-¿Qué se juega en esta elección?
-Lo primero es que nunca prendió. Si no fuera porque hay regiones emblemáticas en juego sería bastante anodina. Entonces, hay que ver cuánta abstención podríamos llegar a tener, porque esta podría ser la abstención potencialmente más estructural que veamos con voto obligatorio. Un porcentaje de votantes ya le perdió el miedo incluso a la multa. Es una votación muy poco atractiva para la mayoría de la gente.
-¿Qué tan importante es la elección de Santiago entre los dos Orrego, que representan estilos bastante diferentes? ¿Crees que va a ser un antecedente presidencial?
-No necesariamente. Si gana Claudio Orrego, la lectura de la élite política va a ser que la derecha no pudo hacer un plebiscito contra el gobierno y que el gobierno ganó. Pero eso no significa que la gente no siga enojada con el Presidente Boric. Y esos votos tampoco son traspasables al futuro candidato del oficialismo.
En segundo lugar, si gana Claudio Orrego, tampoco es una mala noticia para Evelyn Matthei en las presidenciales. Porque Claudio Orrego, de alguna manera representa ciertas claves políticas que se parecen bastante a ella.. Es decir, si gana Claudio Orrego, va a ser la confirmación de la moderación. Matthei también puede sacar cuentas alegres, en el sentido de que la posibilidad de ser amenazada por liderazgos emergentes o novedosos queda reducida.
-Aparte de Santiago, hay varias regiones claves que pueden marcar una tendencia. Valparaíso, Biobío. ¿Cuál es tu pronóstico?
-Hay varias regiones que son interesantes. Valparaíso es una región donde hay primacía oficialista hoy día. Y si termina ganando la oposición es una señal muy fuerte para el oficialismo. Pensemos lo siguiente: en los lugares donde mejor le va a la izquierda es en la Metropolitana y en Valparaíso. Si la oposición gana una de ellas, puede impactar fuertemente en las elecciones parlamentarias futuras.
Después hay una elección en el norte, en Antofagasta, que es atractiva en términos de ver si se refuerza la tendencia a la moderación. Es decir, si es que gana Marcela Hernando, del Partido Radical, versus el candidato independiente del Frente Amplio, Ricardo Díaz. Y en el sur, en Los Lagos, también se puede reforzar la tendencia a la moderación, si gana Alejandro Santana (RN) versus la candidata republicana Claudia Reyes. Son dos elecciones que van a poner en disputa las dos hegemonías dentro de la derecha y de la izquierda.
-Son 11 regiones las que quedan, hay algunos pronósticos que apuntan a 5 del oficialismo y seis de la oposición. ¿Cuál es tu apuesta?
-El oficialismo ya tiene cinco. Tiene cuatro ganadas y una dónde van dos del oficialismo. Le quedan tres para tener el empate. Entonces, lo más probable es que el oficialismo tenga ocho o algo más, lo que no significa que no va tener una pérdida, porque hoy tiene 15 contra 1 de la oposición. Pero lo esencial es qué va a pasar en la Región Metropolitana, por población gobernada. En segundo lugar en Valparaíso. Y después en Biobío, donde está bien claro quién va a ganar: Sergio Giacaman (UDI).
-¿Cuál va a ser el efecto del caso Monsalve, que ha impactado al país?
-La incidencia del caso Monsalve va a ser marginal. Es decir, mucha gente va a elegir por una lógica más territorial o de gestión. Los votos por candidatos oficialistas no suponen que apoyan al Gobierno. Así como la votación por candidatos de oposición no es tampoco un plebiscito contra el gobierno para la mayoría. Los candidatos, más allá de su posición política, ganan por gestión, por historia, por haber hecho una buena pega. El triunfo de Pancho Orrego sería que la elección terminó siendo más política. Si gana Claudio Orrego termina siendo más de gestión.
-Pero el votante puede castigar la reacción del Gobierno frente al caso Monsalve.
-El caso Monsalve también estaba muy arriba de la mesa para la primera elección, y resulta que Tomás Vodanovic sacó el 70% de los votos. Claudio Castro sacó el 77%. O sea, es una elección mucho más vinculada a lo local. La gente no sabe qué hacen o para qué sirven los gobernadores. Si se politiza más la elección y finalmente se articula una idea de plebiscito contra el oficialismo, probablemente el caso Monsalve va a tener más fuerza. Yo tengo la impresión de que no va a ser tan política esta elección.
-Esta elección ocurre en un momento complejo para el Presidente Boric. ¿Cuál es tu apreciación sobre cómo ha enfrentado esta crisis?
-Está claro que esta es una crisis mucho más grande que la de los indultos y tal vez más o menos grande que el fracaso constituyente. Todavía le queda gobernar hasta el 11 de marzo de 2026. Es muy complejo porque el caso Monsalve lo deja sin agenda.
El Presidente está atrapado y no sabe cómo salir de la trampa en la que está. La forma en que podría salir es algo que no lo acomoda. La solución tiene que ver con pedir disculpas al país, con hacer un cambio de gabinete, con asumir ciertas responsabilidades, plantear un nunca más. Es decir, hacer la pérdida. Y eso no le acomoda al Presidente.
-Boric dijo que no iba a hacer un ajuste de gabinete, pero ¿un mal resultado del domingo podría hacerlo variar de opinión?
-Todo el gabinete está cuestionado, igual que el Presidente. La suma y resta que hace el Presidente es decir: bueno, a quién voy a sacrificar en función de que ese sacrificio termine perdonándome a mí. Hoy día, claramente el sacrificio tendría que pasar por la ministra del Interior y por alguien más. Por otro lado, la ministra del Interior no está dispuesta a ser sacrificada por una responsabilidad que ella siente que no tiene.
-¿Los errores más notorios fueron los del Presidente, más que los de Tohá?
-Exactamente. El Presidente de alguna manera ha demostrado que en las crisis no tiene el suficiente liderazgo ni tiene la suficiente fuerza. Así como no tuvo la fuerza de sacar a Monsalve en su minuto, tampoco tuvo la fuerza para hacer un cambio de gabinete. Boric no logra resistir bien la presión. Esta crisis ha demostrado una forma de actuar del Presidente, donde a él le gusta escuchar opiniones que refuerzan lo que él está pensando, más que abrirse a nuevas formas de entender los problemas.
-¿En qué posición queda Miguel Crispi?
-Al final Crispi y Durán no le ponen el cascabel al gato al Presidente, y tampoco Boric escucha opiniones distintas. La regla número uno de una crisis es: escucha diversidad de opiniones. No puede ser que en una crisis como esta se haya refugiado además en dos hombres. Más que buscar opiniones y tener una reflexión, Boric va a confirmar lo que él cree. Al Presidente no le gusta que desafíen lo que él quiere hacer. Por eso se enoja bastante con los medios, con los columnistas, con los críticos.
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