Agosto 7, 2022

La escala de valores de Jackson y los vacíos que revela. Por Camilo Feres

Director de Estudios Sociales y Políticas de Azerta

No importa por donde se mire, las palabras de Jackson lograron acelerar una crisis de cohesión que ha acechado al gobierno desde sus inicios y lo hizo en el peor momento posible. No tanto por su contenido sino porque mostraron que las líneas erráticas del Gobierno no son privativas de sus cuadros menos experimentados, sino que éstas se alojan en la sala de máquinas de la presente administración.


El Ministro Secretario General de la Presidencia le ha disparado un misil a la estrategia del Presidente para ampliar la base política del Gobierno. Mientras el primer mandatario se ha esmerado en ubicarse dentro de la continuidad histórica de la izquierda, sintiéndose heredero de una tradición socialista primero; hablando “parado sobre hombros de gigantes” luego y con gestos a los ex presidentes vivos de dicha tradición después, la distancia puesta por uno de sus escuderos más fieles se encargó de dinamitar esos puentes.

Las palabras de Jackson, encaramándose en un pedestal de superioridad moral respecto de sus predecesores, trajeron a la memoria de una de las coaliciones de gobierno el amargo episodio de la frustrada negociación para una primaria conjunta, en la que se tuvieron que retirar, humillados, algunos de los partidos que hoy forman parte del Gobierno.

En dicha oportunidad el peso público del portazo a la ex concertación se lo llevó fundamentalmente el PC. Y Jadue, que no es un dechado de simpatía, no tuvo problemas en que se tejiera dicho mito. Pero entre los que vivieron el proceso desde dentro la versión es otra y en ella, Jackson tiene un papel protagónico.

Esa historia alternativa es, muy probablemente, la que ha impedido que el ministro encargado de las relaciones con el Congreso pueda cumplir con los requerimientos más elementales de su cargo. “No se humilla al partido de Allende” señaló herido el presidente del PS de la época y él es precisamente quien preside hoy el Senado, la Cámara más refractaria a la figura del SEGRPES. Y lo que develó el episodio de la escala de valores de Jackson es que, al menos él, está dispuesto a humillarlo más de una vez.

Es difícil escrutar qué parte de Giorgio Jackson se asomó en esa conversación/entrevista on-line. La del frío estratega que comprendió que ampliar la primaria ponía en disputa los votos con los que aspiraban (y lograron) ganar; la del dirigente purista que creció apuntando con el dedo los 30 años y sus cultores o un rincón inconsciente más profundo que busca por todos los medios dotar de un sentido político la decepcionante performance de él y muchos de los suyos una vez en el gobierno.

Pero en cualquier caso, la onda expansiva de la bomba que lanzó a la mesa redonda del gobierno alcanzó no solo al Presidente, sino también al frágil equilibrio que sostenía a la totalidad de las fuerzas políticas del oficialismo.

En el breve lapso que pasó entre el fin de la convención constituyente y el inicio de la franja electoral el Gobierno desplegó una estrategia de copamiento del “apruebo”. Así, con tanto o más brío que el que ha mostrado para salir al rescate de su gobierno en momentos de crisis, Boric puso sobre sus hombros la campaña y su gobierno se volcó por entero en la tarea.

Las cifras en encuestas parecieron acompañar dicho despliegue, al punto que el presidente se atrevió a doblar su apuesta “reformista” -que ya era una pesada carga para el PC- para “instar” un acuerdo de los partidos de Gobierno sobre qué materias estarían dispuestos a mejorar de la propuesta constitucional. No hay que ser demasiado perspicaz para unir la moderación y la reforma al acervo cultural de los partidos del socialismo democrático y tal parece que el otrora sostén político del presidente no soportó tanta agua para un molino ajeno.

Así las cosas, tras dos semanas en las que parecía que el Gobierno capitalizaría el repunte del apruebo y con ese envión lograría apaciguar a los heridos del proceso, despejar las dudas sobre su compromiso transformador y ganar espaldas para luego ampliar su base de apoyo, hoy la película parece bastante menos amable para el primer mandatario: el PC mastica con cautela la invitación que le han hecho de para comerse sus propias palabras; el PS camina ofendido por los pasillos y la prensa y la curva de adhesión al apruebo no logra apaciguar los temores de la derrota.

No importa por donde se mire, las palabras de Jackson lograron acelerar una crisis de cohesión que ha acechado al gobierno desde sus inicios y lo hizo en el peor momento posible. No tanto por su contenido sino porque mostraron que las líneas erráticas del Gobierno no son privativas de sus cuadros menos experimentados, sino que éstas se alojan en la sala de máquinas de la presente administración.

Un gobierno que no logra conducir a los más afines difícilmente podrá congregar en a los más reacios. Y sea que gane el apruebo o sea que gane el rechazo, la mayoría no la tendrán los iguales sino la suma de todos aquellos cuyos valores distan tanto de los que posee el orgulloso ministro Jackson y su generación. Veremos si nuevamente Boric puede unir lo que Giorgio dinamita… Va a ser difícil.

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