“Archipiélago”: el ADN literario de Mariana Enríquez. Por Héctor Soto

Ex-Ante

El nuevo libro de la célebre escritora argentina no es una obra de ficción y tampoco un ensayo. Es un conjunto de crónicas reveladoras de sus gustos, ancestros y perversiones literarias. Como libro, muy clarificador. Como lectura para quienes aman la literatura, fascinante.


Autora ya de cuatro novelas (Nuestra parte de la noche, de Anagrama, es la última), de varios libros de cuentos y además gran cronista (El otro lado, UDP, reúne varias), Mariana Enríquez es la nueva revelación de las letras argentinas y latinoamericanas. Se dice que los jóvenes ya no leen a Bolaño sino a ella. Donde vaya es recibida como una rockera y sus novelas no solo han movido las agujas, sino que también la han convertido en escritora de culto.

Confieso haberla leído poco (solo Nuestra parte de la noche) y confieso además que me sentí en lugar ajeno. Ni el gótico, ni el terror ni la oscuridad política y paranormal es lo mío. Soy de otra generación. Pero sería miope no reconocer en ella un imaginario potente, una prosa golpeadora y una capacidad para conectar con públicos a los cuales soy ajeno.

Así y todo, pocos libros me han entusiasmado más en el último tiempo que Archipiélago, título que acaba de publicar y que mapea tanto su inspiración como su ADN literario. Más que dar un juicio de valor sobre sus preferencias y gustos, es mejor conocerlas. Las siguientes son solo algunas observaciones de las muchas que contiene su libro.

  • Los inicios de la Mariana Enríquez lectora están asociados al cine de terror, a la fantasía macabra de los vampiros, también a poetas adolescentes como Lord Byron y Rimbaud, y desde luego al inagotable imaginario de Stephen King.
  • Stephen King no es una anécdota en su formación como lectora. No es que sus novelas la aterren. Es que le bañan de adrenalina y horror. No lo tomen por poca cosa: para ella es un escritor en la línea de Steinbeck, Mark Twain o Harper Lee.
  • Cuando leyó por primera vez El gran Gatsby no se le movió un pelo. No conectó. Tuvo que fascinarse con el cuento de Fitzgerald “Babylon Revisited” para darse cuenta de la obra maestra que se había perdido. Se dio de cabeza contra la pared porque no podía entender que la hubiera pasado por alto.
  • ¿Será cierto? Los 19 años son una buena edad para escribir poesía. No tanto para escribir novelas. La novela exige más kilometraje en términos de lectoría y reflexión teórica.
  • No es una lectora fetichista de las primeras ediciones ni de los libros firmados por su autor.
  • Le gustan los cuentos de Cortázar, pero no sus novelas. Tampoco pone las manos al fuego por Historia de cronopios y famas, libro abiertamente sobrevalorado.
  • Subraya los libros con lápiz de grafito, nunca con tinta.
  • T.S.Eliot es su poeta favorito. Pero de él lo ignora todo, salvo su poesía.
  • Pone bastante en lo alto la obra de J.G. Balard y cree que “Crash es un monumento a las ruinas del capitalismo”.
  • No presume de ser una lectora perfecta: desertó de En busca del tiempo perdido. Nunca se entusiasmó con Kafka, Y cree que los libros de Thomas Pynchon son intragables.
  • Obviamente en su santoral hay pocas devociones más intensas que la que profesa a Borges, sobre todo al Borges de la literatura fantástica. La descripción que él hace del Aleph, según ella, lo instalan a la altura del monólogo de Molly Bloom en el Ulises o a las páginas sobre la blancura de Moby Dick de Melville. En otra época, Mariana Enríquez creyó que Sábato era un Dios. Ahora se le cae de las manos, pero sigue considerando que Sobre héroes y tumbas es una obra maestra.
  • Piensa que The Buenos Aires Affair es la novela más madura de Manuel Puig. Y cree que Roberto Bolaño vino a cambiarlo todo: A cambiar la forma como se lee y la forma como se escribe.
  • Le encanta la literatura distorsionada, tóxica, enferma, culposa, sucia, del sur de los Estados Unidos: Faulkner, Flannery O’Connor, Capote, Carson McCullers, Cormac McCarthy…
  • Su libro de fantasmas predilecto es Otra vuelta de tuerca, de Henry James.
  • En su Olimpo conviven Joyce (“Los muertos”), Antonio di Benedetto (Zama), Silvina Ocampo (Invenciones del recuerdo) Mishima (Confesiones de una máscara), Dickens (Cuento de Navidad) Toni Morrison (Beloved), Celine (Viaje al fin de la noche) Navokov (Lolita) y Alejandra Pizarnik.
  • En poesía, no reniega de Neruda, quedó marcada por César Vallejo, por Rosario Castellanos, por Idea Villariño. También por Ferlinghetti y Kerouac, entre muchos otros. Hoy admira por sobre todo a Anne Carson.
  • El imaginario feroz de la juventud salvaje lo tiene asociado a El señor de las moscas, La naranja mecánica, El diario de la guerra del cerdo y Furia feroz de Ballard. También a Héroes de Ray Lóriga, Menos que cero de Bret Easton Ellis, Las vírgenes suicidas de Eugenides, la película La ley de la calle, de Coppola, y a La casa del fin de mundo de -Michael Cunningham.
  • Obviamente, como toda su generación, tiene fascinación por el tema de las drogas y la disociación: Almuerzo desnudo, Yonqui y Nova Express (Burroughs), Las noches salvajes (Cyril Collard), La sinfonía del adios (Edmund White), Antes que anochezca (Reynaldo Arenas).
  • Al final de los finales, terminó ordenando su biblioteca por países.
  • Tiene que leer, aunque sea unas pocas páginas, para conciliar el sueño todas las noches. Jamás puede leer en la playa, en las plazas ni al aire libre.
  • Tampoco puede leer en los autos, pero si en los buses y en los trenes. Poco en los aviones, porque los odia. No puede leer si no está de buen humor.
  • Antes se culpaba de no terminar un libro, aunque no le gustara. Ahora no tiene problemas en hacerlo si la aburre o no le gusta.

Discutan lo que quieren. Aprueben, discrepen, coincidan. reprueben. Pero esta mujer respira, trasunta, se alimenta e irradia literatura.  Respetable.

 

Archipiélago

Mariana Enríquez. Ed. Ampersand. Buenos Aires 2025. 293 pp.

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