Agosto 12, 2022

Acuerdo oficialista: La levedad del presidente Boric. Por Jorge Schaulsohn

Ex Presidente de la Cámara de Diputados

Gabriel Boric está resultando ser un presidente que no es el protagonista de su propio gobierno, sino que más bien un administrador de las decisiones de otros. Una especie de árbitro que no está en condiciones de imponer su voluntad.


Lo han intentado todo, calificando de falsas las críticas al texto constitucional, atacando a los medios de prensa, intentando sacar conductores de programas políticos y acusando a gremios empresariales de campañas del terror. Además de una intervención descarada del gobierno a todos los niveles, nunca vista desde la recuperación de la democracia.

A tres semanas del plebiscito de salida las cosas no pintan bien para la propuesta de la convención ya que todos los sondeos de opinión dan por ganador al rechazo y hasta ahora ninguna de las acciones y estrategias del apruebo han logrado revertir la situación.

Es en el contexto de angustia y desesperanza que se diseñó una operación para elaborar y presentar ante la opinión pública un documento-compromiso con un conjunto de cambios a la propuesta de la convención; todo ello a solicitud del presidente Boric.

El oficialismo negoció de mala gana y contra el tiempo y parió un documento que más bien deja de manifiesto el abismo que existe entre el Socialismo Democrático y Apruebo Dignidad sobre la nueva constitución; al que describen como “un acuerdo que aclara ciertas dudas e interpretaciones que han buscado confundir a la ciudadanía”.

Es decir, que el texto está bien, pero ha sido objeto de tergiversaciones dolosas por parte de sus detractores las que es necesario aclarar. De lo que se deduce que si no fuera por eso no habría que hacerle ningún cambio.

El oficialismo pretende que con solo dos modificaciones al borrador los cuestionamientos al texto quedan resueltos.

Porque en todas las otras materias que aborda, plurinacionalidad, consulta indígena, autonomía territoriales y derechos sociales no plantea ninguna reforma a la constitución, sino que meros compromisos legislativos. Salvo en el tema del consentimiento indígena pero que en realidad solo se puede resolver si los pueblos originarios están de acuerdo lo que parece muy poco probable.

Al Poder Judicial le devolvería la denominación “Poder Judicial” pero sin restituir los atributos y facultades que el borrador elimina y traspasa a un ente ajeno, tales como facultades disciplinarias, nombramiento de jueces y participación de los  ministros de corte, dictar Auto Acordados que regulen el funcionamiento de los tribunales y tramitación de los procesos. Ni siquiera les devuelve la calificación de Ministros o Ministras a los jueces que integran las cortes de   apelaciones y Corte Suprema. Y tampoco reestablece el Recurso de Protección ni el Recurso de Queja, dos instrumentos jurídicos de vital importancia.

A todo lo anterior hay que agregar que los partidos afines al gobierno no fueron capaces de lograr ningún acuerdo sobre el sistema político respecto del cual tanto el Partido Socialista como el PPD y la Democracia Cristiana tienen serios reparos.

El sistema Político es el centro neurálgico de una constitución que define como se alcanza, se ejerce y distribuye el poder y el modelo diseñado por la Convención lo concentra en el Congreso de los Diputados y Diputadas, que tiene la última palabra en la abrumadora mayoría de las leyes. Acá prevaleció el veto del Partido Comunista, que es el autor intelectual del nuevo sistema político, lo que revela el enorme peso y poder que ejerce en el gobierno.

¿Y qué piensa el presidente Boric? ¿Cuáles eran los cambios al borrador que él quería? ¿Qué opina de que el sistema político haya quedado igual? ¿Cree que solo dos o tres modificaciones serán suficiente para que el apruebo remonte?

Lamentablemente no lo sabemos. Gabriel Boric está resultando ser un presidente que no es el protagonista de su propio gobierno, sino que más bien un administrador de las decisiones de otros. Una especie de árbitro que no está en condiciones de imponer su voluntad.

Tal vez por eso este sea un gobierno tan errático, que dice una cosa y después otra, que anuncia un decreto para declarar Estado de Emergencia en Los Ríos y luego no hace nada, que deja pasar todos los errores y desatinos de sus colaboradores, que la opinión pública reciba excusas burdas de ministros y autoridades, cuya política internacional es confusa, con un subsecretario de RR.EE. enemigo declarado de los tratados internacionales vitales para Chile y que está causando daño.

El presidente perdió en pocos meses el apoyo de los millones de chilenos que votaron por él como mal menor en la segunda vuelta y le dieron el triunfo, una descapitalización inédita en la historia política reciente.

Para nadie es un misterio que la baja popularidad del gobierno está siendo un factor determinante en la suerte del apruebo; y que ello se debe en parte a la difícil situación económica y de seguridad pública y que no es imputable solamente a este período.

Pero la levedad de Boric agrava la situación. En momentos difíciles el rol de Presidente de la República es fundamental, la gente espera liderazgo y orientación y en eso él no ha estado a la altura. Incluso ha permitido que sus ministros intervengan electoralmente, conducta ilegal en la cual él mismo ha incurrido.

Sé que las comparaciones son odiosas e injustas. Pero Ricardo Lagos ha llenado un poco ese vacío, pese a ser un presidente jubilado, ordenando el debate, poniendo contexto y llamando a la unidad, aún cuando se pueda discrepar de sus opiniones.

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