En medio de la primera sesión plenaria de la Convención Constitucional en el Bío Bío, y con una primera mayoría para José Antonio Kast en las elecciones presidenciales, el convencional Agustín Squella hace un balance con respecto a los resultados. Además, aborda la eventual caída de los plebiscitos dirimentes ante la nueva conformación del Congreso.
-¿Cómo interpreta la primera mayoría de José Antonio Kast, un candidato que votó por el Rechazo?
-Parto por decir que los confusos hechos electorales del pasado domingo me tienen muy confundido. A mi me producen mucha admiración los analistas que ya la misma noche del domingo tenían todo claro. ¿Kast? Su votación puede deberse al hastío con el desorden y manifestaciones de violencia que hemos tenido los últimos. Cuando el voto de la derecha se corre hacia la extrema derecha, nada bueno puede esperarse para un país. Pero a veces las sociedades incurren en la tentación de canjear libertades por orden. El país parece ir electoralmente a los bandazos. Hoy aquí, pocos meses después, allá. No se termina de elegir un gobierno y quienes votaron por él se pasan a la vereda de enfrente y empieza la silbatina.
-¿Cree que la Convención incide en este resultado?
-No lo creo, o no del todo al menos.
– ¿Qué visión tiene sobre las declaraciones del vicepresidente Jaime Bassa en donde expresa estar a disposición de Gabriel Boric?
Pienso que la afortunada declaración de la mesa directiva dejó atrás la indebida que había hecho antes nuestro vicepresidente. Estar al servicio de la Convención y su cometido: de eso se trata y no de ponerse a disposición de una u otra campaña presidencial.
-Se dice que esta es una derrota al ánimo refundacional, que, entre otros, ha tenido la Convención ¿Cómo interpreta aquello?
-En la Convención hay, por un lado, una minoría reaccionaria, y, por otro, una minoría refundacional. Pero se trata de minorías que, como todas, se muestran mucho y expresan de forma estridente. Espero que a ambas minorías se les bajen los humos de la cabeza y entiendan, por un lado, que el país quiere una Constitución distinta a la actual, y, por la otra, que nadie nos ha pedido que fundemos nuevamente a Chile ni que dejemos ser una república democrática y que empecemos a ser un Estado Social de Derecho y no subsidiario.
-¿Cree que la Convención debe reestructurarse en cuanto a los mensajes que está entregando?
-La única señal válida que se espera de la Convención es que proponga al país el texto de una Constitución por 2/3 de sus integrantes. Todo lo demás será episódico, efímero, circunstancial, y a veces pura bravata de constituyentes aislados o grupos minoritarios en busca de figuración. 2/3. No será fácil conseguirlos, pero tenemos el deber de lograrlos. Si no lo conseguimos habremos fracasado como constituyentes y como Convención, sin que podamos echarle la culpa a nadie.
-¿Cómo debiese funcionar ahora?
-Mejor, mucho mejor. Hemos avanzado, pero el tiempo pasa. La responsabilidad que aceptamos al constituirnos el 4 de julio es única, clara, irrenunciable, y debemos concentrarnos en ella. No estamos a cargo del presente ni de la contingencia. Lo que se puso en nuestras manos es el futuro, el futuro constitucional del país. ¿Es eso poco como para que no metamos hoy en asuntos legislativos, de gobierno o electorales? Cada cual en lo suyo. Cada palo con su bandera. Sin perjuicio de que cada constituyente pueda dar su opinión sobre el particular, pienso que durante el próximo mes no deberíamos involucrarnos en la campaña presidencial de ninguno de los dos candidatos. Dos candidatos que con el objetivo de ganar votos moderados han empezado a mentir y desdecirse de manera descarada con las que han sido y siguen siendo sus reales intenciones.
-Se ha reconocido que con la nueva conformación del Congreso, es probable que no prospere la realización de un eventual plebiscito intermedio dirimente, ¿cómo recibe eso?
-Lo de los plebiscitos dirimentes fue un volador de luces, casi un engaño. El actual Congreso no los iba a aprobar y el próximo todavía menos. Volador de luces que engaña a la ciudadanía y distrae a nosotros los constituyentes. Yo espero que cesen los fuegos artificiales dentro de la Convención y que apúrenos el tranco en relación con el compromiso que tenemos.
Y algo más: el voto en blanco se puede interpretar de una sola manera: no me gusta el menú. Pero ¿qué pasa con esa abstención del 53%? Es pereza ciudadana, hastío, comodidad, decepción, rechazo a vivir en sociedad, desconfianza, o ¿todo eso a la vez? La mayoría no vota y la minoría que lo hace anda a los bandazos, de aquí para allá, temerosa, desorientada, inclinada al populismo y a los extremos.
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