Junio 26, 2022

Bernardo Larraín: “No es honesto decir que se puede aprobar para reformar, porque sería prácticamente imposible”

Marcelo Soto

El empresario Bernardo Larraín, ex presidente de la Sofofa, fundó el grupo Pivotes, que se define como un laboratorio de políticas públicas, en el que participan Elisa Cabezón, Joaquín Barañao, Rafael Palacios y Angélica Cepeda. Con ellos lanzó un documento muy crítico del texto constitucional y con propuestas alternativas en materias como economía y medio ambiente; sistema político; forma de Estado y derechos sociales. “Estoy absolutamente decepcionado”, dice sobre el trabajo de la Convención.


-La propuesta de Pivotes se llama “Recuperemos la oportunidad”. ¿La Convención desperdició el momento constitucional?

-Nosotros tenemos una posición muy crítica respecto de cuatro piezas del engranaje constitucional, que son: un nuevo equilibrio entre la naturaleza y el progreso; sistema político; descentralización y los derechos sociales. Se basó en un diagnóstico equivocado y entregó respuestas erróneas. La Convención dilapidó una oportunidad.

-¿Por qué dices que el diagnóstico es equivocado? ¿cuál diagnóstico?

-En materia medioambiental, el desequilibrio entre naturaleza y progreso se debería según ellos a un exceso de crecimiento. Crean un nuevo instrumento de reclamación, que para nosotros tiene un alto riesgo de ser capturado por activismos del decrecimiento. Algo similar ocurre con los bienes comunes naturales, que son inapropiables: el agua, el mar, el cielo, las playas. Y que solamente podrían ser utilizados económicamente a través de autorizaciones administrativas. Nuevamente, precariza el uso de estos bienes para la actividad económica. La Convención optó por una visión desintegradora, que coloca en oposición el progreso con la conservación, cuando deberíamos integrar ambos conceptos bajo un principio de desarrollo sostenible, con la persona humana como centro de la discusión.

-Pero, ¿era necesario establecer una nueva relación con la naturaleza?

-Absolutamente. Y el texto  actual era completamente insuficiente, tenía omisiones y falencias. Pero la Convención fue a otro extremo, con conceptos como derechos de la naturaleza o bienes naturales comunes, que vienen del constitucionalismo latinoamericano, es decir de Ecuador y Bolivia. Provienen de activismos del decrecimiento. Lo que sorprende es que hayan tomado protagonismo dentro de la Convención y hayan reunido 103 votos para que quedaran en el borrador sus posturas.

Mucha gente dice que esta constitución hay que aprobarla porque dice que Chile es un estado social y democrático de derechos. Pero el texto no va a cambiar la vida de las personas. El bienestar no está determinado por las frases poéticas de la constitución. Ambos extremos, sobredimensionar la poesía del texto o estigmatizarlo por Rojas Vade, son chantajes inaceptables.

-¿Tiene mucha poesía el texto?

-Y está bien que la tenga, porque hay una parte épica en la constitución. Pero no es sincero decir que esas frases que prometen todos los derechos sociales harán la diferencia.

-El sistema político, por ejemplo, establece dos cámaras asimétricas y un sistema presidencial. ¿Qué falla ahí según ustedes?

-La Convención partió de un diagnóstico errado -el Senado es el problema- para proponer una respuesta errónea. Este bicameralismo asimétrico con sistema presidencial es único en el mundo y va acentuar la crisis política y no la va a reducir. Porque debilita un aspecto fundamental de las democracias, los pesos y contrapesos que impiden la captura del sistema por parte de mayorías circunstanciales, por parte de activismos o por parte de populismos.

-Uno de los cambios más relevantes que propone la Convención se refiere al estado regional. ¿Piensas que no es viable?

-Lo que propone el texto es dividir Chile en 16 territorios autónomos, y en 11 pueblos naciones autónomas. Pero el problema del país no era la autonomía política, administrativa y financiera de las regiones. El problema era que están mal distribuidas las capacidades del Estado. Eso se puede solucionar manteniendo el concepto de una nación, de un estado.

Un elemento central del borrador permite que municipios, regiones, creen empresas públicas. Decimos: Ok, estamos de acuerdo con relajar el requisito para crear empresas públicas. Pero las empresas públicas deben operar en igualdad de condiciones que las empresas privadas. Por ejemplo, la regulación de emisiones que tenía la fundición Ventanas, es distinta a la regulación que tienen las centrales de generación eléctrica. Porque es una empresa estatal a la cual se le dio un cierto privilegio regulatorio.

-Darle más poder a la regiones es un viejo anhelo. ¿La propuesta de la Convención en ese sentido no te parece realista?

-Los países no cambian de un día para otro. No conozco ningún proceso en el mundo donde un país cuya historia siempre fue unitaria abra los ojos y quiera transformarse en un cuasi federalismo, como es lo que propone el borrador. Los países son federales porque nacieron así. Suiza nació con los cantones y los cantones decidieron tener un estado federal para ciertas funciones. Lo mismo EEUU. No porque un grupo de iluminados amanezca diciendo que queremos transformarnos en un conjunto  de entidades territoriales autónomas, la realidad va a ser así. Eso es profundamente equivocado.

-Un punto central es la definición de un estado de derechos sociales.

-Probablemente sea lo más anhelado por las personas. Pero no van a hacerse realidad si tenemos un mal sistema político, si no logramos un nuevo ciclo de progreso que equilibre crecimiento con la naturaleza.

El estado tiene que tener un rol robusto, que no está en la constitución del 80, pero no hegemónico sino como articulador de capacidades, sea sociedad civil, el mundo del emprendimiento, todos coexistiendo en igualdad de condiciones. Crear dos sistemas, uno estratégico, preferente, con financiamiento estatal asegurado, y un segundo sistema privado que queda en el olvido, que no se prohíbe pero no hay ninguna garantía constitucional de su existencia, nos parece errado. Se debilita la libertad de elección y la diversidad que provee la sociedad civil.

-¿El texto constitucional tiene un sesgo anti empresarial?

-Yo creo que tiene un sesgo anti historia de Chile, anti acumulación de experiencias de distintos períodos del pasado, un sesgo donde lo refundacional siempre es mejor que la experiencia, un sesgo de crear conceptos nuevos versus utilizar los existentes. Y un sesgo a favor del estado, que es el centro, camino y destino de la vida económica, social y cultural del país.

-¿Llaman a rechazar?

-Como Pivotes, somos críticos del texto constitucional porque parte de un diagnóstico equivocado y entrega respuestas erróneas, que dejan en el camino alternativas mejores. Nuestro documento es importante para cualquier escenario del 4 de septiembre. Si gana el apruebo será una referencia para guiar esas reformas y la implementación en leyes del texto constitucional. Si gana el rechazo, será una base para comenzar un proceso que permita construir, ahora sí, esa casa de todos. Lo que cada integrante de la red Pivotes decida es decisión personal; la tomarán en los días previos y la ejercerán en la urna. Y eso también aplica para mí.

-¿Y tienes decidido tu voto? Todo indica que vas a votar rechazo.

-Yo tengo decidido mi voto, pero no creo que sea relevante revelarlo y lo expresaré en el secreto de la urna.

-Votaste apruebo en el plebiscito anterior, ¿te ha decepcionado el texto?

-Sí, absolutamente. Hay quienes dicen que el proceso es más importante que el resultado. Porque fue un proceso democrático, histórico, único, que nunca tuvimos en Chile. Y aunque el texto sea imperfecto, votarán apruebo. Yo les digo: lean el texto. El proceso ya fue. Incluso lo que haga Armonización no va a cambiar el fondo de estas cuatro materias.

Si el texto es profundamente equivocado, o desconectado con los desafíos de siglo XXI, yo confío en que la ciudadanía sabrá sopesar si quedarse con este texto que nos propone la Convención es mejor o no que intentar otro proceso distinto, más ágil, que eventualmente genere un texto constitucional que sea la casa de todos. Este claramente no logró eso.

-¿Por qué crees que el texto tiene este sesgo que mencionabas?

-Es muy sorprendente, hemos hecho mucho análisis, de big data, para entender de dónde vienen estos conceptos. La naturaleza como sujeto de derechos, el bicameralismo asimétrico presidencialista, el estado regional, no vienen del debate público, vivo, rico, profundo, previo al inicio del funcionamiento de la Convención. Hay que sacarle el sombrero a aquellos sectores de convencionales que son de este mundo de los activismos anti crecimiento, de la lógica asambleísta, de una mirada hegemónica del estado de derechos sociales.

Me saco el sombrero por la eficacia que tuvieron para que sus conceptos, que no eran mayoritarios en Chile, llegaran al texto constitucional. También me sorprende que aquellos colectivos que fueron actores que participaron en el debate previo, y que no expresaron esos conceptos, después parece que cambiaron de ideas.

-¿Quiénes?

-El colectivo socialista, los independientes no neutrales: si uno ve lo que decían antes los que componen esos grupos, no eran estas cosas. Y sin embargo se fueron sumando con entusiasmo, ¿qué pasó ahí? Una especie de burbuja de euforia. Quisieron ser parte de una épica, una intención de rejuvenecerse, por ser parte de esta música que pusieron ciertos colectivos en la Convención que en Chile son minoritarios.

-¿Es más fácil reformar a partir de un rechazo o de un apruebo?

-Obviamente la forma de reformar la constitución que está en el borrador es bastante compleja. Piensa que cada reforma requiere, respecto a ciertas materias fundamentales, dos tercios del Congreso y de la Cámara de Regiones, o alternativamente, si solo alcanzan 4/7, un plebiscito.

Claramente, no es honesto proponer aprobar para reformar, porque esa reforma es prácticamente imposible. Si quieres aprobar es porque te gusta el texto. No apruebes para reformar, porque la reforma es muy difícil y tampoco es bueno que cada reforma que se plantee al sistema político, pase por dos tercios; o cuatro séptimos y plebiscito. Se consumiría  toda la energía política en este proceso de reformas que va a ser extremadamente difícil y engorroso, por lo tanto creo que no es honesto el aprobar para reformar. Si lees el texto y crees que es malo, lo más coherente es optar por rechazar, para iniciar un nuevo proceso.

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