La candidatura de Bachelet quedó atrás. Era solo un analgésico. Por Sergio Muñoz Riveros

Ex-Ante

Carolina Tohá tiene una oportunidad. Asumirá una candidatura en condiciones muy difíciles y es poco probable que obtenga el primer premio, pero su postulación podría convertirse en la vía de expresión de una corriente regeneradora de la cultura de centroizquierda, que se comprometa vigorosamente con el Estado de Derecho, rechace las veleidades frente a la violencia y favorezca el crecimiento económico y las reformas con amplio apoyo.


Les costará a los dirigentes del PS dar una explicación convincente acerca de por qué crearon la expectativa de que Michelle Bachelet estaba a punto de aceptar la candidatura presidencial. ¿Era verdaderamente tan claro el interés de la exmandataria? Es como para pensar que sí, porque de otro modo significaría que los dirigentes socialistas confundieron sus deseos con la realidad.

Pero, si ella estaba dispuesta a ser candidata en enero, ¿qué sentido tenía esperar hasta mediados de marzo para decirlo? ¿Qué se suponía que iba a pasar en el verano? ¿Desfiles multitudinarios pidiendo el regreso?

Paulina Vodanovic, presidenta del PS, dijo el jueves en CNN que su partido tiene la decisión de levantar una carta propia y que, si no es la expresidenta, existen varias alternativas, entre ellas el diputado Daniel Manouchehri y ella misma. No descartó el apoyo a figuras no socialistas, como Carolina Tohá y Claudio Orrego. Agregó que el comité central zanjará el asunto el 16 de marzo.

Es visible que un factor determinante de los cálculos socialistas ha sido la voluntad de no permitir que el PPD recupere las fuerzas que perdió. El problema es que, obnubilados por esa disputa, pueden seguir sacando mal las cuentas.

Se ignora si Bachelet respaldará a Carolina Tohá, quien se dispone a dejar el gobierno en los próximos días para convertirse en candidata.  Quizás, a pedido del PS, la exmandataria dirá que prefiere esperar el resultado de la primaria del oficialismo para dar su apoyo a quien triunfe. En realidad, eso ya carece de importancia. La expectativa del regreso de Bachelet funcionó como analgésico, pero su efecto ya se desvaneció.

Lo que predomina en el bloque gobernante es el temor al futuro y las tendencias centrífugas. Nada será sencillo. Todos los socios sienten que se acerca la ceremonia del adiós. El propio Boric dijo en la reunión de gabinete del viernes 28 que había que impedir que se impusiera el síndrome del pato cojo. Pero, sucede que el pato cojea de todas maneras cuando, como en este caso, una amplia mayoría ciudadana ve con alivio que al gobierno le queda poco tiempo.

En este panorama poco estimulante, Carolina Tohá tiene, no obstante, una oportunidad. Asumirá una candidatura en condiciones muy difíciles y es poco probable que obtenga el primer premio, pero su postulación podría convertirse en la vía de expresión de una corriente regeneradora de la cultura de centroizquierda, que se comprometa vigorosamente con el Estado de Derecho, rechace las veleidades frente a la violencia y favorezca el crecimiento económico y las reformas con amplio apoyo.

O sea, abrir resueltamente un nuevo cauce, muy distinto del representado por el actual gobierno.

Es allí donde surge el mayor obstáculo. Si Tohá siente que su principal deber es mostrarse como continuadora de Boric, no habrá mucho que agregar. Si cree que está obligada a sostener lo que, eufemísticamente, se denomina “la unidad sin exclusiones”, quiere decir que considera que el imperativo poco menos que moral es marchar junto al PC, aunque el mundo se venga abajo, o Daniel Jadue siga diciendo enormidades como que “el pueblo se debe volver a levantar”.

Se podría entender que Tohá manifieste cierta lealtad humana hacia Boric, quien parece apoyarla, pero si confunde eso con el izquierdismo arcaico que él ha encarnado, y que ha estado en la base de los diagnósticos equivocados y los pasos en falso de este período, es poco lo que conseguirá.

El país cambió en estos años en un sentido contrario al populismo identitario y las supersticiones anticapitalistas que llegaron al clímax en la Convención. Si el PS, el PPD, el PR y la DC no reconocen que, a partir de 2019, se dejaron arrastrar a la más peligrosa aventura surgida desde la recuperación de la democracia, quiere decir que prefieren cerrar los ojos ante sus graves errores.

Hay que ofrecer a Chile un horizonte de verdadero progreso en un contexto internacional en el que cuesta mantener la calma debido al contubernio mafioso entre Trump y Putin.

Esto requiere tener plena conciencia tanto de las fortalezas como de las debilidades del país con vistas a definir las prioridades que deben atenderse en los próximos años. Será necesario favorecer el diálogo y los acuerdos, construir un sólido arco constitucional que refuerce la estabilidad y la gobernabilidad. Todos los partidos deben levantar la vista para mirar un poco más lejos. Ojalá surja una corriente de centroizquierda que lo entienda y actúe en consecuencia.    

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