Por fin terminó la eterna espera. Si bien este partido se jugará con alargue, el contundente resultado nos deja la certeza de que Chile no permitirá que nadie se lleve la pelota para la casa. Y a riesgo de que cataloguen lo siguiente de wishful thinking, creo que vamos a avanzar hacia un nuevo pacto social, pero uno de consensos, basado en la negociación y la tolerancia, de hecho, ayer recordé una frase de la ex primer ministra Thatcher “Nada es tan obstinado como un elegante consenso”.
Dicho lo anterior, vamos a lo nuestro. ¿Y ahora qué? Bueno, lamentablemente debemos dejar la hierba de lado, arremangarnos las mangas, ponernos las botas, agarrar pala, chuzo, rastrillo y carretilla y comenzar a trabajar con determinación en la siembra de fe pública, fruto chileno escaso a los ojos de inversionistas nacionales y extranjeros.
Circunscribiendo esta columna a unos pocos mercados, la tarea es titánica y requiere, por un lado, de la colaboración de toda la institucionalidad macro-financiera, producto de la naturaleza simbiótica de las políticas económicas y financieras. Mientras que, por otro lado, necesita la prudencia y sabiduría de las autoridades. En caso de que el objetivo sea lograr que los inversionistas (nacionales y extranjeros) vuelvan a ver a Chile como un destino seguro y más atractivo que jurisdicciones comparables, es necesario evaluar cada política y preguntarse: ¿Por qué hacemos lo que hacemos?
El sector bancario – dadas las condiciones económicas y financieras nacionales – ha endurecido los requisitos para la otorgación de préstamos: ergo, a julio de este año el stock de colocaciones totales ha caído 10% YoY. La cifra más alarmante es el descenso en 47% del flujo de crédito hipotecario respecto al año pasado lo que continúa golpeando un alicaído sector inmobiliario. Entendiendo que, Hacienda necesita urgentemente tanto sanear las arcas fiscales como recaudar más para dar cumplimiento a las promesas realizadas durante la campaña presidencial, las soluciones planteadas por el Ejecutivo agravan la situación.
La propuesta de reforma tributaria, por un lado, elimina el tratamiento diferenciado de exenciones que reciben las viviendas DFL2 en materia de arriendo y herencias, sujetándolas al régimen general. Mientras que, por otro lado, se propone aumentar las tasas marginales de las personas que obtienen ingresos mensuales de más de 4 millones de pesos conjuntamente al aumento de la tasa marginal máxima a 43%, desubicándose aún más de los países de la OCDE que apuntan a un gravamen que pondera la carga impositiva por el número de cargas familiares. En otras palabras, Hacienda dando un duro golpe al atractivo y demanda del deprimido sector inmobiliario.
En cuanto al mercado bursátil, este ha perdido profundidad y atractivo producto de los retiros en las AFP y el simposio de infortunios desde octubre de 2019. En un escenario internacional con valorizaciones severamente castigadas, no resulta lógico para los inversionistas ingresar a una bolsa poco líquida de un país subdesarrollado que desde el jueves recién pasado además tributa por las ganancias de capital IPSA. Toda vez que las alternativas son comprar Volkswagen (DAX) o Meta Platforms (Nasdaq) con castigos similares a varios papeles del IPSA.
Además, aún no sabemos qué pasará con la reforma de pensiones, lo que siembra incertidumbre sobre el DL 3.500 y el régimen de inversión, cuya posible derogación – que podría ser el apocalipsis de la renta fija y variable nacional – hace que sueñe pesadillas. Aquí sólo queda encomendarnos a los análisis de la Superintendencia de Pensiones, CMF y el Banco Central, rezando para que la clase política los escuche al menos esta vez.
En commodities aparece un royalty que poco incentiva la exploración y explotación de nuevos yacimientos. Además, las palabras del presidente en la revista TIME sobre “condicionar la exportación de materias primas o de energía (litio, cobre e hidrógeno) a cambios en el comportamiento de consumo de los países más desarrollados.” Ciertamente, no ayudan a nuestra imagen de país serio.
La verdad es que me cuesta profundamente leer la hoja de ruta del Ejecutivo. ¿Por qué desalentar hoy la inversión o realizar acciones que siembran dudas? ¿Será que quizás están llevando a la práctica la famosa cita de Carlos Caszely con su “No tengo por qué estar de acuerdo con lo que pienso”?
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