Mayo 13, 2022

Convención: El regreso a la premodernidad. Por Juan Luis Ossa

Historiador e investigador del CEP

“El borrador de la nueva Constitución contiene una nada escondida crítica a la forma occidental y moderna de comprender la comunidad política. Lo que ahora vale en la Convención son las demandas y necesidades particulares, no el universalismo que suponen la nación y la ciudadanía”, afirma el historiador e investigador del Centro de Estudios Públicos.


Entre los muchos cambios provocados por la modernidad y las revoluciones atlánticas de los siglos XVIII y XIX sobresalen dos cuestiones complementarias: en primer lugar, que “la soberanía reside esencialmente en la nación”, es decir, que la toma de decisiones ya no depende del absolutismo de los monarcas, sino del “pueblo” (en singular)

En segundo, que los integrantes de ese pueblo son, al menos en teoría, iguales ante la ley, un principio central en el proceso de construcción de la legitimidad política. Sin legitimidad, no hay autoridad que perdure en el tiempo. Ahí está el que es, quizás, el más relevante de los temas a los que se ha abocado desde entonces el constitucionalismo: pensar y diseñar instituciones legítimas.

Que la soberanía y la modernidad se hubieran ligado tan fuertemente a la ley constitucional marcó un antes y un después en el vínculo entre gobernantes y gobernados. Fue el sistema representativo, a través de la introducción de elecciones periódicas, el que institucionalizó dicha relación, ya que allí donde antes se nombraban autoridades a dedo, ahora pasaron a ser elegidas por la ciudadanía.

Por su puesto, hubo de correr mucha agua antes de que la promesa de la ciudadanía sobrepasara los límites impuestos por las élites. No obstante, que el ejercicio electoral se transformara en el único mecanismo para erigir a quienes nos gobiernan permitió ir dejando atrás las prácticas corporativas del antiguo régimen.

Detrás de esta conquista descansa la idea de que las elecciones (sobre todo las presidenciales) se deben realizar en territorios -países, naciones- concretos y específicos. Ese es el caso de muchos Estados occidentales, donde la nación y la nacionalidad han sido en general consideradas como “únicas e indivisibles”, en un intento por aunar las diferencias que existen en las sociedades multiculturales bajo un paraguas común y universal.

La “nación chilena” ha sido, por ejemplo, el escenario universal de múltiples elecciones desde el siglo XIX, cuando las primeras contiendas electorales en el país comenzaron a configurar un incipiente sistema de partidos con representación en el Ejecutivo y el Congreso. La creación y aceptación de ese escenario no detuvo ni puso freno al conflicto político, sin embargo. Por el contrario, el significado de “nación” ha sido muchas veces disputado por diversos grupos sociales y políticos, en una relación de tire y afloje entre sectores más o menos propensos al nacionalismo.

Hay, con todo, un elemento que, hasta el comienzo de la Convención Constitucional, no había sido mayormente cuestionado ni disputado en Chile: la legitimidad de la nación como un componente político-cultural con aspiraciones universalistas. En efecto, el particularismo identitario de los constituyentes se ha posicionado en las antípodas de lo que históricamente hemos entendido por nación y por ciudadanía.

Ambos conceptos han perdido terreno ante la noción de “pueblos” (en plural), una palabra que retrotrae al viejo argumento de que la representación debería regirse según criterios corporativos (por territorio, por etnia, por cultura) antes que por la sumatoria de ciudadanos iguales ante la ley. De ahí, pues, que la soberanía haya dejado de residir esencialmente en la nación, para dar paso a una declaración incluso más vaga y abstracta: “Chile es un Estado Plurinacional e Intercultural que reconoce la coexistencia de diversas naciones y pueblos en el marco de la unidad del Estado”.

Tenemos, pues, que el borrador de la nueva Constitución contiene una nada escondida crítica a la forma occidental y moderna de comprender la comunidad política. Lo que ahora vale en la Convención son las demandas y necesidades particulares, no el universalismo que suponen la nación y la ciudadanía. Ni el marxismo ni la socialdemocracia (ambas corrientes cuyas pretensiones de universalidad son innegables) se salvan de esta diatriba.

¿Serán los convencionales verdaderamente conscientes de que sus normas nos están llevando de vuelta a la premodernidad? Extraño, por decir lo menos, si pensamos que el objetivo del proceso constituyente era diseñar un pacto constitucional con miras al siglo XXI.

Publicaciones relacionadas

Escritor y columnista

Abril 13, 2024

Perfil: Diosdado Cabello, el omnipotente. Por Rafael Gumucio

Chile y su gobierno son últimamente de los blancos favoritos del humor color hormiga de Cabello. El desprecio con que trata al Presidente de Chile, la pachorra con que se refiere a las bandas de crimen organizado que se han ido convirtiendo en la principal exportación del régimen bolivariano, son algo más que el desahogo […]

Ex-Ante

Abril 13, 2024

Chile y el caso de Ronald Ojeda: Todo tibio. Demasiado tibio. Por Kenneth Bunker

Cuando el canciller venezolano esta semana sugirió que el Tren de Aragua no existe, el gobierno de Chile no hizo más que deslizar un par de críticas. Mientras que la ministra Tohá adoptó un tono parental, hablando de meros “insultos”, la ministra Vallejo esbozó la idea de que el Presidente estaba evaluando llamar a consulta […]

Director ejecutivo del Instituto UNAB de Políticas Públicas y ex ministro de Educación.

Abril 13, 2024

Niños sin matrícula y restricciones para abrir nuevos colegios: ¿Quién paga la cuenta? Por Raúl Figueroa Salas

“La capacidad de gestión de un gobierno, tantas veces ninguneada, es una pieza fundamental de las políticas sociales efectivas. Diagnósticos claros, objetivos precisos y acciones concretas con una mirada local son necesarias para abordar las urgencias. La tendencia a la centralización y deshumanización de las propuestas como una vía de solución tiende a fracasar y […]

Abogado, ex presidente de la Cámara de Diputados

Abril 12, 2024

La dictadura chavista tiene santos en la corte en Chile. Por Jorge Schaulsohn

Imagen: Agencia Uno.

Frente a un hecho gravísimo que comprometió la seguridad nacional, el gobierno chileno no dijo absolutamente nada, trató el crimen como un delito común. Ignoró completamente a la viuda negándose a recibirla. Solo lo hizo ahora ante este nuevo impasse, un gesto que estas alturas aparece como oportunista y cruel. El propio Presidente salió en […]

Por Ana Josefa Silva, crítica de cine

Abril 12, 2024

Las 7 series que hay que ver: humor, thriller, ciencia-ficción, “true-crime”. Por Ana Josefa Silva

Imagen de Eiza González en "El problema de los tres cuerpos", disponible en Netflix.

La mayoría son de este año. Y sí, la mayoría son thriller o de acción, pero muy distintos: algunas son comedias; otras, de humor muy pero muy negro; una es una radiografía a la corrupción; otra, un “true-crime” y también incluí la serie ciencia-ficción que está arrasando en estos días. Además, una serie que había […]