-¿Qué le parece la corrección en la proyección de crecimiento del PIB de 3,5% a 1,5% para este año? ¿Pecaron de optimistas el gobierno anterior?
-La proyección de 3,5% estaba en la parte de alta de las proyecciones de mercado que había en enero, cuando presentamos el anterior IFP y no era un número que no fuera factible. Sin embargo, desde febrero a la fecha, pasaron muchas cosas que inciden en una corrección a la baja en el PIB. Por ejemplo, la guerra Rusia-Ucrania, aumento en el precio de los commodities, aumento en la inflación mundial, caída del PIB de EE.UU. en el primer trimestre, lockdowns en China por el recrudecimiento del Covid, aumento en los índices de incertidumbre producto de que se está cerrando la discusión en la Convención Constituyente… Todas estas cosas no estaban en el escenario de enero y, por lo tanto, llevan a que el PIB se deba ajustar a la baja.
-¿No consideran que fueron optimistas entonces?
-Lo que digo es que pasaron muchas cosas, que explican que hoy día el crecimiento de 1,5% sea razonable, en el centro del rango de 1% a 2% que tiene el Banco Central.
-El gobierno también recortó también la proyección de demanda interna y estiman una caída de 1% para este año, ¿Qué le parece esa corrección?
-El IFP explica que el Gobierno está viendo una rebaja en el consumo, pero la principal corrección es en la formación bruta de capital fijo, es decir, el gobierno está viendo un ajuste bastante agresivo en la inversión este año. Esto obedecería también a que las condiciones macro se han deteriorado para la inversión, con un aumento de la incertidumbre, tasas de interés más altas y menor demanda externa.
-En el tema fiscal, ¿qué le pareció que se haya puesto una meta de deuda fiscal, además de balance, y la trayectoria de reducción del déficit estructural de 0,75 puntos por año que compromete?
-Parece coherente que se hayan puesto una meta de deuda que está en línea con lo que ellos califican como una deuda “prudente” de 45% del PIB. Estabilizar la deuda en esa línea no quita grados de inversión y es una deuda abordable para el tamaño de nuestra economía. Por otra parte, entiendo que la meta de balance estructural trata de ser lo más exigente posible para cumplir con ese nivel de deuda, por lo que ir bajando el déficit de 0,75 puntos está bien en esa línea.
-¿Y qué opina de que el gobierno se haya fijado esta meta de deuda?
-Este informe adelanta lo que va a ser el decreto de política fiscal del gobierno. Y respecto de tener una regla fiscal dual, de balance y deuda, me parece un gran avance. Se está haciendo de facto algo que se está impulsando en una ley que se está tramitando en Congreso y es algo que se ha recomendado mucho por organismos externos.
-Eso por el lado positivo…. Y, a su juicio, ¿Qué le faltó a este informe?
-Hace un mes, a comienzos de abril, el ministro Marcel dijo que en este informe iban a haber escenarios de sensibilidad con el efecto de la reforma tributaria y también de la trayectoria del gasto. Eso no está y uno lo echa de menos. Y lo otro que uno echa de menos es que, dadas las holguras fiscales que se reconocen y que no son muy distintas a las del informe anterior, uno hubiera esperado una calibración respecto de aumentar la carga tributaria y la reforma que comprometió el gobierno en su programa.
-El Gobierno estimó holguras fiscales por US$25.500 millones acumuladas para 2023-2026, ¿Qué flexibilidad le da esto al gobierno?
-Lo que están diciendo es que para los próximos cuatro años tienen un espacio contra ingresos estructurales, es decir, contra ingresos permanentes, para poder llevar a cabo un programa de gobierno. Por lo tanto, sin duda hay un espacio para discutir con mayor profundidad la magnitud y los tiempos para aplicar la reforma tributaria que comprometió el gobierno.
-¿No es que no sea necesaria…?
-Es que incluso con este nivel de holguras uno podría evaluar mejor la magnitud de la reforma que quiere hacer. Lo que pasa es que ya hay un compromiso político de hacerla para aumentar gastos permanentes. Por lo tanto, no es tan fácil decir que ahora no es necesaria. Pero con este nivel de holguras -que repercute en un nivel de deuda por debajo de 45% del PIB- sin duda que hay espacio para calibrar mejor la profundidad y tiempos de la reforma tributaria.
-¿Qué es lo que se debe evaluar mejor?
-Desde el punto de vista económico, una reforma viene a financiar un mayor gasto, pero en este caso, todavía no sabemos cuánto va a ser. Porque hay proyectos que todavía no se han abordado, que están en el programa de gobierno, que van a significar un mayor gasto, pero no sabemos cuánto.
Pero sí podemos decir, con este colchón de holguras, que hay espacio para calibrar mejor la reforma. Sobre todo, mirando las propias proyecciones del gobierno. Que está viendo un crecimiento del PIB de 0,4% en 2023 después de una recesión técnica este año, que está implícita en la proyección de crecimiento de 1,5% anual.
-A qué se refiere?
-Lo que quiero decir es que el gobierno puede hacer un mejor timing y atenuar el efecto que puede tener una discusión e implementación de una reforma tributaria en la recuperación. Hay que considerar que toda discusión de cambio tributario eleva los niveles de incertidumbre en mayor o menor medida, dependiendo de cómo se formule. No hay que olvidar el impacto que esto puede tener en inversión. Por lo tanto, no hay que ignorar el efecto de este en el crecimiento y la inversión.
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