Andresini es un conocido “foodie” o buscador de tendencias gastronómicas. Tiene 15 mil seguidores en instagram y uno de sus últimos posteos generó polémica. “¿Puede un completo italiano costar 7 lucas? No lo creo”, dijo en la red y ardió Troya.
Se refería nada menos que a “La Antigua Fuente”, antes conocida como “Fuente Alemana”, cuyo nuevo local en el MUT de Tobalaba ha sido un éxito, pese al elevado precio -según algunos comensales- de sus sandwiches.
La controversia volvió a poner en discusión un viejo debate: ¿Es Santiago un lugar donde salir a comer cuesta muy caro? Es un comentario generalizado de turistas o chilenos radicados en el extranjero, que al volver al país se quejan de los altos precios de los restaurantes. Encuestas internacionales señalan que Santiago es más cara que Tokio para los segmentos más lujosos.
El dueño de Baco, Frédéric Le Baux, plantea que es cierta esa sensación de Santiago como una ciudad costosa para comer. “Yo pienso que post pandemia hay muchos restaurantes que se equivocaron al subir tanto los precios. Y hoy eso les pasa la cuenta. Antes de la pandemia nuestro ticket promedio estaba en $26.000 y hoy estamos en $31.000. Pero hay restaurantes que se volvieron locos, donde vas y te cobran $50 mil u $80 mil por persona”.
Sin embargo, al comparar la capital chilena con otras metrópolis no sale tan mal parada. Para Patricio Tapia, el principal crítico de vinos de Sudamérica, autor de la guía Descorchados, con ediciones en China, Brasil y EE.UU., entre otros países, la idea de Chile como un destino extremadamente costoso es un mito:
“La verdad es que, para comer, Santiago ya no es tan caro. Vengo llegando de varias comilonas en París, en NYC y en Mendoza. Y en todos esos lugares es similar o más caro que Chile. Nueva York es por lejos más caro. Mendoza, algo más caro. París más o menos igual”.
La reconocida crítica gastronómica Pilar Hurtado plantea que “comer en un restaurante de los que antes llamábamos de mantel largo (hoy muchos ya no tienen ni mantel) es caro aquí y en la quebrada del ají”.
“Los restaurantes de alta cocina en Chile son muy caros para el chileno promedio y para otros latinoamericanos, pero no para los estadounidenses. Menos mal que aquí no tenemos todavía estrellas Michelin, porque cada estrella va elevando los precios”.
Pese a todo, Hurtado confiesa que la idea de la picada prácticamente no existe en nuestro país, donde un plato puede costar 15 mil pesos en un restaurante de campo. “Comer en restaurantes promedio en Chile es un poco más caro que hacerlo en países como Italia o España”, afirma
El tema de la propina es un elemento que eleva los gastos. “Al menos en el caso de Italia no es costumbre dejar propina, como en Chile, y en la mayoría de lugares uno se para a la caja a pagar la cuenta, cancelando solo su consumo; eso ya baja un 10% en comparación con Chile. Para Estados Unidos nuestros restaurantes estándar son también más económicos que los de ellos (una copa de vino acá vale $5.000-6.000 versus una en California a un promedio de USD$15)”, dice Hurtado.
La cronista gastronómica Ana Riveros comenta que “los restaurantes en Colombia han aumentado sus precios y así y todo son mucho más baratos que en Chile. En cambio, hoy Argentina -que solía tener precios muy atractivos para los chilenos- es impagable. Estuve esta semana allá y los restaurantes estaban vacíos prácticamente todos, quebrando muchos. Un alfajor costaba casi 3.000 pesos chilenos”.
El escritor Álvaro Peralta, quien conoce muy de cerca la escena gastronómica de Buenos Aires, señala: “Efectivamente es caro salir a comer en Chile y se ha hecho más caro en los últimos 3, 4 años. Pero tiene sus matices. Lima es caro, Estados Unidos ni hablar lo caro que está. Buenos Aires ha subido sus precios también muchísimo, no solo para nosotros por el cambio, sino que para los mismos bonaerenses”.
Agrega: “Santiago es barato comparado con Londres y Nueva York. La actividad gastronómica es un espejo de lo que pasa en la sociedad. En Chile la vida se ha hecho más cara, la gastronomía no puede estar fuera de esa tendencia. Entonces la ecuación es muy compleja”.
Peralta sostiene que falta mayor diversificación de la oferta. “Todo el mundo quiere apuntar al mismo público, que supuestamente está dispuesto a pagar más. El problema es que no tenemos las opciones que tienen los consumidores en otras ciudades. No tenemos tanta buena comida barata como tiene por ejemplo Madrid, con sus bares de tapas; Buenos Aires con sus bodegones, o Lima con algunos mercados”.
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