Marzo 15, 2026

Javier Salinas (LarrainVial): “Si se destraban inversiones, Chile puede volver a crecer cerca de 4%”

Jaime Troncoso R.
Javier Salinas.

El economista jefe de LarrainVial para Chile, Perú y Colombia, Javier Salinas, señala que Chile atraviesa un “estrés fiscal prolongado” tras años de incumplir sus propias reglas. Sin embargo, ve en el cambio de administración una oportunidad para romper la inercia del bajo crecimiento y dice que el país aún tiene bases para retomar mayor dinamismo. Dice que alcanzar tasas cercanas al 4%, como ha señalado el ministro de Hacienda Jorge Quiroz dependerá de destrabar inversiones, ordenar las cuentas fiscales y enfrentar un entorno global más incierto.


-Chile inicia un nuevo ciclo político con el gobierno de José Antonio Kast y con un diagnóstico fiscal complejo. ¿Cómo evalúa el punto de partida de la economía chilena?

-No me gusta hablar necesariamente de una emergencia económica, pero sí comparto el diagnóstico que ha planteado el Consejo Fiscal Autónomo: Chile enfrenta un escenario de estrés fiscal prolongado. Llevamos tres años consecutivos sin cumplir la regla fiscal y eso no es algo menor.

Parte del problema ha sido la sobreestimación de los ingresos fiscales, pero más allá de eso hay un tema de política económica. Cuando los ingresos comienzan a desviarse de lo proyectado, la señal que debería aparecer es un ajuste en el gasto. Y eso no se hizo con la intensidad que correspondía.

Por eso aquí no solo hay un problema fiscal, sino también un problema institucional. La regla fiscal es un compromiso que el propio país se impone para dar predictibilidad. Cuando no se cumple, se debilita una señal importante hacia los mercados.

-En ese contexto, ¿cómo ve el programa económico del nuevo gobierno?

-El programa tiene dos ejes bastante claros. Por un lado está el ordenamiento de las cuentas fiscales y por otro el impulso al crecimiento económico. En materia de crecimiento, el gobierno ha puesto mucho énfasis en reducir trabas administrativas y destrabar proyectos de inversión. Ya vimos una señal concreta con el decreto firmado por el presidente Kast para acelerar proyectos por más de US$16.000 millones.

Eso es relevante porque el mercado necesita señales de que se está avanzando en generar mejores condiciones para invertir. El impacto en actividad puede tardar un poco en verse —probablemente hacia la segunda mitad del año o incluso hacia 2027—, pero lo importante es que se están dando pasos en esa dirección.

-Todo nuevo gobierno tiene un período inicial de expectativas. ¿Cuánto tiempo tiene para mostrar resultados?

-Más que poner un plazo específico, diría que lo importante es que las señales iniciales han sido consistentes con el objetivo de crecimiento. El Presidente Kast ha hecho algunos movimientos que apuntan a darle mayor foco a la inversión y a la gestión del Estado. También se está retomando la agenda de permisos sectoriales que comenzó a avanzarse en el gobierno anterior. Ahora bien, todavía falta conocer el detalle de cómo se implementarán muchas de las propuestas de campaña, y ahí el mercado va a estar muy atento.

-Uno de los anuncios ha sido el recorte de 3% del gasto público. ¿Es viable un ajuste de esa magnitud?

-Es un ajuste desafiante. Un recorte de 3% equivale aproximadamente a US$3.000 millones este año. La idea es que una parte relevante provenga de eficiencias en el gasto y reducción de costos administrativos, evitando afectar el gasto social. Habrá ministerios donde será más complejo aplicar ese ajuste -por ejemplo Salud- porque tienen muchos gastos comprometidos. Probablemente algunos ministerios tendrán que recortar más y otros menos. Pero lo importante es que se cumpla la meta agregada.

Ese ajuste es clave porque el programa económico también contempla reducir impuestos corporativos, y para que eso sea sostenible fiscalmente el mercado necesita ver que el ajuste en el gasto es creíble.

-Justamente, ¿cómo se compatibiliza un ajuste fiscal con una rebaja de impuestos?

-Si uno lo mira desde el punto de vista macroeconómico, una reducción del gasto puede ser contractiva, pero si se compensa con una reducción de impuestos, el efecto neto puede ser bastante neutral. La diferencia es que el dinero que deja de recaudar el Estado queda en el sector privado, lo que puede impulsar inversión y actividad económica. Si ese diseño se hace bien, podría generar mejores condiciones para el crecimiento en el mediano plazo.

-¿Qué están proyectando hoy para la economía chilena?

-A comienzos de año proyectábamos un crecimiento de 3,3%, que está algo por encima del consenso del mercado. Hoy estamos evaluando esa cifra porque el escenario internacional se ha vuelto más incierto. Chile es una economía pequeña y abierta, por lo que lo que ocurre afuera nos impacta con rapidez.

El precio del cobre sigue alto, lo cual es positivo, pero al mismo tiempo hemos visto un aumento en el precio del petróleo, y Chile es importador neto de combustibles.

-¿Ese shock también puede tener efectos inflacionarios?

-Sí, hay dos canales principales. El primero es el impacto directo del precio de los combustibles, y el segundo es el efecto del tipo de cambio. El traspaso del tipo de cambio a inflación en Chile es relativamente acotado, entre 0,1 y 0,15, y además existen mecanismos como el Mepco, que ayudan a suavizar las variaciones de precios. Si el conflicto internacional es corto, el impacto inflacionario debería ser limitado. Si se prolonga, el efecto podría ser mayor.

-En ese contexto, ¿qué debería hacer el Banco Central con la tasa de interés?

-El mercado esperaba un último recorte de tasas relativamente pronto, pero con la volatilidad actual no me sorprendería que el Banco Central decidiera esperar más información. Un movimiento de 25 puntos base no cambia mucho el panorama macroeconómico, pero sí tiene un efecto señal. Además, hoy estamos en una zona cercana a la tasa neutral, por lo que esperar no tendría un costo relevante para la economía.

-Mirando más hacia adelante, ¿qué condiciones se necesitan para que Chile vuelva a crecer con más fuerza?

-Aquí el punto clave es la inversión. Si Chile logra destrabar proyectos, mejorar los procesos de permisos y generar mejores condiciones regulatorias, el país tiene espacio para crecer más. Hoy la economía está relativamente ordenada: la inflación está controlada, la política monetaria está cerca de niveles neutrales y la economía está creciendo cerca de su potencial. Eso permite enfocarse en el crecimiento de largo plazo.

-¿Es realista pensar en tasas cercanas al 4% hacia el final del período como plantea el ministro Jorge Quiroz?

-Es desafiante, pero se puede alcanzar. Si Chile logra destrabar proyectos de inversión y agilizar permisos, el país puede volver a crecer cerca de 4% hacia el final del período. Para eso se necesitan varias condiciones: mejorar la tramitación de proyectos, fortalecer el mercado laboral y mantener disciplina fiscal. Pero también hay que reconocer que el entorno externo importa mucho. Si el mundo enfrenta un shock fuerte, alcanzar ese crecimiento será más difícil.

-¿Cómo ve el punto de partida de Chile frente a posibles shocks externos?

-Chile tiene menos “colchones” de los que nos gustaría, pero sigue siendo un país relativamente bien evaluado por los mercados. El riesgo país sigue siendo bajo en comparación con la región, lo que refleja que todavía existe confianza en la institucionalidad chilena. Pero esa confianza no es automática. Para mantenerla es fundamental retomar la disciplina fiscal y cumplir los compromisos que el propio país se impone, como la regla fiscal. Porque en definitiva la credibilidad económica de Chile se ha construido justamente sobre esa base.

 

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