El presidente Kast partió el 11 de marzo demostrando que la idea de gobierno de emergencia no era sólo un slogan de campaña, sino un rasgo definitorio de lo que pretende ser el carácter de su gobierno.
Partió de manera inédita el propio 11 de marzo firmando decretos de acciones muy bien acogidas por la ciudadanía, mucho más allá incluso de quienes lo respaldan, continuó inmediatamente con el inicio de la construcción de la zanja fronteriza y antes de la semana ya tiene al Congreso discutiendo con urgencia proyectos estancados y nuevas iniciativas legales. Como si no tuviera ni un minuto que perder, como si hubiera estado preparando minuciosamente el guion desde mediados del año pasado, cuando ya avizoraba su triunfo sobre los demás opositores en primera vuelta.
Lo que al día siguiente de la elección parecía un empate en el Senado se transformó inmediatamente en mayoría por el alineamiento del independiente Miguel Ángel Calisto con el oficialismo, razón que llevó a los senadores PS y PPD a participar de un acuerdo administrativo que cedía completamente la conducción del Senado a Chile Vamos el primer año de gobierno.
Y el acuerdo que amenazó acompañar el cambio de mando y los primeros meses de gobierno con la Cámara de Diputados conducida por una sempiterna y feroz opositora, ahora en el PDG, terminó horadado por la ausencia de una diputada comunista, el voto distinto de un miembro de la bancada del PDG y el apoyo al candidato oficialista de un independiente de la bancada DC y del único diputado de los Regionalistas Verdes, Jaime Mulet. De manera inédita, entonces, la derecha gobernará el país teniendo también el control de ambas cámaras legislativas.
Todo indica, además, que el estrecho escenario (78 a 75) de la competencia del oficialismo y la oposición por la presidencia de la Cámara no presagia lo que ocurrirá en la tramitación legislativa que viene.
De hecho, la propuesta de conformación de las comisiones se aprobó ayer martes 95 a 54, en la que los partidos oficialistas (Republicanos, UDI, RN, Evopoli, PSC y Demócratas) tienen mayoría propia en Hacienda, Constitución, Relaciones Exteriores, Gobierno, Salud y Educación, y si suman a los Nacional Libertarios, también serían mayoría en Seguridad Ciudadana, Economía, Trabajo, Obras Públicas, Vivienda, Defensa, Agricultura, Medio Ambiente y Derechos Humanos, prácticamente todas las comisiones más relevantes en la tramitación legislativa.
Los primeros decretos firmados por el presidente tuvieron acogida muy favorable en la opinión pública, mucho más allá incluso del 58% obtenido en la segunda vuelta, lo mismo que el inicio de la construcción de la zanja fronteriza.
Es evidente que está buscando marcar el máximo contraste con la administración precedente y lo está logrando, desde un severo instructivo sobre las formas y apariencia de las autoridades a su prurito por la disciplina comunicacional de sus ministros y el ritmo vertiginoso con que se mueve el presidente y comienzan a hacerlo sus ministros.
El apoyo en el punto de partida (57%) en la encuesta Cadem del presidente Kast es significativamente superior al de sus tres predecesores, pero también lo es su rechazo inicial (34%). Lo que sí es evidente en todos los sondeos es el éxito del concepto de gobierno de emergencia con que logró caracterizar a su gobierno, al menos en su etapa inicial, y su gran ventaja es justamente la elevada sintonía de sus prioridades con las de la mayoría del país, más allá incluso de sus partidarios.
Por eso sus grandes amenazas provienen de los distractores de dichas prioridades. Sea porque el gobierno cede a la presión de sus partidarios más duros dejándose llevar a temas alejados de las urgencias ciudadanas, como la conmutación de penas a violadores de derechos humanos en dictadura, o los indultos a uniformados condenados por abuso de la fuerza en el contexto del estallido social. El primero fue considerado un “error político” por connotados dirigentes de Chile Vamos y el Partido Republicano lo declaró no prioritario, mientras el presidente de la República parece estar seriamente analizando el segundo.
Ocurre que José Antonio Kast ganó con 7,25 millones de votos (58,2%) la segunda vuelta, pero no todos lo votaron por identificarse con su ideario político y su programa, sino más bien por el rechazo a la continuidad del gobierno y por el acierto de su promesa de concentrarse en las prioridades de la gente, las que concitan apoyo mayoritario y transversal, dejando de lado las materias divisivas.
Los indultos de diciembre 2022 del expresidente Boric no estuvieron inspirados en razones humanitarias sino en la convicción de que en esos 13 casos el Poder Judicial había errado y los condenados no eran delincuentes ni merecían las penas atribuidas por la Justicia. Todo indica que los indultos a uniformados condenados por violaciones a los derechos humanos en el contexto del estallido social estarían motivados por las mismas razones, que implican evidente erosión al principio de que sólo el Poder Judicial -no el Ejecutivo ni el Legislativo- puede juzgar si una conducta es o no constitutiva de delito y acordar la sanción legal correspondiente.
Mientras el plan Escudo Fronterizo obtiene el apoyo de 80% de los encuestados por Cadem, la idea de indultos sólo concita respaldo de 41% y rechazo mayoritario (51%). Es evidente que parte significativa de quienes votaron por Kast en segunda vuelta no respaldan esa iniciativa y, de impulsarla, podría alienarse ese electorado definitivamente, como le ocurrió al presidente Boric con el apoyo a la propuesta de la Convención y los indultos.
El gobierno de Kast va a estar permanentemente desafiado por hechos sobrevinientes que obligarán a respuestas que distraigan del foco en las prioridades ciudadanas, como por ejemplo, los efectos del alza del petróleo y los efectos que puede generar en la población un alza desmesurada de la bencina. También deberá desactivar las bombas de tiempo que representan la necesidad de tomar posición frente a la candidatura de Bachelet a la ONU y la licitación del cable submarino a China debiendo mantener la debida distancia y equilibrio en las relaciones con las dos grandes potencias mundiales que son además nuestros principales socios comerciales.
Decidir desafiar la noción de emergencia y focalización en las prioridades por decisión propia, generando un debate divisivo, parece estratégicamente inexplicable y completamente innecesario. Su electorado duro no va a abandonar al gobierno si de lo que se trata es de respetar la idea de gobierno de emergencia, aunque la iniciativa de indultos sea convertida en bandera política de los seguidores de Johannes Kaiser.
Correrá el riesgo, en cambio, de ser abandonado por una franja importante de electores que quiere que le vaya bien al gobierno, que le está dando una oportunidad de avanzar en la solución de las urgencias del país, pero no comparte el ideario de la derecha ni la tentación de hacer exactamente lo contrario de lo hecho por el gobierno del presidente Boric, como si fuera su reflejo en el espejo o el negativo de su misma fotografía refundacional.
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