Mayo 31, 2024

Inactividad física en adolescentes: un llamado urgente a la acción. Por Sergio Fuentealba Urra

Académico e investigador de la Facultad de Educación y Ciencias Sociales y del Magíster en Gestión de la Actividad Física Deportiva y Rendimiento Deportivo de la Universidad Andrés Bello.
Crédito: Agencia Uno.

Promover estilos de vida saludables requiere reconocer la importancia en la formación hábitos en nuestros adolescentes y el papel que desempeñan factores internos y ambientales en el proceso. El diseño de políticas y programas de promoción de la actividad física deben considerar antes de ser instaladas el contexto social y cultural, así como las características particulares de los adolescentes en sus diferentes etapas de desarrollo.


El 70% de los niños, niñas y jóvenes no cumple con los estándares recomendados de actividad física. Las directrices establecidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), recomiendan la práctica diaria de actividad física de moderada a alta intensidad, junto con ello se incluye la práctica de actividades de fortalecimiento muscular idealmente tres veces por semana. Al analizar una cohorte en la Región del Biobío, se observó que más del 50% de los jóvenes reportan dedicar un tiempo excesivo en actividades sedentarias, principalmente frente a pantallas.

Otro hallazgo revelador en el área se relaciona con el papel que tiene el género y la edad en adolescentes con un alto nivel de vulnerabilidad escolar. Las mujeres presentan un riesgo 2,3 veces mayor de no alcanzar la frecuencia recomendada de actividad física. ¿Qué nos dice todo esto de los hábitos de nuestros niños y adolescentes?

La realidad es preocupante, más aún considerando que, tanto dentro como fuera de la escuela, no se está incentivado con la fuerza que se requiere la práctica de la actividad física y deportiva y la formación de hábitos que contribuyen a estilos de vida saludables. Lo anterior, llama la atención, ya que es precisamente en las etapas de la niñez y adolescencia donde se adquieren y consolidan los hábitos activos que acompañarán al individuo hasta su vida adulta.

Las actuales cifras son alarmantes, por lo cual desde la Universidad Andrés Bello estamos investigando esta realidad, a través, de un estudio sobre los hábitos de actividad física en adolescentes entre 10 y 19 años, que se encuentra en su tercer año de medición, con foco en la región del Biobío.

Un llamado a la acción

Frente a este panorama, se hace evidente la urgente necesidad de implementar políticas públicas que promuevan la actividad física y el deporte extraescolar en la adolescencia. Para ello es clave:

  • El diseñar programas de actividad física dirigidos a los adolescentes, que deben considerar características específicas vinculadas con el género y etapa de la adolescencia.
  • La oferta debe obedecer al contexto social y a los intereses y necesidades específicas de los jóvenes.
  • En contextos de alta vulnerabilidad escolar, la escuela será en general el único espacio donde los jóvenes podrán desarrollar actividades que fortalezcan la formación de hábitos saludables.
  • En esta línea la inclusión de políticas al interior de las escuelas que promuevan la actividad física puede generan contextos que favorezcan la formación de hábitos en los jóvenes.
  • También, el poder considerar a los jóvenes como parte de los proyectos educativos institucionales y en los planes de mejora educativa, facilitan la gestión de las iniciativas, su impacto sobre los hábitos, así como el uso eficiente de los recursos.

Investigación, herramienta para el cambio

Creo necesario examinar de manera más sistemática, tal cual se hace con los hábitos alimentarios, cómo evolucionan los hábitos de actividad física en niños/as y adolescentes. Profundizar el estudio de los hábitos de actividad física a través de estudios de carácter longitudinal, puede ampliar la comprensión de los factores que inciden en su formación; aquellos de carácter ambiental y los relacionados con características propias de la etapa de desarrollo. A su vez, estudios de esta naturaleza permiten establecer también relaciones con factores psicológicos y sociales que condicionan la caída en la frecuencia de la práctica de actividad física un aspecto esencial no tan solo en la formación del hábito sino en su consolidación hacia la vida adulta.

Promover estilos de vida saludables requiere reconocer la importancia en la formación hábitos en nuestros adolescentes y el papel que desempeñan factores internos y ambientales en el proceso. El diseño de políticas y programas de promoción de la actividad física deben considerar antes de ser instaladas el contexto social y cultural, así como las características particulares de los adolescentes en sus diferentes etapas de desarrollo.

Como investigadores, hacemos un llamado a las autoridades, educadores y a la comunidad en general a tomar conciencia de la gravedad de la situación, sus alcances futuros no tan solo en el sistema sanitario, sino también en el bienestar presente y futuro de nuestro niños y adolescentes. Es momento de unir la ciencia a las políticas públicas dirigidas sobre todo a las comunidades más vulnerables.

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