Agosto 18, 2021

Opinión. Afganistán, el presente griego de Donald Trump. Por Jorge Schaulsohn

Ex-ante
Captura de pantalla, Agencia AFP.

El hecho de que Trump entrara en negociaciones directas con los talibanes y llegara a un acuerdo sin invitar al gobierno afgano a sentarse en la mesa, desmoralizó a la ciudadanía, al gobierno, a las fuerzas armadas y a la policía. Biden decidió postergar el retiro de las tropas hasta el mes de agosto 2021 para asegurar una salida ordenada, pues en mayo no estaban dada las condiciones.

El acuerdo de Trump con los talibanes. En los libros de historia el mes de agosto de 2021 será recordado como la fecha en que los Talibanes tomaron el control total de Afganistán. Pero la verdadera fecha en la que la victoria de los Talibanes quedó asegurada es el 29 de febrero del 2020, el día en que Donald Trump firmó el “Acuerdo de Paz” con los Talibanes. Una vez firmado ese acuerdo el trágico colapso del que somos testigos era inevitable.

  • Desde luego porque no podía llamarse “acuerdo de paz” a un acuerdo del cual fue totalmente excluido un gobierno democrático legítimo de Afganistán que ni siquiera lo firmó ni participó en las negociaciones.  En la práctica fue un acuerdo de retiro de todas las tropas norteamericanas del país entre los Talibanes y la administración de Trump fijándose como fecha tope el mes de mayo 2021.
  • Hay que recordar que Donald Trump había invitado a los líderes talibanes a una reunión en Camp David para el 11 de septiembre del 2020, día en que se conmemora el aniversario del ataque a las torres gemelas; invitación que tuvo que cancelar ante la indignación generalizada de la población. 
  • ¿Qué recibió Estados Unidos a cambio del compromiso de retiro de sus tropas por el que los talibanes venían luchando desde hace 20 años? ¡Absolutamente nada!
  • Tan ansioso estaba Trump de firmar un acuerdo que se conformó solo con unas vagas promesas de que los talibanes enviarían un “mensaje claro” a Al Qaeda de que no serían bienvenidos en territorio afgano y que no le prestarían ayuda, armas, apoyo ni refugio a Al Qaeda y a otros grupos terroristas; compromiso que no contenía ninguna cláusula que garantizara su cumplimiento ni especificaba las consecuencias, tales como sanciones en caso de una violación.
  • Incluso el gobierno de Trump llegó al extremo de solicitarle al gobierno paquistaní que liberara a uno de los principales líderes de los talibanes presos en ese país -Amir Khan Muttaquí, encarcelado desde hace más de diez años a petición de Estados Unidos- para que pudiera encabezar las negociaciones y firmar el acuerdo. Este señor era el segundo hombre del régimen talibán derrocado por Estados Unidos tras el ataque a las torres gemelas y hoy asumirá la jefatura del Califato que se acaba de instaurar.

Un dilema para Biden. El hecho de que Estados Unidos entrara en negociaciones directas con los talibanes y llegara a un acuerdo sin invitar al gobierno afgano a sentarse en la mesa, desmoralizó a la ciudadanía, al gobierno, a las fuerzas armadas y a la policía, que veían  como su propio gobierno estaba siendo pasado a llevar, sin poder opinar sobre las decisiones más trascendentales para el futuro del país.

  • Una vez que Trump le había quitado el piso al gobierno y tomado la decisión de retirar todas las tropas en mayo 2021 nadie podría extrañarse ni sorprenderse de que las fuerzas armadas afganas y la policía dijeran “no gracias” cuando se les pidió combatir contra los talibanes que, para todos lo efectos prácticos, tenían asegurada la victoria. Fuerzas armadas que hasta antes del fatídico acuerdo combatían con éxito contra los insurgentes talibanes con el apoyo aéreo de Estados Unidos.
  • El presidente Biden heredó este “presente griego” y decidió postergar el retiro de las tropas hasta el mes de agosto 2021 para asegurar una salida ordenada, pues en mayo no estaban dada las condiciones.
  • Joe Biden nunca estuvo de acuerdo con la permanencia de las tropas en Afganistán y como vicepresidente se opuso tenazmente cuando Obama envió 10.000 tropas extras a combatir a los talibanes. 
  • Biden se vio enfrentado al dilema de desahuciar el acuerdo de Trump y mantener las tropas. Eso implicaba hacerse parte de una guerra civil, entrar en combate y sacrificar vidas de soldados americanos en Afganistán. La alternativa era respetar el acuerdo procurando hacer un retiro ordenado que incluyera a los civiles afganos que habían cooperado con Estados Unidos durante 20 años.
  • Naturalmente, optó por cumplir el acuerdo, entre otras cosas porque la opinión pública no apoya la presencia militar en Afganistán ni está dispuesta tolerar la pérdida de vidas en esa aventura, un callejón sin salida con un costo humano y económico mayúsculo.
  • Para frenar la ofensiva talibana la administración Biden tendría no solo que haber incumplido el acuerdo de Trump, lo que en teoría era perfectamente posible, sino que haber enviado miles de tropas adicionales a combatir, lo que tenía el rechazo categórico del Congreso, tanto de Demócratas y Republicanos.

Cambios desde el seno de la sociedad. Las víctimas del retiro de las tropas estadounidenses serán las mujeres y niñas afganas que habían recuperado sus derechos humanos básicos; más de la mitad del gobierno que desapareció estaba integrado por mujeres, casi el 30 por ciento de la fuerza laboral eran mujeres que habían recuperado el derecho a la educación, al trabajo y a su autodeterminación.

  • Lamentablemente, la lección aprendida es que ninguna fuerza de ocupación es capaz de tener éxito en lo que se conoce como “nation building”, es decir modificar las tradiciones costumbres y modos de ser de una sociedad; algo que solo es sostenible en el tiempo cuando los cambios surgen desde el seno de la sociedad.

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