El economista de Forecast Consultores sostiene que el ajuste aplicado por el ministro de Hacienda al mecanismo de los combustibles fue inevitable dada la situación fiscal heredada. Al mismo tiempo, cuestiona el tono pesimista del último IPoM del Banco Central, afirmando que hay inconsistencias entre el diagnóstico del informe y algunos de sus propios supuestos.
-El ministro de Hacienda decidió modificar el Mepco lo que significó una fuerte alza de los combustibles para las personas. ¿Cómo evalúa esa decisión?
-El ministro Quiroz tomó una decisión responsable y prudente. Con los precios actuales del petróleo, mantener el esquema anterior habría implicado un costo fiscal enorme. Estamos hablando de cerca de US$1.600 millones mensuales si se hubiese intentado contener completamente el shock por dos o tres meses. En las condiciones fiscales en que recibió el gobierno, simplemente no era viable correr ese riesgo.
-¿Incluso si el conflicto internacional resulta ser transitorio?
-Incluso en ese caso. Si uno tuviera absoluta certeza de que el shock durará solo dos o tres meses, podría haberse optado por una estrategia más gradual. Pero el problema es que esa certeza no existe. El conflicto podría extenderse y entonces el sangramiento para las arcas fiscales habría sido simplemente intolerable. El gobierno optó por lo técnicamente responsable, aun sabiendo que implicaba pagar un costo político importante.
-Sin embargo, el Banco Central presentó en el IPoM un escenario bastante pesimista para la economía chilena. ¿Comparte ese diagnóstico?
-Ahí es donde tengo diferencias importantes. Cuando uno revisa en detalle los supuestos del IPoM aparecen inconsistencias claras entre el escenario que describe el Banco Central y los datos que el propio informe presenta.
-¿A qué se refiere con inconsistencias?
-Por ejemplo, si uno mira el escenario internacional del informe, el crecimiento mundial a paridad de poder de compra sube desde 2,7% en diciembre a 2,9% en marzo. Es decir, mejora la proyección para la economía mundial. Más importante aún, el precio promedio del cobre sube desde 470 a 540 centavos la libra.
Eso son 70 centavos adicionales en promedio anual, lo que equivale a cerca de US$9.000 millones más en exportaciones y unos US$3.000 millones adicionales en recaudación fiscal. Aunque el petróleo sube desde US$62 a US$86 el barril, ese efecto no alcanza a compensar el aumento del cobre. Sin embargo, el Banco Central reduce la variación proyectada de los términos de intercambio desde 3,8% a 2,6%. Entonces ahí hay una inconsistencia evidente entre los supuestos y el tono general del informe.
-¿Los números del informe no respaldarían el tono pesimista?
-Exactamente. Incluso tomando ese 2,6%, el Banco Central tiene términos de intercambio positivos y un crecimiento mundial mayor al que proyectaba en diciembre. Aun así, el mensaje que transmite es extremadamente negativo.
-El Banco Central también recortó las proyecciones de crecimiento. ¿Cómo interpreta ese ajuste?
-El Banco Central recorta la proyección de crecimiento del PIB en medio punto. Pero al mismo tiempo baja la Formación Bruta de Capital Fijo desde 4,9% a 4% y el consumo privado desde 2,5% a 2,2%. Con eso, la demanda interna baja de 3% a 2,4%. Sin embargo, las importaciones de bienes y servicios se mantienen en 3,4%. Eso es extraño. Si consumo e inversión caen, lo normal sería que las importaciones también se ajustaran. Pero no ocurre.
Mi impresión es que hubo correcciones de última hora. Probablemente se ajustaron algunas proyecciones sin que hubiese tiempo para reconciliar completamente los números. Eso genera inconsistencias dentro del informe.
-¿Cuál es su proyección para el crecimiento de Chile este año?
-Mi estimación es que la economía chilena va a crecer en torno a 3%. Si uno lo presenta como rango, hablaríamos de algo entre 2,5% y 3,5%. Dicho de otra manera, el techo del rango del Banco Central para mí sería más bien el piso.
-¿En qué basa ese escenario relativamente más optimista?
-Primero, en los términos de intercambio. El precio del cobre sigue siendo alto y eso tiene efectos directos sobre exportaciones y recaudación fiscal. Segundo, en las políticas económicas que está planteando el nuevo gobierno. Si se implementan medidas como mayor eficiencia en el sistema de permisos, incentivos a la inversión privada y reducción de la tasa corporativa, eso puede generar un estímulo relevante para la inversión y el empleo.
Nada de eso aparece considerado en el IPoM.
-Pero el principal riesgo siguen siendo el conflicto en Medio Oriente y el precio del petróleo.
-Exactamente. Ese es el factor clave. Todo depende de la duración del shock. Si el precio del petróleo se mantiene cerca de US$100 durante tres meses, el impacto inflacionario global sería de entre 0,4 y 0,5 puntos. Pero si se prolonga durante doce meses, el aumento podría ser entre 1,6 y 1,9 puntos. La diferencia es enorme.
-¿Y en términos de actividad económica?
-Con un shock de tres meses, el impacto negativo en la actividad global sería de unas tres o cuatro décimas. Es decir, una desaceleración moderada. Pero si el shock dura doce meses, el impacto sería cercano a 1,4 puntos. En ese caso la economía mundial entraría en una recesión de intensidad intermedia. Por eso la duración del conflicto es determinante.
-¿Cuál de esos escenarios ve como el más probable?
-Yo creo que el escenario más probable es el transitorio. Por dos razones principales. Primero, por la enorme diferencia de capacidades militares entre Irán y la coalición formada por Estados Unidos e Israel. Segundo, por los plazos políticos en Estados Unidos. El gobierno estadounidense tiene elecciones legislativas en noviembre. Eso genera presión para cerrar el conflicto lo antes posible.
Mi estimación es que el conflicto comenzará a entrar en una fase de declinación dentro de los próximos dos meses.
-Si ese escenario se cumple, ¿qué pasará con la inflación en Chile?
-En ese caso el impacto inflacionario sería relativamente acotado. El aumento de los combustibles podría agregar cerca de 1,6 puntos de inflación en abril, aunque parte podría aparecer en marzo. Pero si el shock dura solo dos o tres meses, gran parte de ese efecto debería revertirse en los meses siguientes.
Mi estimación es que la inflación terminaría el año entre 3,5% y 4%. Es decir, todavía dentro del rango meta del Banco Central.
-El Consejo Fiscal Autónomo advirtió que el déficit estructural podría deteriorarse nuevamente este año. ¿Cómo evalúa la situación fiscal?
-La situación fiscal es estrecha y exige hacer ajustes. El gobierno anterior incumplió las metas fiscales durante tres años consecutivos y terminó con déficits elevados. Por lo tanto, es necesario ordenar las cuentas. Pero tampoco hay que caer en pánico.
-¿Por qué lo dice?
-Porque el Consejo Fiscal Autónomo plantea que existe un límite prudente de deuda pública cercano a 45% del PIB. A mi juicio ese número no tiene una base teórica ni empírica clara. Si miramos los países de la OCDE, la deuda promedio del gobierno general es de 73% del PIB. Chile está cerca de 46% (considerando lo que está bajo la línea). Es decir, muy por debajo del promedio. Incluso si miramos países comparables en ingreso per cápita dentro de la OCDE, el promedio de deuda es cercano al 70% del PIB.
-Entonces no ve un escenario crítico.
-No. Hay que ordenar el gasto, eliminar ineficiencias y reducir gastos superfluos. Pero de ahí a decir que estamos frente a una crisis fiscal como la de Argentina hay una distancia enorme.
-En ese contexto, ¿qué le parece la frase de “el Estado quebrado”?
-Yo creo que ahí hay una exageración. Entiendo que tanto periodistas como analistas a veces usamos frases fuertes para llamar la atención, pero desde el punto de vista económico esa afirmación no tiene mayor significado. Los analistas internacionales conocen los números. Saben cuál es la situación fiscal de Chile. Por lo tanto, ese tipo de frases tiene más bien un carácter comunicacional o propagandístico, pero no cambia la evaluación técnica del país.
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