Esta narrativa podría partir en los años 1970, cuando los científicos empezaron a pregonar su preocupación por la necesidad de estabilizar la concentración de gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera terrestre para prevenir riesgos para el sistema climático. Pero avancemos un poco en la historia hasta la preadolescencia de las finanzas sostenibles, y pongámonos en un contexto geopolítico (y cinematográfico, para que nos situemos mejor en el tiempo) un poco más reciente.
Vayamos a 1992. Salimos de la Guerra Fría y, metafóricamente, Batman vuelve a ponerle orden a Gotham City; los Soldados Universales desactivan una amenaza terrorista, y el mundo se ve preparado para comenzar una nueva era en el desarrollo y la cooperación global, en la que la preocupación por el medioambiente comenzó a echar raíces –o al menos eso se pensaba. En este año, se establece la Iniciativa Financiera del Programa de la ONU para el Medio Ambiente (UNEP-FI), que buscaba promover la sostenibilidad en el sector financiero.
La primera década de 2000 presenció el colapso de las Torres Gemelas -mientras Sam y Frodo conquistaban las Dos Torres. Olas de calor abrasaron Europa, y Estados Unidos tuvo que lidiar con las consecuencias del huracán Katrina y de una larga crisis financiera seguida de la burbuja inmobiliaria. En esta misma década, se lanzan los Principios de Ecuador (2003), un marco de referencia para que las instituciones financieras puedan evaluar y administrar los riesgos sociales y ambientales de sus proyectos; los Principios de Inversión Responsable (2006) dirigidos a gestores y propietarios de activos (destruidos tanto por los eventos climáticos como inmobiliarios); y las Iniciativas de Bolsas de Valores Sostenibles (2009). Cerramos la década capturados por un Joker nihilista y por la sensación de que, además del acceso casi inmediato a películas espectaculares, la globalización nos regalaba también los efectos financieros y regulatorios de las crisis experimentadas por el hemisferio norte.
La década siguiente fue escenario de un tsunami en Japón, sequía extrema en el este de África, incendios catastróficos en Australia y Estados Unidos, además del crash de la bolsa china y de la crisis de la deuda soberana que avanzó por gran parte de Europa. En este contexto, el escuadrón de Avengers, héroes Marvel, DC y X-Men reacciona, lanzando los Principios para la Sostenibilidad en Seguros y la Alianza Financiera del Capital Natural (2012), el marco TCFD (2015), la Estrategia para un Sistema Financiero Sostenible de la Comisión Europea y el marco SASB (2018), y los Principios de Banca Responsable (2019). Después de casi 50 años, mientras algunos villanos aún rechazan la opinión de los científicos, el mercado ha aceptado el nexo entre el aumento de la intensidad y frecuencia de los eventos naturales y la necesidad de proteger a sus inversiones, y reaccionado como sabe: con más regulaciones.
Llegamos a la última década de nuestra película de 5 partes. En la cena de apertura, el mercado enfrenta un lunes y un jueves negros (2020), mientras que las temperaturas globales siguen representadas en rojo en todos los gráficos que demuestran los efectos del cambio climático. “No mires arriba”, dice la película. Pero el mercado, después de haber sido inundado, quemado, soplado al aire por huracanes en las tres películas anteriores, ignora la recomendación y lanza marcos que, por fin, vinculan la narrativa ASG [ESG] de los informes de sostenibilidad al desempeño financiero y a la resiliencia del negocio y su capacidad de seguir operando en el largo plazo. Por lo que las principales instituciones financieras globales están finalizando, o ya han publicado, sus reglas y expectativas de divulgación.
En este sentido, la SEC está revisando los comentarios hechos a la versión borrador de las normas de Divulgaciones Relacionadas con el Clima. A su vez, la Fundación IFRS, a través de la Junta de Normas Internacionales de Sostenibilidad (ISSB), también está revisando los comentarios recibidos a los Requisitos generales para la divulgación de información financiera relacionada con la sostenibilidad y las Divulgaciones relacionadas con el clima. De forma similar, el Reino Unido trabaja en la UK Corporate Reform (UKCR), reconocida por muchos como el nuevo “SOX” británico, el cual incorporará criterios de sostenibilidad. De este lado de la Cordillera, la CMF lanzó la Norma de Caráter General No 461, la cual apalanca los principios de algunos de los marcos mencionados anteriormente en sus expectativas de divulgación.
El mensaje es claro: el mercado está tratando de protegerse, proteger sus activos y sus inversiones, asegurar su longevidad. Y eso no es una ola pasajera, es un tsunami que sorprenderá a todos aquellos que no hayan leído el script y no estén listos para entregar narrativas detalladas. La buena noticia, o el final feliz de la película, es que por donde se mire –arriba, a los lados, adelante–, si seguimos bien el script, lograremos, como final feliz, la preservación del planeta.
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