Ojo: también llega a cines otra de las películas del estudio Ghibli; y a Netflix, George Clooney (nada menos).
Películas IMPERDIBLES y esta.
Una tragicomedia donde el drama social, político y familiar y las situaciones cotidianas que bordean el absurdo e incluso a veces lo enternecedor es lo que consigue armar magistralmente Jafar Panahi.
Una historia que se sigue como la más apasionante de las intrigas, mientras el protagonista, de la mano con el espectador, intenta confirmar si está en lo correcto o se ha equivocado. En todo caso, como le dice un personaje, Vahid primero hace y luego piensa.
Es de noche y por rutas desérticas un hombre, su mujer embarazada y una parlanchina niña circulan en auto en dirección a su hogar. Chocan con algo. La niña apunta a su padre: “Mataste a un animalito”.
No, fue solo un accidente, la consuela la madre.
Logran avanzar pero el auto queda averiado y alcanzan a llegar a un garage. Un joven que acaba de estacionar allí su moto algo le ayuda pero le advierte que el arreglo es temporal. La escena es observada desde arriba y a escondidas por Vahid, quien incluso, en una situación que bordea lo cómico, truca su voz al responderle al de la moto.
Vahid cree, o está seguro, que el hombre del auto es Eghbal, el sádico sujeto que lo torturó en prisión.
Una vez que la familia se va, Vahid sigilosamente los sigue hasta su casa desde su furgón y ya de mañana secuestra a Eghbal. Lo ata, le venda los ojos y comienza a cavarle su tumba, mientras el hombre le suplica que lo libere, que está en un error.
Vahid duda. Entonces lo encierra en un cofre que tiene en su furgón y comienza un verdadero y tragicómico peregrinaje entre sus amistades que compartieron prisión para que le ayuden a confirmar la identidad de su secuestrado. Así, de pronto se suman a esta singular caravana, Shiva, una fotógrafa que está en una gran casona captando fotos de unos novios; la pareja de novios, y un sujeto violento que ha contactado Shiva en la ciudad.
Entre las discusiones sobre qué harán con Eghbal, aún si confirman que sí se trata de su torturador, cada cual se ve enfrentado a revivir el horror sufrido. También surgen las discrepancias frente a distintos asuntos y las muy diferentes personalidades de cada cual. Esta es parte de la riqueza infinita de esta película, donde cada personaje es una potente historia en sí mismo, que llega a su punto cúlmine en aquella imagen en medio del desierto con la novia sentada en la tapa trasera del vehículo.
Y de pronto suena un celular. ¡Cómo! Si Vahid, sabiendo que tienen que eludir a la Policía (cualquiera esta sea), les ha “requisado” el aparato a cada cual. Lo que sigue es a lo menos asombroso.
Si la fotografía —noche, día, ciudad, desierto, interiores, primeros planos, planos generales— es exquisita, el montaje y sus elipsis permiten que el guion luzca toda su genialidad.
A decir verdad, la película en todos sus aspectos es una GENIALIDAD.
A veces cerrar una historia que se ha desplegado tan brillantemente en cada secuencia y subtramas es un reto aparte. Y vaya cómo Panahi se supera a cada cuadro: la secuencia final es tan coherente con todo lo que se nos ha relatado, a la vez que vibrante y sí, también sorprendente.
DATO: Cuando Jafar Panahi ganó la Palma de Oro en Cannes por FUE SOLO UN ACCIDENTE le preguntaron si volvería a Irán: respondió que por supuesto que sí. Panahi ha sido encarcelado por el régimen varias veces, una de ellas con prisión domiciliaria (de allí salió la genial Esta no es una Película). Hace una semana, estando fuera de su país, fue sentenciado a un año de prisión “por propaganda contra el Estado”.
Panahi, al igual que Mohammad Rasoulof, ganador de varios premios en Cannes el año pasado por La Semilla del Fruto Sagrado, filmó esta película no solo sin los permisos que exige el régimen, sino en la clandestinidad. Nominada al Oscar por Francia a Mejor Filme Extranjero.
IT WAS JUST AN ACCIDENT
Dirección y guion: Jafar Panahi
Irán/Francia, 2025
Duración: 1 hora 43 min.
Era una película necesaria: mirar el estallido a seis años de ocurrido, desde un punto de vista personal e identificable, aporta.
Y justo cuando Carlo Siri, quien fuera dueño de la tradicional fuente de soda ubicada en la Plaza Italia, recibe una sentencia a su favor (una demanda contra el Estado).
(Ojo: muy buenas las entrevistas en Ex-Ante a Siri y al realizador y al protagonista de esta película).
El filme de Daniel Vivanco ficciona con estos hechos y se enfoca en el personaje que llama Luca Barella (Luis Gnecco), a quien construye como ese héroe solitario e incorruptible de ciertas películas de Hollywood (pero sin ningún poder). Él trabaja allí, en ese local que ha heredado de su padre Giovanni (Patricio Achurra), que ya no está en sus cabales.
Luca practica Laido, arte marcial japonés en que se usa la katana , una disciplina que entrena en el autocontrol y la armonía. Y tiene su sensei , que es su amigo, entrenador y terapeuta (Francisco Pérez-Bannen).
El problema del personaje es que más que un héroe es un sujeto que tiene todo y a todos en contra (excepto a su sensei) y frente a eso él solo interpone su porfía, difusamente inspirada por aquellos principios del laido.
Su hermana lo presiona para que venda; su mujer le es infiel y ella, con su hija violinista, que se comporta como una adolescente insoportable que solo espera que su padre le pague una beca en el extranjero, viven su vida; su padre, bueno… hay que atenderlo cuando le da contra su enfermera.
Cuando empiezan los ataques y la destrucción de su local él decide enfrentar a los encapuchados, dar entrevistas a la tele y grabar con su celular.
Y aquí aparece lo más atractivo de la película: el antagonista. Mirko (genial Roberto Farías), un sujeto turbio que entra a La Fuente a “torear” y que luego dirigirá a sus huestes encapuchadas para atacar a Luca y al local.
Esta construcción dramática requería de un realizador con más experiencia. El guion debió acotarse, en lugar de agregar ramas que lastran el relato. Y es que aparte de que es imposible empatizar con un protagonista al que nada bueno le pasa (¡eso no es un héroe!), por ejemplo, aquellas ensoñaciones en unas (bellísimas) imágenes en el mar ¿aportan a la historia o desvían el rumbo?
Lejos lo mejor de este película son las impactantes imágenes de la destrucción de lugares icónicos de Plaza Italia y alrededores, que fueron captadas por el equipo realizador. Es muy fuerte mirarlas tan de frente.
Como dijera Vivanco en entrevista en Ex-Ante: “Dentro del público de una de las presentaciones (del filme), una mujer que vivía en ese tiempo en la Alameda, le pegó demasiado esta película. Terminó llorando, me abrazó. Me dijo: es necesario que los chilenos la vean”.
¿Quizás hubiese sido mejor un documental?
LA FUENTE
Dirección y guion: Daniel Vivanco
Chile, 2025
Duración: 117 min.
Otra belleza del ciclo de películas del universo Ghibli, que llega a cines remasterizada.
Kiki es una brujita de 13 años que deja su hogar porque así lo manda la tradición de las brujas, en que ellas durante un año deben valerse por sí mismas a modo de entrenamiento.
Kiki emprende viaje en su escoba junto a su gato negro Jiji, y llega a una ciudad desconocida, donde es acogida por la dueña de la panadería, quien además le da trabajo para “entregas a domicilio”, que ella hace montada en su escoba.
Es una historia mágica plagada de aventuras en un mundo real, que se abre a personajes de distintas edades y maneras de ser. El de Kiki es un viaje a su madurez, que ella enfrenta con alegría y optimismo, pero que tendrá sus tropiezos. Algunos son externos, otros, provienen de su propia resistencia. Muy lindos y variados personajes.
MAJO NO TAKKYUBIN
Dirección y guion: Hayao Miyazaki
Animación
Japón, 1989
Duración: 101 min.
Esta película es casi un ejercicio de autoficción. George Clooney es Jay Kelly y Jay Kelly es muchas veces George Clooney. (¡Quién podría quejarse de aquello!). Sí, hay ahí un juego, que se explicita cuando un personaje le lanza que él, Jay (¿o George?), siempre se hace a sí mismo.
Como en una road-movie —pero por Europa— Jay-George decide viajar junto a su representante y amigo, Ron (Adam Sandler). Va camino a recibir un homenaje de un importante festival de cine, justo cuando estos honores activan crisis existenciales. Jay tiene 60 años: ok, no es tanto, pero para un actor de cine (incluso si es hombre), sí que lo es.
En realidad, él se había alejado de ese mundo y este homenaje le obliga a mirar lo que no quería: su pasado y su presente; y lo que ha postergado por ser una estrella
Emotiva y con mucho humor (lo que sabe hacer muy bien Noah Baumbach), tiene en su elenco a Laura Dern y a Billy Crudup.
Ojo: el National Board of Review la eligió entre las películas top 2025.
JAY KELLY
Dirección: Noah Baumbach
Guion: Noah Baumbach, Emily Mortimer.
EE.UU., 2025
Duración: 132 min.
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