Partieron el año como revelación electoral, herederos natos del espíritu de octubre y portadores de la buena nueva del asalto de los comunes a la casta del poder. Pero los sucesivos fraccionamientos internos primero y la suma de errores no forzados en la ruta por convertir una estrategia de marketing electoral en un factor de poder político, los tiene hoy dando incómodas explicaciones y anunciando sonoras querellas ante la misma institucionalidad que venían a reemplazar.
De la protesta a la propuesta. No es una novedad decir que en política resulta mucho más difícil ponerse de acuerdo en lo que se quiere que en lo que no, pero vale la pena recordarlo a la luz de lo que hoy vive la desgranada Lista del Pueblo. El variopinto colectivo conformado en base a una astuta orgánica electoral modular tuvo su momento peak como expresión de repudio a todo lo establecido y se coronó con su irrupción en la convención constituyente como la principal fuerza opositora, al menos en el papel. De ahí en adelante, su estreno en el arte de la política ha ido de tumbo en tumbo.
La diversificación. Esa derrota, sin embargo, no amilanó a los populares y con la vista puesta en las otras disputas políticas en ciernes, sus socios controladores de dieron a la tarea de consolidar todo o parte del poder adquirido en la elección de convencionales para convertirlo en poder político. Así fue como resolvieron, por ejemplo, que no formarían parte de ninguna de las opciones presidenciales que disputarían la nominación en la izquierda, apostando a ubicarse en la galería sur de esa contienda.
El negocio. Más allá de la anécdota, la teleserie de la Lista del Pueblo, mirada en el contexto de otras “pymes” electorales (como el Partido de la Gente o el cuarto intento de ME-O) nos está alertando sobre un “cluster” electoral, formado al alero de los mecanismos de financiamiento público de campañas, en el que los patrocinios, las rendiciones e incluso las adhesiones son parte de un mercado no regulado y del que solo nos enteramos cuando uno de los participantes se va gritando porque la maquinaria esta vez se lo tragó a él.
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