-Respecto a la percepción de corrupción hay algunas variaciones importantes, baja en la fiscalía y el gobierno. Sube en las grandes empresas. ¿Hay una relación con el caso Audio?
-La sensación mayoritaria es que hay un alto nivel de corrupción en todas las instituciones públicas. Y cuando aparece este caso se refuerza esta percepción.
-¿Las palabras de Boric se alinean con cierto pensamiento mayoritario de la población?
-Lo que piensa la mayoría es que el caso de Hermosilla afecta particularmente a la derecha. Por contraste, el gobierno mejora, lo mismo que la Fiscalía, que hoy día está investigando. Pero a quienes se está apuntado hoy, según la encuesta, es tanto a Chile Vamos como a Republicanos.
-¿Piensas que lo que dijo el Presidente Boric fue un error?
-Hay dos maneras de mirarlo. En términos de efectividad para mantener su aprobación y como jefe de campaña de su coalición, es una apuesta que probablemente le rinde, porque sintoniza mucho con un sentir ciudadano y con la rabia contra las élites. Lo que percibe la ciudadanía es que hay una connivencia en toda la élite política, económica y judicial.
De alguna manera eso pone una diferencia con casos de corrupción que involucran a las fundaciones de izquierda. Son casos igualmente graves y groseros, pero donde no está metida la élite económica y por lo tanto los sospechosos no son poderosos, sino personajes menores, políticos de segunda categoría que roban.
-¿En esos casos no aparece la lógica de “el pueblo versus la elite”?
-Claro. Y lo que se ve ahora es un escenario donde el presidente intuye que resurge la lógica del estallido social: se reinstaló el relato de que las élites económicas y políticas, son las grandes abusadoras. Entonces, el presidente pone una cuña que le rinde.
Ahora, visto por el otro lado, el presidente no actúa como jefe de Estado, sino más bien como jefe de campaña de su coalición. Lo cual en el mediano plazo termina afectando la confianza general en el mundo político. Lo que hace Boric es seguir entrando en el barro y en el espiral de confrontación que solo termina con el descrédito general.
-¿Cómo has visto la reacción de la UDI? Guillermo Ramírez dijo que Andrés Chadwick era una persona decente y que confía en él. ¿Es una estrategia correcta?
-Las reacciones son propias de defensas corporativas, pero no dan la impresión de que tengan toda la crisis dimensionada. Ellos no saben hasta dónde puede llegar. No se hacen cargo de algo que tienen que resolver: es muy inverosímil que, dado el nivel de poder que tenía el gobierno del Presidente Piñera, no hayan sabido lo que pasaba. O eran ingenuos o estaban ciegos frente al actuar de Hermosilla, lo que hablaría mal de la derecha en términos políticos por la incapacidad de poner cortafuegos respecto a prácticas dudosas. La UDI todavía no ha reaccionado.
-El informe del PNUD reinstala la idea de la élite económica versus la ciudadanía. ¿Esa tesis ordena el discurso de la Moneda?
-Se produjo una tormenta perfecta para darle nuevamente entidad al relato contra las élites. Aparece el informe del PNUD, que habla de que las élites siguen siendo parte del problema y no de la solución. Y coincide con el caso Audio, que vuelve a alimentar la sospecha contra las élites, que tendrían prácticas al margen de la ley. Son los famosos delitos de cuello y corbata.
Ambos hechos, el informe del PNUD y el caso Audio, hacen match para resucitar esta narrativa respecto de las élites abusadoras, que viven en un mundo desconectado respecto a lo que experimenta la mayoría de la gente.
-¿Es un relato que nunca desapareció pero estaba debilitado por el triunfo del Rechazo en 2022?
-Hubo un desgaste de ese discurso y quedó debajo del relato de seguridad, de la crisis económica. Pero sigue dando vueltas. Probablemente el mundo de la izquierda está viendo cómo volver a darle bencina.
-¿La izquierda ha tomado las lecciones de Penta, Soquimich? Al principio parecía que la derecha estaba involucrada, pero después la izquierda también salió trasquilada.
-Claro, pero Audio es una noticia en desarrollo. Lo más evidente hasta ahora es que esto afecta al mundo de la derecha, pero puede terminar irradiando a la izquierda, porque es una bomba que genera mucha radioactividad y no sabemos hasta dónde va a llegar. El gobierno debiera ser más cauto, porque esto puede terminar pegándole a toda la clase política. Lo que debiera aprenderse de esta crisis es que hay que hacer reformas profundas al sistema político, al nombramiento de los jueces, para modernizar el Estado.
Ahora, en la derecha hay un problema mayor: si acá no hay mayor claridad respecto a las responsabilidades, los grupos al interior de la derecha se van a confrontar. El mundo republicano puede culpar a Chile Vamos y hacer de esto una oportunidad para hegemonizar el sector. Lo que puede tener también implicancias en la elección presidencial.
-¿Y en las municipales?
-A la oposición le va a ir mejor, pero no tan bien como se suponía en algún minuto. Hoy el gobierno tiene un piso bastante más sólido. Además, la derecha va a perder en lugares donde no fue capaz de tener candidato único. Lo que se esperaba que fuera una debacle para el oficialismo, no va a terminar pasando probablemente.
El oficialismo ha recuperado fuerza después del plebiscito del 4-S, donde estuvo prácticamente en el suelo. En 2023, cuando se impuso el “En contra”, aquello le dio un aire al gobierno, porque la campaña del “A favor” fue contra el gobierno. De ahí en adelante la oposición ha seguido un proceso de descomposición y de tensión interna que solo ha favorecido finalmente al oficialismo.
-Llama la atención el alza en las encuestas de la expresidenta Michelle Bachelet. En los últimos siete meses pasó de 6 a 17%. ¿Cómo ves su candidatura?
-Más allá de que Bachelet es una figura con mucho potencial, lo que está mostrando la encuesta es que el oficialismo no está en el suelo y que hay un espacio importante para una candidatura del mundo de la centroizquierda e izquierda. Y que la elección presidencial está claramente abierta.
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