-¿Cuánto pueden influir las redes sociales en una elección presidencial?
-Enormemente. Lo importante de las redes es que generan narrativas que permean del mundo real a las redes, o viceversa. Es en la conversación con el mundo real donde las redes son enormemente importantes para la configuración de narrativas de campaña.
Las redes sociales debiesen estar directamente conectadas con la estrategia de la campaña, porque permiten escuchar en tiempo real un focus group permanente, que da narrativas y asociaciones que la gente hace con sus planteamientos. Las redes no dicen quién va a ganar, pero sí presentan las reacciones frente a algunos temas importantes.
-¿Crees que los comandos han logrado comprender la influencia que tienen las redes en una elección?
-Los comandos no entienden hasta qué punto la información en las redes es más que una encuesta digital. La mayoría de los informes digitales que reciben tienen que ver con cuánto volumen de actividad digital generan. Eso los hace provocar en la audiencia una relación de amor-odio: saben que es importante generar volumen, pero es un poco odioso porque a veces hay que hacer escándalos para generar volumen.
La riqueza de las campañas digitales es ir paseándose por los distintos grupitos y ver de qué están hablando, e ir interactuando. Ese tipo de exploración todavía no lo hacen los comandos, y hay estrategias que se pueden desarrollar. La clave es tener pequeños emisarios —incluso anónimos, mandados por los comandos— en cada grupito, en vez de hablarle a todos con un megáfono.
-¿Qué tan recurrentes son esos emisarios anónimos?
-Se usan mucho, pero de una manera un poco bruta. Puede ser una cosa muy sutil, como insertar un tema de conversación en una comunidad donde se está hablando de otra cosa. Eso parece mucho más orgánico que si sale el candidato a hablar. El problema es que los comandos todavía no lo están haciendo porque están perdidos en quién grita más fuerte.
-¿Qué sentimientos predominan en las redes en relación a la campaña presidencial?
-Es adversarial, hay mucha crítica, y la gente tiene la experiencia de tuitear algo y que le respondan puros garabatos. Pero las campañas tienen una lógica de triangulación, de tratar de conectarse con las audiencias más adecuadas, y crear alianzas más allá del propio ámbito de influencia.
Si uno mira el promedio entre mensajes positivos y negativos, la gente que tiene más tendencia a opinar es la que está enojada. En las últimas semanas, los mensajes negativos son cuatro veces el número de los positivos.
-¿Cómo ha sido el desempeño de Kast?
-Kast tiene una discusión positiva que tiene que ver con temas que él propuso previamente. Lo negativo es que se le tilda de que todo es mentira. Ni siquiera es que las propuestas sean malas, sino que todo es mentira.
-¿Pasa algo similar con Jara y Matthei?
-Con ella donde más se aprecia lo positivo es en sus programas sociales. Es ahí donde la disyuntiva contra Jara tiende a ser mucho de no creerle, pero también de contrastarla con las ideas que proponen Kast y Kaiser en el lado opuesto.
Matthei últimamente ha logrado posicionarse al centro de la conversación con una razón bastante crítica de mensajes negativos versus mensajes positivos. Por cada postura positiva, hay ocho mensajes que la cuestionan. Hay una crítica multidimensional que es consecuencia de posicionarse en el centro de la conversación, donde te llegan los ataques.
-¿Y la performance de Kaiser y Parisi?
-Kaiser es extremo. La gente lo adora o lo odia, y son respuestas muy directas en su caso. En su cuenta, él plantea nuevos temas para producir un impacto, y lo logra. Parisi, recientemente, ha empezado a hacer una suerte de panfletos digitales de sus propuestas de campaña, con emoticones. Al contrario de la elección anterior, sus ideas no son tema de conversación en las redes. Aunque tiene sus fanáticos, la crítica es a quién le está hablando.
-¿Cómo has visto a los medios tradicionales ante la penetración de las redes sociales?
-Los medios se han quedado atrás. No han hecho un análisis profundo de lo que pasa en las redes sociales, y miran las redes como una encuesta. Las redes sociales son una pésima encuesta, sobre todo con el voto obligatorio, porque la gente que define la elección es la que no opina en ningún lado. En las redes encuentras muchas narrativas, y yo veo muy poco periodismo que lo esté explotando bien.
-¿Ha avanzado la desinformación en las redes sociales?
-Las redes sociales permiten promover mensajes alternativos, que permiten conectarse con los que están dispuestos a aceptar esa información. Si alguien postea algo así, va a haber gente que lo va a apoyar y va a generar una comunidad. Pero las noticias falsas nunca logran llegar al centro de la conversación. Cuando llegan al centro, todos la ven y se forma una polémica. Sólo pueden sobrevivir si se mantienen aisladas.
-¿Cómo este factor puede terminar influyendo en una elección?
-Esa influencia puede ser enorme, porque se conecta con la fragmentación de la red. Puede afectar elecciones, pero sobre todo es muy pernicioso para la vida en la sociedad. Cuando se generan estos grupos aislados, hay que ir a buscarlos para traerlos a la realidad.
-También hay cuentas, conocidas como trolls, que replican algunos mensajes desinformativos.
-Eso pasa todo el tiempo. Pero cuando miramos la red, esos mensajes se quedan en la periferia y nunca toman preponderancia en la conversación, pero pueden imponer temas que después quedan en el éter, y los captura otra gente para la conversación, y aparece la duda. Más que convencer, lo que muchas veces esas cuentas quieren es sembrar la duda.
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