Debate sobre crecimiento: ¿por qué el futuro ministro Quiroz puede estar en lo correcto? Por Patricio Arrau

Economista

Es el conocimiento microeconómico sectorial y no el enfoque macroeconómico y tradicional lo que permite percibir las oportunidades, y de eso el futuro ministro Quiroz sabe. También sabe que para que todo esto se materialice con intensidad es necesario levantar la maraña de obstáculos regulatorios a la producción y a la inversión tendidos en los últimos 12 años y reducir la excesiva carga tributaria a la inversión.


El futuro ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, se ha manifestado en varias intervenciones optimista respecto a que Chile puede retomar tasas de crecimiento muy superiores a las tasas que hemos tenido los últimos 12 años con relativa rapidez. Incluso, ha señalado, el segundo semestre de este año puede sorprendernos. Algunos analistas se han mostrado escépticos. La encuesta del Banco Central muestra una inercia al respecto, con los analistas estimando para este y el próximo año tasas de crecimiento por debajo del 3%. En mi opinión, el futuro ministro tiene buenas chances de estar en lo correcto.

Los economistas conocemos los determinante del crecimiento de largo plazo de los factores de producción: una tasa de inversión que sustente un crecimiento del stock de capital en el tiempo y una fuerza de  trabajo que crece y se adapta a las necesidades de la economía mediante un sistema educacional conectado con el know-how de la producción. La productividad de los factores, sin embargo, tiene varios aspectos más complejos. La llamada Productividad Total de los Factores, o PTF, es más difícil de prever, especialmente en el corto plazo.

En el largo plazo la PTF depende de la innovación y el cambio tecnológico, ¿pero de que depende en el corto plazo? Sostengo que es en la comprensión de los determinantes de la PTF en el corto plazo donde se encuentra el respaldo a la posición optimista del futuro ministro Jorge Quiroz.

Para motivar la discusión, es conveniente observar los sorpresivos años 1991 y 1992 del gobierno del Presidente Aylwin. Después de una PTF que creció 0,7% el año 1990, le siguieron crecimientos de esta variable de 4,1% y 7,2% para los años 1991 y 1992 respectivamente. La PTF explicó el 51% del 8% de crecimiento del PIB del año 1991 y el 59% del 12,7% de crecimiento del PIB del año 1992. Sorpresas que nadie previó. Los años 1993 y 1994 la PTF vuelve a crecer en los rangos normales cercanos al 1% y algo más.

¿Cómo puede explicarse este inusual crecimiento sorpresa de corto plazo? Por cierto no se trató de cambio tecnológico o innovación. Lo que sí ocurrió es que el año 1990 las nuevas autoridades dieron potentes señales acerca de que venían a compatibilizar la democracia con el modelo económico, con una fuerte apertura al comercio exterior. Nadie puede negar que se produjo un abrupto cambio de expectativas acerca del futuro económico.

El crecimiento de la PTF es el residuo que no podemos explicar con el crecimiento de los factores de producción, y solo la conocemos ex post, una vez que se mide el crecimiento del PIB y de los factores de producción. Un abrupto cambio de expectativas como el que ocurrió los primeros años del gobierno del presidente Aylwin, y que es probable experimente los primeros dos años del gobierno del presidente Kast, genera sorpresas positivas en la PTF.

En efecto, los mismos factores de producción pasan a ser utilizados más intensamente. Algunos ejemplos: las grúas paralizadas en la construcción se ponen en marchan, los puertos activan más intensamente las suyas y los sitios de atraque se utilizan más horas al día.  Asimismo, los mismos camiones pueden dar más vueltas al día para transportar sus cargas y la infraestructura logística del país tiene capacidad y holgura para permitir un mayor volumen de los intercambios comerciales.

Un segundo o tercer turno de trabajadores permite utilizar el mismo capital y el sistema financiero puede realizar más operaciones de intermediación con sus mismos trabajadores. Por su parte surgen  inversiones marginales en las líneas de producción con un muy rápido pay-back. En definitiva, una economía reactivada por expectativas positivas que irrumpen permite sustentar un mayor PIB con los mismos factores de producción,…durante un tiempo.

Es el conocimiento microeconómico sectorial y no el enfoque macroeconómico y tradicional lo que permite percibir las oportunidades, y de eso el futuro ministro sabe. También sabe que para que todo esto se materialice con intensidad es necesario levantar la maraña de obstáculos regulatorios a la producción y a la inversión tendidos en los últimos 12 años y reducir la excesiva carga tributaria a la inversión. Ahí radica tanto la causa del cambio de expectativas como el despeje de obstáculos para materializar una reactivación virtuosa.

Se trata entonces de una sumatoria de cambios de nivel, asociados a la reactivación abrupta: crecimiento por inspiración más que por transpiración. Evidentemente en el largo plazo se requiere que la tasa de inversión se eleve al 25%, que el mercado laboral asigne eficientemente el factor trabajo, que se recupere el capital institucional debilitado, que se realicen las reformas estructurales que el país necesita.

Una nota final. Indispensable un ajuste fiscal para restaurar de inmediato la confianza de mediano plazo. Todas las acciones de control y disminución del gasto superfluo refuerzan las señales que mejoran las expectativas, pero un ajuste fiscal muy severo para 2026 puede abortar la reactivación virtuosa referida. La carta del próximo gobierno en esta materia se juega en la discusión del presupuesto 2027 y en una planificación de 4 años para un déficit estructural decreciente; pero se juega, fundamentalmente, con un crecimiento acelerado.

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