Enero 8, 2023

Alfredo Jocelyn-Holt sobre Boric: “El objetivo ha sido conspirar desde adentro de las instituciones para liquidarlas”

Marcelo Soto

El historiador y profesor de Derecho, Alfredo Jocelyn-Holt, autor de La Escuela Tomada y una elogiada Historia de Chile, coincidió con Gabriel Boric en la Universidad de Chile en 2009. “Era frecuente en él sostener una cosa en público y otra en privado”, dice.


-La Corte Suprema criticó duramente a Boric por su defensa de Mateluna, uno de los 13 indultados, como alguien inocente. Siendo profesor en la Facultad de Derecho, ¿te sorprende este descuido de Boric?

-Para nada. Esto de pasar a llevar las reglas del juego convenido y luego desdecirse, no es ninguna novedad, tratándose de una conducta recurrente que data desde mucho antes de que llegara a La Moneda. Durante la Toma de Derecho el 2009, era frecuente en Boric sostener una cosa en público y otra en privado. Lo revelan sus correos electrónicos que, desde dentro de su propio círculo, los filtraran, y yo los hiciera públicos (me llegaron por dos vías, y ni siquiera fueron solicitados, así de fáciles de conseguir).

En ellos se admitía, por ejemplo, la posibilidad de ejercer la violencia si llegara a ser necesario, aun cuando en declaraciones hacia fuera se insistiera que lo suyo eran puras buenas intenciones, buenas vibras, impensable otra cosa que los más elevados propósitos de parte del alumnado en toma. Conducta que califiqué en La Escuela Tomada (2015) de disimulo y duplicidad típicamente leninistas. Todavía imberbes, solían citar el ¿Qué hacer? de Vladímir Ilich Uliánov, como si el padre de la Rusia soviética lo hubiese escrito para ellos.

¿Por qué, entonces, habría de sorprenderme que, al recibir la piocha, Boric prometa atenerse a la Constitución y, al poco andar, cuando decreta los indultos, se vaya de boca, nos cuente la firme respecto al caso Mateluna, importándole hongo la cosa juzgada, y le dé el vamos a sus instintos más primarios?

La otra alternativa es que Boric haya sido un ignorante mientras estudiaba derecho en Pío Nono (de hecho, desatendió sus estudios), y lo siga siendo ahora en Morandé con Moneda, aun cuando se pase leyendo libros frente a las cámaras. Uno elige cualquiera de las dos posibilidades y se llega a la misma conclusión, nada de esto es nuevo. Non nova, sed novus (“No algo nuevo sino de nuevo”), decían los antiguos padres y doctores de la Iglesia.

-El Gobierno tiene al menos dos almas, el Socialismo Democrático y Apruebo Dignidad. ¿Cómo visualizas la influencia del PC?

-Adentro y afuera, donde mejor le sirva tácticamente para seguir ganando espacios. Hace rato el PC funciona conforme a esta línea. Por de pronto, desde cuando era el eje de la llamada “izquierda extraparlamentaria”, ajeno a la cocina diaria de políticos consensuados como Zaldívar (Andrés), Longueira, Allamand, Escalona.

Con todo, el PC era igual de clave siendo marginado del sistema imperante. Lo fue, con sus votos, para que saliera Lagos en vez de Lavín en enero de 2000, y cuando se evitó que Piñera ganara antes de tiempo, en 2006, imponiendo a Michelle Bachelet, alguna vez radicada en la RDA de motu proprio (recordemos que su exilio forzado fue en Australia anteriormente, siendo este otro un destino voluntario).

Ya, durante Bachelet II, el PC se integró enteramente a la Nueva Mayoría, cuando la Concertación dejó de ser autosuficiente, al menos para efectos de gobernar desde el Ejecutivo. De modo que no habiendo dificultad por parte del PC en manejarse adentro y afuera de coaliciones con la ex Concertación, no se ve por qué no podría seguir produciéndose este mismo modus vivendi de casi dos décadas a la fecha en el futuro próximo.

-¿Estas dos coaliciones en disputa son un obstáculo para una mejor administración?

-En definitiva, antes bien que dos almas, lo que pareciera haber es una alianza entre dos fuerzas de izquierda en contra de la derecha, y también una suerte de tregua prolongada, porque ¿qué tan afines, ideológica y operacionalmente a la larga, son el PC, el Frente Amplio y el Socialismo Democrático?, ¿qué impide que se quiebren? Socialistas y comunistas nunca se han avenido todo lo bien que pretenden.

Los une la posibilidad de gobernar juntos y una figura que los haga converger (i.e. Allende, Bachelet, Boric) aunque siempre hasta por ahí no más. Allende tuvo que recurrir a “amigos personales” armados hasta los dientes, a modo de guardia pretoriana para salvaguardar su seguridad personal, algunos de ellos miembros del MIR, es decir, sin ser parte de la Unidad Popular. Cuesta imaginarse una mejor muestra de desconfianza incluso con sus aliados.

-Los resultados de la PAES fueron demoledores para los liceos emblemáticos. ¿Hasta qué punto se ha deteriorado la educación pública?

-De nuevo vemos que lo que llama la atención son las continuidades, y que el foco preocupante tiende a centrarse en una izquierda quizás irresponsable. Si ese es el implícito de la pregunta, concuerdo. Lo que no quiere decir que el problema con la educación pública deje de remontarse a Frei Montalva, a la masificación escolar, al trastorno que significó la politización de la Reforma Universitaria, y a lo desastroso que fue la dictadura (su intervención universitaria y municipalización).

No tengo, por tanto, un planteamiento muy distinto al de sectores críticos progresistas, salvo que ellos no son tan duros con la Reforma Universitaria, y le cargan las tintas en exceso a la dictadura, deplorable igual, a mi juicio. Para mi propia sorpresa, echo de menos últimamente algunas cosas del período universitario de los años 80 en la UCH, que es cuando volví a estudiar en el país.

-¿Cómo es el nivel de los profesores?

-Tuve mejores profesores en Pío Nono que los que actualmente ofrecemos hoy día (me incluyo), y tiendo a pensar que había más pluralismo académico, político e intelectual entre las personas en esa época (dejando a un lado por supuesto a las autoridades y su entorno oficialista). Dediqué un poco menos de la mitad de La Escuela Tomada a aspectos relacionados con educación, que nunca se traen a la discusión cuando se menciona el texto. Ese libro no sólo trata de la Toma del 2009, aunque ambas dimensiones se relacionan.

Dicho en simple, justamente porque, a partir de los años 60, venimos teniendo una crecientemente deteriorada institucionalidad universitaria, es que terminan predominando protestas, movilizaciones, paros, tomas, intervenciones de Casa Central, ministerios y La Moneda, con consecuencias a nivel nacional, no sólo internamente o respecto al mundo escolar. Resulta que el hito modélico por excelencia de este tipo de accionar ahora último, o praxis, para ponernos a tono con el lenguaje ideológico envuelto, no es otro que la toma del 2009, que demostró una capacidad inaudita para catapultar a sus líderes a los principales centros de poder. Nadie en los años 60 y 70 se imaginó algo así.

Hecha esta salvedad —que el asunto viene de muy atrás y la izquierda lo sabe— ¿cómo es que ellos mismos desde el gobierno estos treinta años no evitaran la ruina en que se encuentra la educación pública en todos sus niveles? Lagos fue el primer ministro de Educación.

Y tanto de él, como de Bachelet, en calidad de presidentes, derivan una serie de iniciativas sumamente dudosas: expansión inorgánica de la matrícula universitaria, crecimiento de la alternativa privada en paralelo, incentivada por el afán de lucro, lógicas tecnocráticas del Banco Mundial que consolidan el intervencionismo estatal, estatizan la educación, y promueven en el MINEDUC, en vez de gente cercana a la Iglesia y a la masonería, que era la tónica histórica, una serie de autodenominados gurúes, o bien simplemente educólogos —“las arenas del desierto”, según le escuché referirse a esta peste, a Óscar Garrido Rojas, un hombre inteligentísimo, ex-rector de la Universidad de Talca—, a quienes se les ha confiado el manejo monopólico de esta delicadísima esfera.

-¿Qué responsabilidades tienen los últimos presidentes?

-Ni digamos el desastre que han hecho Bachelet y Piñera del curriculum nacional en lo que a mí al menos me compete: historia y humanidades. He ahí, de hecho, el éxodo de estudiantes, no solo referido al Instituto Nacional, el Barros Arana, el Lastarria, el Liceo de Aplicación, el Liceo N° 1 y 7, también gravísimo para la UCH y demás universidades estatales y de provincia.

Y, ¿qué hay detrás de toda esta decadencia? Lo sabemos, lo que hemos aceptado como habitual sin pensarlo, discutirlo, y corregirlo: activismo, tomas, paros, asociaciones violentistas, autoridades aterradas, en fin, esa tierra de nadie y de nada aunque, en verdad, ha estado siendo lentamente abonada, dando curso a todo tipo de obsesiones ideológicas y fanatismos. En síntesis, lo que ha permitido que este lugar neurálgico de nuestra sociedad se constituya en una base de operaciones y principal trinchera desde donde la izquierda más radicalizada ha dirigido su accionar y así no desaparecer del mapa. Hace rato que ésta es una geografía más conveniente que la que le ofrece la mediocridad sindical.

-Viviste la toma de la escuela de Derecho de la U. de Chile, que dio origen a uno de tus mejores libros, La escuela tomada (2015). En él describes un espíritu jacobino, revolucionario, encarnado en Boric o Atria, que se hizo realidad en la Convención. De cierta forma, te adelantaste a los hechos.

-Suelen decirme que me anticipo a los hechos, pero no me lo creo. Tengo cero pretensiones proféticas. El don de la profecía es una maldición de los dioses, produjo a “Zulma”. Lo que sucede es que soy un historiador que privilegio y destaco las continuidades por sobre los quiebres y cambios. Admiro por sobre todo a historiadores como Alexis de Tocqueville, el de El Antiguo Régimen y la Revolución, no el de veta sociológica o reivindicado por cientistas políticos, y también a Jakob Burckhardt. Mario Góngora cultivaba el mismo ángulo de análisis. Estoy adiestrado para ello, tengo todos los sentidos puestos en fenómenos que pueden venir sucediendo, o, anacrónicamente, subsistir más de la cuenta.

Me basta con constatar algo que me parece significativo, no únicamente en función del momento preciso en que ocurre. Luego, voy al computador o a cuadernos de apuntes –mis archivos— lo registro y comento, ocasionalmente también en los medios, y casi siempre en clases. Punto. Los responsables, o irresponsables, del caso se encargan, a su vez, de mantener ese hecho constante, repitiéndolo, configurando un padrón de conducta persistente. Surge después uno que otro lector por ahí que me lee y se asombra de lo que, en realidad, no es sino una obviedad continua hace rato. No hay ninguna ciencia en esto, a lo sumo quisiera pensar que se trata de un puro arte u oficio que exige un trabajo cotidiano, como es el tener que darse la lata de leer diarios, habiendo tanta otra lectura más estimulante intelectualmente.

-¿Cómo observaste el proceso convencional?

-Mi visión consta en innumerables columnas y entrevistas que algún día habrá que ver si vale la pena compilarlas. Echo de menos la adrenalina detrás de ellas generada por la angustia vivencial del ambiente delirante en que nos encontrábamos hasta hace poco. Después del 4-S me ha venido un profundo sopor con todo lo que tiene que ver con la cosa política. Ello no obstante, el fenómeno revolucionario, todavía latente, me sigue fascinando, en especial el problema histórico conceptual de por qué es la izquierda post 1968, más que nada, la que contribuye a que éste fracase. Nuestra actualidad, por tanto, me interesa, pero únicamente como síntoma de algo que ojalá algún día se esfume, aun cuando lo más probable es que yo no vea semejante portento.

Tiendo a pensar, un tanto irónicamente, que fue muy positivo que se produjera el 80%-20%. Joseph de Maistre se ganó un punto cuando sostuvo que había que agradecer —según él, a la Providencia— por la Revolución y el Terror. Permitió la posibilidad de su contrario o negación. De ahí lo extraordinario que ha sido la soberbia radical extremista de los Atria, Bassa, Loncón, y cómo esta arrogancia se ha encargado, por sí sola, a modo bumerán, de desacreditar sus propias desvergüenzas.

-¿El resultado del plebiscito te sorprendió?

-Sin esa desproporción artificiosa, tan de dictaduras socialistas populares (el 80%-20%) no habría sido posible excederse y con ello su eventual desastre –el mamarracho aquél— y su rechazo. Asombroso y magnífico fue, por tanto, que la propuesta se materializara, se supiera y tuviera en frente la amenaza de que se nos iba a cortar las cabezas.

Es bueno también que el liberalismo y progresismo, posturas ideológicas de por sí desleales —está históricamente comprobado que lo son, o si no cómo han podido sobrevivir tanto tiempo— se esté chaqueteando en estos días en contra de lo que hasta ayer veneraban. Fuera de que es también sumamente divertido ver a estos progresistas y liberales haciendo piruetas no tan distintas, a menudo, a las de Boric.

Celebro, otro tanto, que se comprobara que la doctrina clásica desconfiada del democratismo voluntarista popular, del asambleísmo, de las mayorías tiránicas, de lo deplorables e impositivos que son los plebiscitos —es decir, la columna vertebral de cómo se ha pensado nuestro sistema republicano desde el siglo XIX, en realidad después de la Revolución francesa y sus excesos— haya estado siempre en lo correcto. Además que nuevas generaciones puedan constatarlo en vivo y en directo, y sin que a uno lo tachen de libresco, doctrinario, o de meramente especulativo y teorizante por admirar y mantener vigente a sus principales pensadores e ideas. Aludo a Benjamin Constant, Alexis de Tocqueville, Jakob Burckhardt, John Stuart Mill, José Ortega y Gasset, Hannah Arendt, Leo Strauss, Raymond Aron, Isaiah Berlin, Albert Camus, Pierre Manent, Pierre Rosanvallon, y muchos otros. Si fueron ellos quienes nos advirtieron que nos iba pasar lo que nos pasó.

-¿Piensas que la suerte de un proceso refundacional está sellada?

-Así y todo, no cantaría victoria. El chileno, políticamente hablando desde 1964 a la fecha, no tiene espina dorsal. Por eso los Boric, proveniente, él mismo, de familia democratacristiana. Nada impide, además, de que se vuelva a caer en las mismas trampas tendidas. Un buen ejemplo, es lo que sucede en mi universidad, que a veces siento que no tiene remedio, pero en la que hay que tratar de rescatar a algunos estudiantes, varios de ellos brillantes, que merecen tener una visión algo más pluralista con qué juzgar el mundo en que se desenvuelven.

Lo que animó la Convención viene desde hace años imponiéndose en dos de sus facultades principales, en las cuales soy profesor (Derecho y Humanidades), aunque también lo he visto, cada vez más fuerte, después de dieciséis años también enseñando ahí, en esa facultad seria —quizás la más seria— que alguna vez fue Ciencias Físicas y Matemáticas, pero que ya se perfila dejando de serlo.

En ese sentido, la Universidad de Chile sigue siendo igual a cuando fui estudiante durante la dictadura: vale la pena estar allí porque se aprende mucho sobre la naturaleza humana y la contingencia nacional aun cuando recomiendo la experiencia sólo a personas con cuero de chancho. Es más, hay que ser realista, el ideario izquierdizante, jacobino, seguirá filtrándose por otras vías que las constitucionales, mediante ese pantano de la inteligencia que son las redes sociales, la televisión abierta, y el internet indiscriminado, los tres, cazabobos seguros. Continuará, pues, este ideario expandiéndose, pretendiendo convertirse en un conjunto de puros lugares comunes, doxa, y en quizás algo así como un dogma pseudo-religioso, o beatería política, curiosamente fomentado por una sociedad descreída, aunque ferozmente proclive a dejarse llevar por chamanes, gurúes, y charlatanes.

-¿Confías en que el nuevo acuerdo prospere y en el rol que jueguen en él los expertos?

-Dejemos el asunto para cuando se produzca el prodigio, la maravilla, genialidad, engendro, torta o pastel, este último en el sentido despectivo a veces atribuido a María Antonieta, lo más probable que apócrifo, pero igual ben trovato el dicho. Fácil no le va a ser.

El propósito deconstituyente —ojo, que del cual el 4-S es también una confirmación— sigue teniendo todo el viento en popa. Porque esto de que aún no sale humo blanco significa que nos sigue rigiendo una constitución fantasma que Piñera ofreció a “la chusma querida” para salvarse él y su patrimonio personal. No existe, se ha vuelto puramente hipotética, no se le respeta.

-¿Cómo valoras el acuerdo del 15 de noviembre?

-Hay pocos actos más inescrupulosos que el acuerdo del 15-N en la historia de la política chilena. Dejó al país en un limbo jurídico, hoy por hoy entregado a algo así como “a la misericordia de Dios”. ¿Recuerdan quienes lo hicieron posible? Gonzalo Blumel a nombre de la máxima autoridad en el país, Jaime Quintana —el de la retroexcavadora— como presidente del Senado, Gabriel Boric, futuro presidente de la República… Continúe usted con la lista y prontuarios.

Ahora bien, para ser franco, más que una nueva Constitución, lo que se precisa en este país es una nueva valoración del derecho y de nuestras instituciones, y ciertamente de mejores facultades de derecho. La más antigua, recientemente “tomada” por quienes hoy día nos gobiernan desde el Ejecutivo, sigue siendo preferentemente de puras leyes, y se mantiene todavía en shock, aún no repuesta. ¿Expertos? Los hay y varios, pero si uno dice sus nombres, se encargarán de cancelarlos. Así estamos y seguimos. Obviamente, no es como para tener grandes expectativas.

-¿Cuál es tu impresión de los indultos que decidió otorgar el Presidente?

-La conexión es evidente. Mientras haya impunidad y deterioro institucional, seguirá cundiendo la violencia, y agudizándose la falta de orden público y seguridad personal. ¿Al punto, incluso, de que se les permita a autoridades seguir coqueteando con ambigüedades? Evidentemente, el otorgamiento de estos indultos confirma exactamente lo contrario que afirmó Boric, tratándose de delincuentes habituales algunos de los beneficiados.

Adicionalmente, Boric con esto ha inclinado cada vez más la balanza, a que lo estimemos además de tácticamente zigzagueante, un simpatizante persistentemente favorable a posturas extremistas, abiertamente o in pectore (da cada vez más lo mismo, ahora que se ha vuelto notorio que él no es de confiar), esto es, desde que dejara muestras repetidas de ello cuando sí era honesto: la polera glorificando el kill shot a Jaime Guzmán, las alabanzas a Hernández Norambuena, la reunión con Palma Salamanca…

Sebastián Depolo no pudo decirlo más claramente: “Es cierto que nosotros vamos a meterle inestabilidad al país”. Ese ha sido siempre el objetivo, desde el 2009, pasando por el Congreso y ahora desde La Moneda: conspirar desde adentro de las instituciones para liquidarlas, y hacerse entonces de un poder sin límites.

-¿Los indultos expresan las contradicciones del Gobierno’

-En efecto, lo que ocurre con los indultos es que, esta vez, la contradicción tantas veces ya antes detectada compromete las relaciones entre poderes institucionales, siendo flagrante su atropello al Poder Judicial. Obviamente, la Corte Suprema debe hacerle presente su molestia. Y vaya que no lo hiciera, si su propia existencia como institución obedece puramente al derecho.

Lo que es Boric, en cambio, su sobrevivencia ha dependido, hasta ahora, de factores muy distintos. Entre otros, de la “popularidad perdona todo”: que Kast era volver a la dictadura, que la inmadurez, que aun cuando parezca un extraterrestre, viene del futuro, reconoce sus errores (una habilidad “blanda” que se aprecia mucho hoy en día), que es igual a todos los de su generación, y de ellos es este país, y así ad nauseam.

-¿Crees que pueda volver el Boric de segunda vuelta, más moderado?

-El supuesto “repliegue” o careta de segunda vuelta que todavía fascina a algunos porque les permite cifrar esperanzas en una posible conversión, ¿cómo lo calificamos, cómo una pura pose y no poca ingenuidad de quienes lo celebran, o vamos de nuevo dándole el beneficio de la duda? Lo último le permitió llegar a La Moneda. Si hasta uno puede imaginárselo aún más desfachatado, ahora, después de los indultos, diciendo para sus adentros: “¿y si no les gusta, qué van a hacer, me van a destituir y nos convertiremos en otro Perú?” El chantaje se ha vuelto un arma muy recurrida en el juego brutal de poder que gusta tanto últimamente.

Todos estos criterios son perfectamente aceptables, por lo demás, para la gente a favor de su presidente. Es que, para peor, esto se llama democracia, y tiende a validar de esta manera también arbitraria a cuanta arbitrariedad del poder es dable, dejando con ello más que claro que se trata de un régimen de legitimidad incapaz, en situaciones críticas, de reconocer sus propias pifias. De ahí que, no pocas veces en democracia, lleguen al poder personajes inadecuados que cuesta, tiempo después, sacárselos uno de encima.

-¿Como Trump?

-Trump es ya un clásico ejemplo, pero ¿no ha sido también el caso de los caudillos latinoamericanos con apoyo mayoritario, democrático según algunos, no obstante sus abusos y delirios de poder, el yo hago lo que se me venga las ganas? Y, yendo aún más atrás, por qué no pensar en alguien absolutamente surrealista, como sacado del teatro del absurdo aunque de hecho real, un Heliogábalo cualquiera, emperador romano, claro ejemplo de degeneración, cuya eventual desaparición de escena, estimada en su momento como necesaria, terminó quedando, a falta de institución jurídica adecuada, enteramente en manos de la guardia de palacio en confuso incidente no aclarado.

Era lo que temía Allende que le sucediera, y por eso creó su “Grupo de Amigos Personales” que, obviamente, fue superado por algo bastante más potente: el Ejército, Armada, Fuerza Aérea y Carabineros de Chile, iniciando todo el desastre posterior que ello significó. He ahí el tremendo lío que puede estar incubándose respecto a Boric. Es que en casos como el suyo, se sabe cómo éste comienza, pero, una vez que se desata, se ignora cómo se resuelve.

-Hace unos días Boric se enfrentó a la Corte Suprema al señalar la inocencia de Mateluna, uno de los indultados. Curiosamente Davor Harasic fue abogado del ex frentista y coincidió con Boric cuando en 2009 ambos fueron detractores del decano Roberto Nahum. ¿Qué revelan estas vueltas de la vida?

-Que seguimos hablando de lo mismo. ¿De dónde proviene el cinismo de los estudiantes de Derecho sino de sus propios profesores? Duplicidades, fingimientos, y convencimiento de que el derecho está ahí para usarlo fácticamente, no siempre en conciencia y buena fe. He ahí entonces Fernando Atria y Davor Harasic, con el agravante que este último, años después de la Toma del 2009 en que fue el líder del complot de profesores contra la autoridad, llegó a ser también decano de la Facultad de Derecho.

¿Cómo se armó la trenza entre Boric y Harasic?

-Fue ahí , el año 2009, donde se armó la trenza entre Boric y Harasic, pero éste último venía trabajando el terreno desde mucho antes. De cuando, al parecer, financiaba campañas para que alumnos progresistas presidieran el Centro de Estudiantes, cuestión que me quedó clarísimo cuando enfrenté a Matías Meza-Lopenhandía —sí, el mismo que ahora, su amigo presidente ha decidido deshacerse de él porque supuestamente corría con colores propios y no era enteramente de confiar— y lo emplacé a que aclarara su relación con Harasic.

Todo ello está tratado en La Escuela Tomada, debidamente anotado y fundamentado. Ayuda el Índice Analítico con casi 80 llamadas dedicadas a la persona de Harasic, es cosa de consultarlas y remitirse al texto, el libro ha sido recientemente reimpreso. Últimamente también proporcioné más pistas en entrevista en el diario La Segunda del 26 de octubre 2022, a propósito de este otro personaje que es el recién renunciado Jefe de Gabinete.

-¿Cuál es tu impresión de Harasic?

-En La Escuela Tomada señalo que Harasic enseña a sus alumnos que la “razón del derecho procesal” (su curso) no es sino “las decisiones políticas”. A confesión de parte, relevo de prueba, suele decirse en esta disciplina. También los exhortaba a hacerse del poder, tiempo atrás, de esta siguiente otra manera: “Señores, en mis tiempos no se preguntaba la toma de esta universidad, sólo se hacía. Yo ya estoy prostituido, y lo hice bien viejo, pero ustedes lo están haciendo ahora, cuando todavía son estudiantes”.

También cité su tesis de derecho, de 1972, dirigida por Eduardo Novoa Monreal (personaje famoso por lo de los resquicios legales, si es que no también padre fundador de la escuela del factismo jurídico). Basta con simplemente ver los títulos de algunos de los capítulos del alumno Harasic: “¿Derecho a la revolución o derecho de la revolución?”, “Revolución como embrión de juricidad”, “La revolución y el derecho como hecho”. Ante lo cual agregué, que tras leer la tesis uno se queda con la impresión que Harasic bien podría ser visto como “el Juan Bautista de los Autónomos”, así se llamaban en 2009 los que ahora militan en el Frente Amplio. Claro que autónomos no lo eran entonces, y no lo son tampoco ahora.

-Tu libro La Esuela Tomada ha sido muy citado, ¿pero crees que ha sido bien comprendido?

-Es increíble leer la prensa que, al preguntarse en estos días sobre quién es Harasic, mal citan mi libro, limitando el tema a lo puramente anecdótico de las pizzas que él pagó durante la Toma del 2009 (La Tercera 4 de enero 2023).  También en dicho reportaje Harasic habría manifestado, sin pestañar, que “Él [Boric] no fue alumno mío, nunca he tenido una amistad especial con él y no tengo su celular” (suena a cómo seguramente instruye a sus clientes frente a la justicia). Todo esto demuestra esa otra dimensión de todos estos personajes que siguen cruzando sus destinos con los nuestros, los Fernando Atria, Davor Harasic, Gabriel Boric, Matías Meza, et al.

¿Qué sería de ellos sin este tipo de prensa, habrían llegado a donde están sin la cobertura y promoción, en algunos casos de manera descarada, que medios supuestamente rigurosos les proveen? Quizá la principal característica de la Toma del 2009 fue su carácter mediático. He ahí buena parte de la clave de por qué está gente ha podido hacer y deshacer como han querido. Después de todo, es gravísimo lo que han hecho, y en lo referido a los indultos y la interpretación que le ha dado Boric, lo suficiente como para que la Corte Suprema diga “córtenla”. En ese tribunal conocen muy bien al abogado Harasic, y también al puramente “egresado”, es decir, alguien que no se graduó en Derecho, sólo cursó asignaturas, pero que dicta cátedra desde La Moneda.

-Dos tesis sobre pedofilia, de la U. de Chile, han causado controversia. ¿Es comprensible que este tipo de textos supere los controles académicos? ¿Hay una crisis en las universidades chilenas?

-Soy reacio a hablar de crisis de la política, o de instituciones, porque en Chile venimos diagnosticando crisis desde hace más de ciento veinte años, y, sin embargo, ello no nos ha permitido entender mejor los problemas en cuestión. Crisis tan prolongadas además puede que estén manifestando algo incluso más grave, quizá decadencia, ya sea de la institucionalidad pública, de la república, o de la Universidad de Chile en específico.

Ahora bien, efectivamente, el  descubrimiento de dos tesis relativamente recientes presentadas en dicha universidad, una tesis de magíster (Pedófilos e Infantes: pliegues y repliegues del deseo) y un seminario de título (El deseo negado del pedagogo: ser pedófilo), han causado una escandalera de proporciones, histérica, debiendo salir a dar explicaciones el decano de la Facultad de Filosofía y Humanidades, y la rectora Rosa Devés.

Y ello porque se objeta que sean apologías de la pedofilia. Entre algunos de sus detractores se estima incluso que el mero tema debiera tenerse por inaceptable, lo cual resulta increíble. Uno podría pensar, por el contrario, que no hay tema más apropiado de análisis que el de la pedofilia en una casa de estudios universitarios. La corrupción de menores, sea ésta efectivamente carnal o no (puede ser simplemente “platónica”), es un inveterado temor y acusación respecto a la enseñanza de mayores a jóvenes, remontables, famosamente desde luego, a Sócrates, a su condena y pena de muerte.

Sin embargo, ¿el tema no debiera ser abordado, y exige controles o filtros morales de llegar a tratarse intelectualmente? Es de no creerlo que sea esto lo que se está pensando imponer en una institución pública reconocidamente abierta a todo tipo de discusiones, y no salga gente de la misma universidad a defender la libertad de pensamiento, de investigación, y estudio. Y todo, porque la acusación se inicia y cunde en redes sociales, mostrándose las autoridades aterradas frente al muy arraigado “qué dirán”, actitud que, desde luego, no se compadece tampoco con el hecho de que supuestamente se trata de una universidad a la vanguardia del progresismo.

Al punto también que Rectoría ha procedido a nombrar un “comité” para “examinar y pronunciarse sobre la pertinencia ética y formativa de las investigaciones realizadas”. El típico recurso burocrático —la rectora ha sido 16 años funcionaria de rectoría— que lleva a pensar que estamos ante un burdo subterfugio. Específicamente, que nominando un “comité”, se libran de esa manera las verdaderas instancias superiores de la UCH de responsabilidad académica efectiva, concretamente el Consejo Académico integrado por el rector, prorrector, decanos y representantes del Presidente de la República.

-¿El Consejo Académico tiene la responsabilidad de pronunciarse?

-Era ese el organismo, no otro, al que le correspondía pronunciarse. De esta otra manera, cualquiera sea el dictamen, será una instancia meramente oficiosa la única involucrada. Así se protege a la institución comprometida. El truco es de manual.

Por su parte, el llamado a una caza de brujas inquisitorial procede también de académicos de las mismas unidades que examinaron, aprobaron las tesis, y confirieron los grados en su momento. ¿También aterrados ex-post facto?  Sumémosle, por último, que todo parece indicar que las dos tesis son efectivamente de muy pobre nivel, obras más de tipo ideológico activista que trabajos en serio, conceptual e intelectualmente concebidas. Buena parte de nuestras tesis hoy día lo son, me temo, meras instancias para confirmar la supuesta recta doctrina hegemónica en la Academia.

Como se puede apreciar, se está ante una tormenta perfecta, y el rastro que deja su paso es patético. Nadie involucrado ha salido bien en la foto. Se ha demostrado que nuestra más antigua institución universitaria es incapaz incluso de defender su libertad de pensamiento. Las acusaciones dan cuenta de un beaterío inquisitorial pocas veces antes visto, a no ser que uno se remonte al Medioevo torpe, que lo hay también, lúcido, o al Santo Oficio durante la Colonia, más frailero que docto.

Y, sí, los “acusados” puede que efectivamente sean unos tal por cuales, pero sucede que aún vivimos en una sociedad que presume la inocencia antes de que se le condene, y aquí no hay ningún delito declarado que se sepa. A no ser que ello no sea tan así, que en la UCH no se presuma la inocencia, en cuyo caso estamos notificados de que operan juicios a espaldas de los acusados que, de hecho, es lo que ocurre en esta universidad. Visto así este incidente, es más que obvio que la universidad ha protagonizado un papelón.

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