Ampliación del campo de batalla. Por Matías Rivas

Ex-Ante

Es curioso que una persona que estuvo en el centro del poder decida contar lo que nadie cuenta, lo que oscila entre lo ridículo y lo grave y, sobre todo, mostrarse como alguien lleno de dudas, incómodo en ocasiones. Por eso sospecho que Tiempos Mejores —el libro de Jorge Selume, jefe comunicaciones en el gobierno de Piñera en el estallido— dará que hablar. Es un relato, una serie de historias que se entrelazan y hablan de cuestiones humanas, del miedo, del arrojo, de las equivocaciones y del absurdo.


El estallido social es un evento crucial en nuestra historia reciente, pese a que algunos lo quieran borrar. Entre los libros que leí sobre el período recuerdo el que escribió Óscar Contardo, Antes de que fuera octubre, y el de Alberto Fuguet, Despachos del fin del mundo. Son textos llenos de experiencia y escritos con estilo. Están fuera de lo convencional y contienen sus testimonios. Ahora —cinco años después de los acontecimientos— me encuentro con Tiempos mejores de Jorge Selume, una crónica que narra con pulso y tensión lo que fue la primera parte del segundo gobierno de Piñera, el estallido social dentro de La Moneda y la campaña por el rechazo del plebiscito constitucional de 2022.

Selume estuvo a cargo de las comunicaciones, en la SECOM. Sus estudios son de psicología, en especial de psicoanálisis. Gran parte del interés de Tiempos mejores radica en las disecciones que hace de cada uno de los personajes con los que tuvo que compartir. Las descripciones de distintos caracteres, por ejemplo, de Andrés Chadwick o Cecilia Pérez son agudos y llenos de detalles. Uno ve cómo actúan ministros, generales de las Fuerzas Armadas o los asesores del segundo piso en momentos de gran presión. Ese efecto de “ver” sucede porque la prosa de Selume es visual.

Cuenta lo que ocurría en sus inmediaciones y el ambiente de Palacio en plena crisis. Delinea a los acompañantes del presidente, a secretarios, políticos, cocineros, asesores, incluso a un inolvidable personaje de la ANI, con el que conversa sobre los oscuros hechos que rodearon al asesinato del comunero mapuche Camilo Catrillanca. También relata lo que le sucede a él al salir de La Moneda, lo que siente al volver de noche con urgencia a su casa, lo que oye y sabe, lo que mastica y traga.

La narración del insólito cambio de gabinete, que terminó con Gonzalo Blumel como ministro del Interior, es una comedia ejemplar, llena de percances, contada con gracia y picaresca. En rigor, Tiempos mejores es un libro lleno anécdotas, que permite recordar las calles en plena revuelta. Hay escenas increíbles en medio de las protestas. En una de ellas el autor es protagonista, no como héroe, sino como un sujeto remecido por los acontecimientos que tiene que salvar su pellejo.

Tiempos mejores permite dimensionar la potencia del estallido, cómo se vio desde el poder, pero desde una mirada irreverente. Llaman la atención los diálogos entre Sebastián Piñera y Selume. Da la sensación de oír la voz del expresidente, su tono, su ironía en privado, su astucia y sus temores.

Es curioso que una persona, que estuvo en el centro del poder, decida mostrar lo que nadie cuenta, lo que oscila entre lo ridículo y lo grave y, sobre todo, mostrarse como alguien lleno de dudas, incómodo en ocasiones. Esa misma posición, lo faculta para tener una óptica más libre y distante de los discursos. A veces le salen las cosas complicadas, no le hacen demasiado caso y su familia pasa por un momento clave. En definitiva, Selume se expone, tiene una voz, no se vanagloria, más bien es un tipo astuto que registra episodios, analiza sujetos y lo hace con sagacidad. No es muy común en Chile este tipo de libros, pero sí en otras culturas, como la norteamericana.

Si lo comparamos con el libro que publicó Blumel, sobre el mismo periodo, noto diferencias enormes. Lo del exministro es la historia oficial de la derecha. Tiempos mejores, en cambio, es un relato, una serie de historias que se entrelazan y hablan de cuestiones humanas, del miedo, del arrojo, de las equivocaciones y del absurdo. Está escrito con vibración literaria. Arriesgado, genuino y rápido de leer, que amplía lo que sabíamos o intuimos, justo cuando nos acercamos a un nuevo 18 de octubre y sus consecuencias siguen dividendo al país y trazan el presente.

Sospecho que dará que hablar. Sus lectores podrán disfrutar de la velocidad y agudeza de su prosa y de la información que nos revela.

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