—Quisiera partir por tu niñez, para que la gente te conozca. Tú estuviste en el colegio Saint George, en Pedro Valdivia Norte y se dedicaban a jugar en la calle. Cuéntanos de esa vida de barrio y de tus abuelos maternos, que entiendo fueron muy cercanos.
— Era otro Chile, otro Santiago. Jugábamos en la calle, no había internet ni videojuegos; caminábamos sin miedo por la ciudad y construíamos relaciones más personales que las de hoy. Quizás eran relaciones más sanas que las que percibimos en las últimas generaciones, que viven con una sensación de temor que las encierra. En mi caso, mis abuelos maternos fueron muy importantes. Mis padres se separaron cuando yo tenía 12 o 13 años y, como mi mamá trabajaba, la figura del abuelo fue fundamental para la contención de la familia.
—Después del Saint George, en plena Unidad Popular, te cambias al Tabancura. Dicen que eras el hombre del pelo largo, el “pelucón”, que llegaba de un ambiente relajado a uno conservador. ¿Cómo fue eso?
— Efectivamente fue así. La diferencia es que me fui con la mitad de mi curso; el 60% venía del Saint George. Yo siempre fui un poquito rebelde, de corte liberal, y llegué a un colegio donde las cosas eran más ordenadas. Era el único de mi curso con el pelo largo.
El rector, Juan Cox, fue un tipo increíble que me entendió y aceptó mi rebeldía. Yo tenía buenas notas, así que eso ayudaba. Lo interesante es que venía de un colegio donde la creatividad y la libertad eran pilares, y llegué a un proyecto que me dio estructura. Esa combinación me ayudó mucho en la vida: mantener la creatividad para buscar soluciones, pero dentro de una estructura de hábitos.
—Francisco, eres modesto al decir que eras buen alumno. Fuiste el mejor en la preparatoria, en la media, en Ingeniería en la Católica y en el MBA en Chicago. ¿Por qué esa dedicación tan temprana?
—Por curiosidad y por mis amigos. Tuve mucha suerte con el ecosistema en el que crecí. Uno aprende el 20% de los profesores y el 80% de los compañeros. Tuve compañeros extraordinarios con los que trabajábamos juntos y de los cuales aprendí mucho.
—Hablemos de alguien central en tu vida: tu mamá. Sé que su partida hace un año te marcó profundamente.
—Ella era una persona extraordinaria que se entregaba entera a los demás. Todo lo que tenía, lo regalaba. Creaba hábitos a través del cariño. Mi mamá estuvo conmigo 24/7 en mis primeros años y me enseñó lo que sirvió para construirme después. Nos educó en mucha libertad; más que fijar reglas, ella regalaba el eje con su ejemplo. Ver cómo se sacrificaba por sus hijos y nietos te marcaba; ella siempre se ponía al final de la fila cuando se trataba de recibir.
—Te casaste muy joven y hoy tienes una familia enorme, con ocho hijos y 26 nietos. ¿Cómo ha sido esa experiencia?
—Dicen que los hombres eligen mujeres parecidas a sus madres, y mi señora también se ha regalado entera a su familia. Yo perdí a mi hermana Rosario a los 25 años y no venía de una familia numerosa, pero me gustaba la idea. Pasaba mucho tiempo en la casa de un amigo que tenía nueve hermanos y ese ambiente, la forma en que se educaban entre ellos, me marcó. Con mi señora compartimos ese plan estratégico de formar una familia grande desde el principio.
—Pasando a la actualidad, tuviste una carrera empresarial exitosa dirigiendo el grupo más importante de Chile. ¿Por qué aceptar el llamado del Presidente Kast para ser Canciller y cambiarte al sector público?
— Por muchas razones. Llevaba 36 años como gerente general del Grupo Luksic y sentía que, si no lo hacía ahora, no lo hacía nunca. La convocatoria del Presidente Kast fue imposible de rechazar. A su familia la conocía de siempre; su hermano Cristián fue mi gran amigo en la universidad. Un amigo común nos presentó para conversar sobre políticas públicas y un día me llamó para sumarme. No me sentía con las capacidades, así que fui a hablar contigo, Alfredo. Me dijiste que podía hacerlo y que el país estaba por delante. Dejé todos mis cargos y el 1 de febrero de 2026 fue el primer mes en mi vida que no tuve cotizaciones profesionales. En estas dos semanas he aprendido más que en los últimos cinco años. He descubierto un mundo nuevo que me ha rejuvenecido.
— ¿Cómo ayuda tu experiencia empresarial en la diplomacia?
—En los últimos 20 años me dediqué a negociar fuera de Chile, de chico a grande. Las empresas chilenas son pequeñas comparadas con las de afuera, y eso no es distinto al desafío de Chile: insertarse en un mundo complejo siendo un país pequeño. En la Cancillería hay mucho talento diplomático tradicional; mi rol es administrar equipos humanos, darles espacio y armar grupos donde la diversidad ayude a que todos florezcan.
— Hablemos de Estados Unidos y China. ¿Cómo se recomponen lazos con uno sin afectar la relación con el otro siendo adversarios?
— Si no aumentamos la importancia de la economía del conocimiento, se nos va a achicar el margen. Tenemos la suerte de la electromovilidad y las energías limpias, pero hay que aprovecharla. Necesitamos a China, ya que Chile invertirá 100 mil millones de dólares en minería en la próxima década, pero también necesitamos a Estados Unidos porque es clave para el acceso a las redes de información y tecnología. No podemos desatender a ninguno.
— ¿Qué podemos hacer para ayudar a la transición democrática en Venezuela?
— Lo primero es recuperar las relaciones a nivel consular. Tenemos muchos venezolanos en Chile y chilenos allá, y necesitamos cooperación para resolver los problemas de las personas y formalizar su situación. Sobre la democracia en el continente, es nuestra vocación y vamos a estar ahí para cooperar.
— Sobre el multilateralismo, ¿qué rol debe asumir Chile y por qué no apoyaron a Michelle Bachelet para la ONU?
— El multilateralismo es vital para Chile porque somos un país chico, pero necesita más pragmatismo y menos ideología; buscar soluciones de verdad para la calidad de vida de la gente. Los organismos han fallado en prevenir conflictos y necesitan una reestructuración.
En el caso de Michelle Bachelet, la candidatura se gestó con mucha fragmentación y surgieron varios candidatos de Sudamérica; no hubo capacidad de unir fuerzas tras una sola persona. Además, una candidatura no es gratis: requiere costos financieros y políticos, como entregar votos en otras causas para conseguir apoyos. En la ONU hay un Consejo de Seguridad con derecho a veto, y, en este caso se estimó que la probabilidad de éxito era suficientemente baja como para no comprometer los esfuerzos del país.
— ¿Cómo ves la guerra en Medio Oriente y su impacto en Chile, especialmente en el precio de los combustibles?
— Hay dos escenarios: uno donde las negociaciones vuelven a la mesa y el conflicto termina, y otro de “fase 3” con tropas en tierra para impedir que Irán sea una potencia nuclear. Este segundo escenario es de larga duración y gran destrucción. A nosotros ya nos está golpeando por la estrecha situación fiscal del país, que ha obligado al gobierno a retirar subsidios y llevar el precio de los combustibles a niveles de mercado internacional.
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