Tal vez Benjamin Markovits no tenga con el básquetbol la misma relación que John Irving, el autor de El mundo según Garp, tiene con la lucha libre, pero en ambos el deporte está en el punto exacto de la biografía donde el camino del escritor y del deportista profesional se bifurcan para siempre.
Es el momento cuando deciden su propio futuro y optan por la escritura. Lo que no obsta a que para ellos la lucha libre o el baloncesto sigan siendo una fuente inagotable de recuerdos, de metáforas, de comparaciones, de vivencias a las cuales su escritura acude serena o compulsivamente una y otra vez.
Días de juego, publicada originalmente el año 2010 y traducida ahora por Juan Nadalini, es la historia de lo que le ocurre durante un año a Ben, un chico texano aunque de ancestros judío-alemanes que va a Alemania, en concreto a Landshut, capital de la Baja Baviera, para incorporarse a un club chico que aspira a llegar a ser grande. Ben es el narrador y él cree que ahí, lejos de su patria, podría encontrar su destino.
Es un entorno menos competitivo que el americano y le ofrecen una oportunidad que puede ser interesante para él: un sueldo que no está mal, un departamento y, si las cosas salen bien, un eventual futuro.
En el plantel juegan algunos americanos y a las pocas semanas el protagonista ya ha desarrollado frágiles vínculos con sus compañeros, una relación atendible con una chica que es madre soltera y que vive en un edificio próximo al suyo y la idea de llegar a ser un jugador lo bastante destacado para saltar después a ligas mayores.
Eso es todo. O casi todo, porque por debajo de la historia poco dramática de una sola temporada en el club corre el proceso de madurez del narrador, sus dilemas, su primer encuentro con la soledad, sus dudas respeto de lo que quiere de la vida, su intención de estabilizarse emocionalmente y de terminar de saldar sus cuentas con la escritura.
No es un libro especialmente exultante. Es más bien lo contrario, un relato tocado por muchas referencias autobiográficas y una cierta melancolía y decepción. Porque son muchas las ilusiones que sucumben en el camino de la madurez y muchos los aprendizajes que sacan al narrador de supuestos fantasiosos. Crecer es también aprender a poner los pies en la realidad.
El libro se lee con agrado. Tiene posiblemente una cantidad de jerga basquetbolera superior a la que cabe en la cabeza de un paisano común y más descripciones de pases, bloqueos y entregas de la pelota de las que soy capaz de imaginar, pero este factor no siempre malogra el relato ni diluye la emoción. Es más: uno aprende que tras cada tiro encestado hay mucho más de lo que se ve, en términos de aspiraciones, de metas de vida, de dinero involucrado, de competencia interna contenida entre los propios jugadores del club.
Dias de juego es una novela de crecimiento y en cierto modo, también, un retrato del artista, más que cachorro, en ciernes. Por sus páginas circula asimismo el tema de hasta dónde el talento, las habilidades naturales, pueden dar sustento a una ambición de gran escala. ¿Bastan las puras competencias personales? ¿Basta el querer para poder? ¿Qué tipo de injusticias y de desigualdades son aquellas con las cuales se topan los deportistas en cualquier disciplina? ¿Cuáles son las que están presentes en la vida de cualquiera?
Por la historia del año de Ben en Alemania fluye una serena, una tranquila decepción. Es parte del proceso de su madurez reconocer que muchas de las ilusiones que lo han llevado a Alemania son frágiles y que llegó el momento de preguntarse en serio qué quiere de la vida. En esta dirección Días de juego consigue hacia el desenlace sus mejores páginas.
Hace algunas semanas el escritor, nacido en Texas pero radicado en Inglaterra, estuvo de visita en Chile, invitado por la cátedra en homenaje a Roberto Bolaño de la UDP. Basta colocar su nombre en el buscador para acceder a entrevistas que concedió a medios locales.
Uno de los últimos libros de Benjamin Markovits es El resto de nuestra vida, novela sobre el fracaso matrimonial, que ha sido publicada por Chai en esta misma colección. Es un trabajo que llevó al crítico de The Guardian a decir que “Markovits ha sido durante mucho tiempo uno de nuestros novelistas más infravalorados”. Y asegura que esa novela es “una prueba más de que merece un reconocimiento mucho mayor”.
Algo parecido se podría decir de esta.
Días de juego. Banjamin Markovits. Chai Editora, 2026. 294 pp.
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Opinión | “Es una obra fundamental que permite entender mejor la ciudad y reconocerle genuina estatura literaria a la crónica como género periodístico”. Por Héctor Soto. https://t.co/Add1E1vbHr
— Ex-Ante (@exantecl) June 13, 2026
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