La elección presidencial peruana ocurre en un momento particularmente relevante para América del Sur. El mundo atraviesa una etapa de profundas transformaciones geopolíticas, caracterizada por la creciente competencia entre Estados Unidos y China por espacios de influencia económica, tecnológica y estratégica. Más allá de los resultados electorales inmediatos, la pregunta relevante es qué papel jugará Perú en este nuevo escenario internacional.
En ese contexto, el puerto de Chancay ha convertido a Perú en una pieza estratégica para ambas potencias. Su potencial para transformarse en un gran hub logístico del Pacífico sudamericano y articular futuros corredores bioceánicos lo sitúa en el centro de las nuevas rutas comerciales que conectarán América del Sur con Asia. Lo que ocurra en Perú ya no es solamente un asunto doméstico; tiene implicancias para toda la región.
Para Chile, esta relación posee además una dimensión económica singular. Durante las décadas de 1990 y 2000, numerosas empresas chilenas expandieron sus operaciones hacia Perú en sectores como retail, banca, centros comerciales, salud, transporte y energía. Ese proceso generó una profunda integración empresarial.
No es casualidad que Perú sea hoy el principal destino de la inversión chilena en el exterior, acumulando más de US$20.000 millones en proyectos que destacan no sólo por su magnitud, sino también por su diversidad y sofisticación. A ello se suma un Tratado de Libre Comercio que ha contribuido a profundizar los vínculos económicos entre ambos países generando que aproximadamente un 2% de las exportaciones chilenas tengan como destino el mercado peruano.
La integración económica se ha construido además sobre una creciente complementariedad productiva. Aunque ambos países poseen una importante dotación de recursos naturales, han desarrollado especializaciones distintas. Chile ha fortalecido capacidades institucionales y empresariales asociadas a servicios sofisticados para la minería, mientras Perú ha profundizado su capacidad extractiva y ha desarrollado una agroindustria cada vez más competitiva.
En cierta forma, ambos países han aprovechado fortalezas institucionales diferentes para integrarse dentro de una misma plataforma económica del Pacífico. Como resultado, el desempeño económico de Perú tiene hoy efectos cada vez más relevantes sobre las oportunidades de crecimiento de Chile.
La integración entre Chile y Perú no se expresa únicamente en el comercio. Durante años, el capital chileno cruzó la frontera en busca de oportunidades de inversión, mientras miles de trabajadores peruanos lo hicieron buscando mejores oportunidades laborales. Ambos movimientos reflejan una creciente complementariedad entre las dos economías.
La experiencia peruana presenta además una característica poco habitual en América Latina: una notable capacidad para desacoplar economía y política. Con nueve presidentes en diez años, el país ha mantenido una estabilidad económica sorprendente. La elección actual pondrá nuevamente a prueba cuánto tiempo más puede sostenerse esa paradoja.
Más allá del resultado electoral, existe una conclusión evidente: lo mejor es que Perú logre avanzar en gobernabilidad y estabilidad institucional. Un Perú más estable permitiría profundizar las complementariedades económicas existentes con Chile, fortalecer el eje de desarrollo del Pacífico y aprovechar de mejor manera las oportunidades que abre la nueva geopolítica global.
La pregunta de fondo es si la notable separación entre estabilidad económica e inestabilidad política que Perú ha exhibido durante la última década puede sostenerse indefinidamente o si, tarde o temprano, las debilidades de la gobernabilidad terminarán afectando el crecimiento, la inversión y el enorme potencial estratégico que hoy posee el país.
Para Chile, esta no es una pregunta lejana. El futuro de Perú incide directamente sobre nuestras exportaciones, sobre el principal destino de la inversión chilena en el exterior y sobre la consolidación de un polo de desarrollo del Pacífico con capacidad para proyectarse hacia Asia. En la nueva geopolítica del Pacífico, el destino económico de Chile y Perú está cada vez más entrelazado.
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Gobernar la IA desde los humanos y para los humanos. Por Juan Pablo Torres y John Atkinson.https://t.co/B1TIHbNFsc
— Ex-Ante (@exantecl) June 6, 2026
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