El anuncio del Banco Central de que este año propondrá una regulación para las stablecoins es interesante porque, por primera vez, estamos discutiendo cómo debería organizarse el dinero en la era digital.
Durante años el debate se concentró en cómo la tecnología blockchain podía descentralizar el sistema financiero. Sin embargo, como señaló el vicepresidente del Banco Central, Alberto Naudon, la discusión relevante no es tecnológica sino económica. Lo importante no es cómo se registra una transacción, sino qué promete quien emite ese “token” y qué derechos tiene quien lo posee.
La caída de Terra en 2022 ilustra bien esa diferencia. Prometía mantener un valor estable de un dólar, pero, a diferencia de otras stablecoins, no estaba respaldada por bonos del Tesoro estadounidense, sino por un mecanismo algorítmico que descansaba sobre otra criptomoneda, Luna. Mientras existió confianza, funcionó. Pero cuando comenzaron las dudas sobre su sostenibilidad, se produjo una corrida.
El problema no estuvo en blockchain. El problema fue económico. La estabilidad dependía de la confianza de los inversionistas en que el respaldo sería suficiente cuando todos quisieran rescatar al mismo tiempo. La tecnología hizo más transparente el proceso, pero no eliminó el riesgo de una pérdida de confianza.
La lección de Terra no es que todas las stablecoins sean riesgosas, sino que no todas son iguales. Una stablecoin respaldada por bonos del Tesoro de corto plazo enfrenta riesgos distintos a otra cuyo respaldo depende del precio de un activo altamente volátil.
Una stablecoin es tan confiable como los activos que la respaldan. A diferencia de un banco, no busca transformar depósitos de corto plazo en créditos de largo plazo, sino mantener reservas líquidas que respalden cada “token” emitido.
La comparación más útil sería un fondo de money market. Estos fondos invierten en instrumentos muy seguros y líquidos de corto plazo y buscan preservar el valor del dinero mientras generan una pequeña rentabilidad. Muchas stablecoins funcionan de manera similar: reciben dólares, los invierten principalmente en bonos del Tesoro de corto plazo y entregan un “token” que puede utilizarse para realizar pagos. A diferencia de una cuota de fondo, ese “token” circula como un instrumento al portador.
Aquí aparece la verdadera innovación. Imagine un fondo de money market que le entregue una tarjeta de débito. Mientras usted no utiliza ese dinero, obtiene la rentabilidad del fondo. Cuando compra un café o paga una cuenta, el sistema vende automáticamente las cuotas necesarias para realizar el pago. La frontera entre ahorrar y pagar desaparece.
Hoy debemos elegir entre liquidez y rentabilidad. La cuenta corriente permite pagar, pero generalmente no remunera los saldos. Un fondo mutuo remunera el ahorro, pero no sirve para pagar. Las stablecoins permiten imaginar productos que integren ambas funciones en un solo instrumento.
Más aún, esta separación entre ahorro y pagos es una herencia del diseño del sistema financiero. La digitalización permite replantearla. La innovación no consiste en crear una nueva moneda, sino en permitir que un activo muy seguro circule como medio de pago. Ahí reside el verdadero cambio económico.
Su potencial probablemente tampoco esté en reemplazar las tarjetas. Es más probable que aparezca primero en pagos internacionales y en la administración de liquidez de empresas. Paradójicamente, ello podría fortalecer aún más el papel internacional del dólar, ya que la mayoría de las stablecoins están denominadas en esa moneda.
Naturalmente, esta innovación exige regulación. Una stablecoin es tan sólida como la promesa de rescate de su emisor. A diferencia de un depósito bancario, cuyo rescate a la par está garantizado por ley, la de una stablecoin suele ser contractual y, por tanto, tan firme como la solvencia de quien la emite. La pregunta es cómo regular si sus reservas son suficientemente líquidas, si los derechos del tenedor están claramente definidos y si el diseño protege la estabilidad financiera.
El debate chileno ha comenzado y el tema central estará en si queremos permitir que nuevos intermediarios compitan por administrar nuestro dinero de corto plazo. Si la respuesta es sí, las stablecoins podrían representar una revolución en la forma de administrar la liquidez. No obstante, su éxito dependerá mucho menos de la tecnología que de la credibilidad de las instituciones que las respaldan.
Para más columnas en Ex-Ante, clic aquí.
Desempleo juvenil: cuando la experiencia se convierte en una barrera. Por Sandra Bravo.https://t.co/JH3oFBr8pz
— Ex-Ante (@exantecl) July 18, 2026
Publicaciones relacionadas
La ex vocera volvió a las pantallas de Sin Filtros con un guión infalible en términos de audiencia: disparando contra los dos principales asesores del presidente Kast instalados en el Segundo Piso de La Moneda. Las fuertes diferencias entre Sedini y ambos ocurrieron sobre todo en los primeros meses del gobierno, cuando estos reinaban casi […]
La idea matriz del proyecto apunta en la dirección correcta; recuperar la inversión nacional y extranjera, algo que no será fácil en un mundo cada vez más hostil, con aranceles que anuncian una nueva era de proteccionismo. Si ese objetivo se cumple, algo que aún está por verse, los beneficiarios no serán solamente quienes inviertan […]
La recién estrenada La Odisea, de Christopher Nolan, el gran hit de 2026, ha puesto a su elenco por los cuernos de la luna y más aún a sus protagonistas. Anne Hathaway (Penelope) tiene a su haber unas cincuenta películas (está por estrenar Verity, un thriller psicológico). Matt Damon (Odiseo) supera las cien, como actor, […]
No se trata únicamente de proteger empresas y su valor. Se trata de preservar el legado de quienes dedicaron su vida a construirlas y, sobre todo, las relaciones familiares que permitirán que ese legado continúe en las siguientes generaciones.
Codelco no necesita un dueño ausente. Necesita un dueño responsable y un directorio con autoridad real para decirle que no, porque el cajero automático terminará quedándose sin dinero.