Durante los últimos años, la banca chilena ha experimentado una transformación profunda en su estrategia, modelo de negocios, estructura de gobierno, procesos y tecnología. Este cambio no ha sido casual. Ha estado estrechamente vinculado a la adopción progresiva de estándares internacionales de regulación prudencial, particularmente aquellos asociados a Basilea, que han redefinido la forma en que los bancos gestionan el riesgo, el capital y la liquidez.
Como resultado de la implementación de Basilea, la industria bancaria chilena exhibe niveles de capitalización y de liquidez acordes con su modelo de negocio y los riesgos que asume.
Aun cuando las entidades cumplen con los ratios de capital y liquidez exigidos por la regulación, ello no garantiza, por sí solo, su viabilidad frente a escenarios de deterioro extremo. En este sentido, resulta clave que los bancos cuenten con capacidades estructuradas para anticipar y gestionar situaciones de tensión severa, antes de que estas deriven en crisis sistémicas. Es en este marco que la normativa de planes de recuperación bancaria emitida por la Comisión para el Mercado Financiero (CMF) cobra relevancia, al reforzar la capacidad de respuesta de las instituciones frente a escenarios adversos.
A diferencia de los ejercicios tradicionales de planificación financiera y de los procesos de autoevaluación —como el IAPE o el ILAAP—, los planes de recuperación exigen una mirada integral y prospectiva.
Para ello, se utilizan escenarios de tensión adicionales y significativamente más severos, construidos a partir de pruebas de tensión inversas, cuyo objetivo es identificar las condiciones bajo las cuales el modelo de negocio de una institución deja de ser viable.
En este marco, los bancos deben definir indicadores de alerta temprana, estructurar escenarios extremos —tanto idiosincráticos como sistémicos— y, especialmente, evaluar un conjunto de opciones de recuperación que sean realistas, ejecutables y oportunas. No se trata de documentos teóricos, sino de herramientas que deben poder activarse efectivamente bajo condiciones de presión material.
Desde una perspectiva estratégica, esta regulación representa un cambio cualitativo. Los bancos ya no solo deben demostrar solidez ex post, sino también capacidad de reacción ex ante, integrando la gestión de capital, liquidez, riesgo y gobierno corporativo en un marco coherente de toma de decisiones bajo estrés. En la práctica, esto implica que decisiones sobre crecimiento, adquisición de carteras, desarrollo de nuevos productos, estructura de fondeo o distribución de utilidades ya no pueden evaluarse únicamente por su rentabilidad esperada, sino también por su impacto en la capacidad de recuperación de la institución.
Este punto resulta especialmente relevante en un entorno en el que las entidades gestionan activamente indicadores de capitalización, concentración, descalces de liquidez y provisiones, junto con métricas de eficiencia. La normativa de recuperación tensiona estos equilibrios y obliga a una lectura más sofisticada del binomio riesgo-retorno, incorporando escenarios en los que las condiciones de mercado se deterioran rápidamente y las alternativas de acción se vuelven más limitadas.
En este sentido, los planes de recuperación bien diseñados se convierten en una poderosa herramienta de gestión estratégica. Permiten evaluar anticipadamente el impacto de nuevos negocios en capital y liquidez bajo escenarios extremos, analizar la efectividad de distintas palancas de recuperación y fortalecer la disciplina interna en la toma de decisiones. Asimismo, refuerzan el rol del directorio y de la alta administración, elevando los estándares de gobierno corporativo y clarificando responsabilidades en contextos críticos.
La experiencia internacional muestra que las instituciones que integran tempranamente esta normativa en su modelo de gestión, y no la tratan como un ejercicio aislado de cumplimiento regulatorio, logran no solo fortalecer su resiliencia, sino también mejorar la calidad de su planificación estratégica y su diálogo técnico con los reguladores.
En definitiva, la regulación de recuperación bancaria marca una nueva etapa en la evolución del marco prudencial chileno. Basilea proveyó resiliencia estructural al sistema; los planes de recuperación profundizan esa resiliencia, incorporando una lógica de anticipación y acción estratégica frente a escenarios de tensión severa.
En este proceso, los bancos que logren transformar esta exigencia regulatoria en una ventaja de gestión estarán mejor preparados no solo para enfrentar escenarios adversos, sino también para competir y crecer de manera sostenible en un entorno financiero cada vez más complejo.
Para más noticias de After Office en Ex-Ante, clic aquí.
Patrimonio con certeza: reformar el Consejo de Monumentos Nacionales para crecer. Por Carlos Zeppelin.https://t.co/0U5xat1IzC
— Ex-Ante (@exantecl) April 22, 2026
Publicaciones relacionadas
“Días de juego” cuenta una historia que tiene mucho de autobiografía. Su autor, estadounidense radicado en Londres y que hace poco estuvo en Chile, también jugó al básquetbol y vivió los dilemas de quien se sabe bueno para jugar, aunque no excelente para quedar a la altura de sus ambiciones.
Si la economía no logra transformar su dinamismo en oportunidades laborales, especialmente para mujeres y jóvenes, seguirá existiendo una brecha relevante entre las cifras macroeconómicas y la experiencia cotidiana de muchos hogares. La pregunta clave no es solo cuánto crece el país, sino quiénes participan de ese crecimiento. Hoy esa distancia es demasiado amplia y […]
Ningún político puede ignorar que los cuestionamientos más dañinos no son los que provienen de los adversarios, sino de quienes pertenecen al mismo sector, compartieron los mismos proyectos y conocen desde dentro sus fortalezas y debilidades. El expresidente Richard Nixon, tras perder la elección presidencial de 1960, escribió que “perder una elección duele más que […]
Este viernes, Cencosud anunció la adquisición del 100% de Makro en Colombia, en una operación avaluada en aproximadamente US$ 158 millones. La cadena de supermercados se integra a la red de marcas que el grupo opera en dicho país —entre las cuales se encuentra Jumbo, Easy y Metro— y también refuerza su estrategia de crecimiento […]
Perú llegaría a 2026 con una economía creciendo sobre 3%, consumo privado firme, inflación todavía sobre la meta y un tipo de cambio relativamente estable. Tras la caída de 2023, el país habría recuperado una trayectoria de expansión, aunque condicionada por el clima, la política y la capacidad del próximo gobierno para sostener la confianza.