Corea del Centro, como se le dice con cariño, se lamenta de que estamos frente a una elección polarizada. Algo de verdad hay en eso. Los punteros de la carrera representan a los partidos más extremos del espectro político chileno: Jeannette Jara es comunista y José Antonio Kast es Republicano. Si el PC es más izquierdista que el Frente Amplio, entonces la presidencial del 2025 luce incluso más polarizada que la del 2021, cuando Kast enfrentó a Boric en segunda vuelta.
Esto es cierto, pero sólo nominalmente. Si bien Jara y Kast militan en los polos del arco político, en la práctica han desplegado discursos más o menos moderados.
Jara ha hecho lo posible por descafeinar su marxismo-leninismo, al punto de declararse -según su lugarteniente Luis Eduardo Escobar- socialdemócrata. No sólo antagoniza con su partido cada vez que puede, sino que aspira genuinamente a ser la candidata de una coalición amplia que llega hasta la Democracia Cristiana. ¿Nacionalizar el cobre? Si te he visto, no me acuerdo.
El sello distintivo de Jara -dicen sus asesores-, no es su vocación transformadora ni refundacional, sino su capacidad de alcanzar acuerdos. Más amarilla, imposible. O como ironizó @Meruanista, “un tuit más y canta Los Viejos Estandartes”.
Kast, por su parte, ha aprovechado la irrupción de Johannes Kaiser para ubicarse en un lugar menos radical y estridente. No pisó el palito con la idea del gobierno de cerrar Punta Peuco, como sí lo hizo Evelyn Matthei. Como todo el mundo ya sabe lo que piensa de la dictadura, no lo anda repitiendo como loro.
Dice que su gobierno se olvidará de la famosa batalla cultural, y en cambio se abocará principalmente a las “urgencias sociales”, que son seguridad ciudadana y prosperidad económica. ¿Eliminar el ministerio de la Mujer? ¿Salirse de los Derechos Humanos? Estábamos todos locos.
Probablemente no hay mejor ilustración de esta estrategia centrípeta que lo que han sostenido ambos respecto del aborto. Con independencia de lo que haya dicho la servilleta que le sirvió de programa para las primarias, Jara anuncia que legalizar el aborto libre no está en su plan de gobierno. No es menor. Hasta hace unos pocos años, se decía que “la causa más importante de la izquierda es el feminismo”. Y su candidata presidencial acaba de echar en saco roto uno de sus anhelos más acariciados: el derecho a la interrupción del embarazo a todo evento.
José Antonio Kast ha sugerido algo similar. Sobre los temas “valóricos”, advirtió, ya ha habido pronunciamientos legislativos, y su gobierno no entrará en debates que lo distraigan de las prioridades de los chilenos. Temas como el aborto, la adopción homoparental y la eutanasia, promete Kast, no tendrán espacio en su agenda. También debe ser una sorpresa para su base religiosa, que espera tomar el control político para revertir lo que interpreta como retrocesos civilizatorios auspiciados por el progresismo.
En este sentido, tanto Jara como Kast revierten la estrategia que adoptaron sus respectivos procesos constituyentes. Digo respectivos, porque el primero fue liderado por el PC, bajo la guía de Marco Barraza, mano derecha de Jara, mientras que el segundo fue conducido a piacere por Republicanos.
Mientras la Convención Constitucional buscó asegurar los derechos reproductivos más amplios de los que Chile tenga memoria, el Consejo Constitucional quiso proteger la vida de “quien” está por nacer, lo que fue interpretado como una amenaza incluso a las tres causales extraordinarias que hoy contempla nuestra legislación para permitir el aborto. Es decir, ambas intentaron dejar sus convicciones morales escritas en piedra. Fue la Comisión Experta la única que entendió que era mala idea constitucionalizar una cuestión todavía profundamente disputada en la sociedad chilena, y optó por sacar cualquier referencia al aborto del anteproyecto.
Jara y Kast siguen la línea de la Comisión Experta y no de los procesos constitucionales que respectivamente lideraron. Esto no es mero oportunismo. Ninguno ha cambiado de opinión. Pero entienden que para llegar al 50+1 hay que disminuir la resistencia. Ya sea por prudencia, pragmatismo o aprendizaje, no están dispuestos a hipotecar sus chances para darle en el gusto a la tribu de origen.
Siguiendo la tendencia global, Chile experimenta un proceso de polarización afectiva. Es decir, cada vez detestamos más a los que están en la vereda del frente. Pero eso no es lo mismo que polarización ideológica. En la presidencial del 2021, mientras Boric decía que no hay ser humano ilegal y que migrar es un derecho, Kast cavaba una zanja en Colchane. Sus posiciones programáticas estaban en las antípodas. En 2025, el caso del aborto ilustra que la polarización es más aparente que real.
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