacaciones escolares. También se estrena El Afinador, un interesante thriller dramático.

Manuel Izquierdo P.

Junio 26, 2026

María José Naudon, presidenta comisión Chile Renace: “La baja natalidad no es un tema de derecha ni de izquierda”

La abogada María José Naudon preside desde junio la comisión asesora presidencial del Plan Chile Renace.

La decana de la Escuela de Gobierno UAI y presidenta de la comisión asesora del Plan Chile Renace sostiene que la baja natalidad “es un problema país” y no responde a agendas de política contingente. A su juicio, un horizonte viable de trabajo es “desacelerar la caída y producir un alza parcial y sostenida de […]