La minería enfrenta hoy una paradoja: la demanda por minerales críticos nunca fue tan alta, pero al mismo tiempo, nunca había sido tan complejo convertir esa oportunidad en valor real.
La industria de la minería ha sido, históricamente, un pilar de la economía global. Lo fue durante las revoluciones industriales y lo seguirá siendo ahora, en medio de la transición hacia una economía baja en carbono. No hay electrificación sin cobre. No hay almacenamiento de energía sin litio.
Según la Agencia Internacional de Energía (IEA), la demanda de cobre se duplicará hacia 2040, y la de litio se multiplicará por seis en el mismo período. Estos minerales son esenciales para vehículos eléctricos, redes eléctricas, infraestructura renovable y sistemas de almacenamiento. Y a medida que muchos países mantienen su compromiso de alcanzar la carbono-neutralidad hacia 2050, la presión sobre la oferta minera no hará más que aumentar en los próximos 25 años.
Las proyecciones de la industria también son muy decidoras: el mercado minero global crecería a una tasa anual compuesta cercana al 6,3%, llegando a US$ 2,76 billones en 2030. En el caso de Chile, la minería seguirá ocupando un rol fundamental, representado hoy, de forma directa e indirecta, aproximadamente un 20% del PIB de nuestro país.
Sin embargo, el crecimiento en la demanda no se traduce automáticamente en creación de valor. De hecho, existe un consenso creciente en el sector: desarrollar nuevas minas es cada vez más complejo. Los requisitos regulatorios son más exigentes, las expectativas en materia ESG son más altas, los yacimientos son más profundos y de menor ley, la presión por eficiencia es constante y la competencia por talento especializado no tiene precedentes. A esto se suma el rápido avance tecnológico, que obliga a transformar capacidades a una velocidad inédita.
La minería enfrenta, así, uno de los ciclos más exigentes de las últimas décadas.
En este escenario, muchas compañías se preguntan cómo asegurar que sus inversiones realmente generen valor, y cómo lograr que la transformación se traduzca en resultados concretos.
Cuando hablamos de valor en minería, surge un problema frecuente: muchos proyectos no logran materializar los beneficios que prometieron en su fase de diseño. Y esto no es exclusivo del sector minero. En diversas industrias, la raíz suele ser la misma: falta de disciplina en la identificación, planificación y gestión de la realización de valor.
Entre los vacíos más frecuentes destacan las dependencias no gestionadas, que impiden habilitar el valor a tiempo, generando retrasos o incapacidad de materializar beneficios; la priorización insuficiente, que dispersa tiempo y recursos en iniciativas de bajo impacto, valor o retorno para la organización; el diseño de soluciones desconectadas del negocio, que no resuelve el problema del usuario final; la falta de accountability, que no permite identificar responsables claros para impulsar las acciones necesarias para capturar valor; la baja adopción por parte de los equipos operativos, y la ausencia de métricas claras, que impide identificar brechas y reaccionar a tiempo.
¿Qué necesitan hoy las empresas mineras para enfrentar este escenario?
Primero, estabilidad de producción y reducción de variabilidad en un entorno de mayor complejidad geológica y costos al alza. La disciplina operacional ya no es deseable: es crítica.
Segundo, digitalización y automatización a gran escala. No basta con pilotos aislados. Flotas autónomas, perforación y carguío automatizados, centros remotos y analítica avanzada deben integrarse a la operación diaria con impacto medible.
Tercero, el uso efectivo de digital twins e internet de las cosas para habilitar decisiones en tiempo real en productividad, mantenimiento y seguridad. La tecnología es habilitante, pero solo si se integra con procesos y personas.
Cuarto, disciplina de capital bajo la lógica de “value over volume”: priorizar por retorno y optimizar activos existentes antes de expandir capacidad por inercia.
Y quinto, desarrollar nuevas capacidades. De acuerdo con nuestro más reciente “KPMG Global Metals and Mining Outlook”, un 47% de los ejecutivos de la industria minera a nivel global considera que la escasez de talento es el desafío más importante al momento de implementar las últimas tecnologías, incluyendo automatización e inteligencia artificial. Sin talento preparado, la tecnología no genera valor.
Hoy, más que nunca, las operaciones mineras dependen de la integración inteligente de datos, tecnología y procesos. La toma de decisiones basada en información confiable es clave para mejorar productividad, optimizar costos y reducir riesgos para las personas y el medio ambiente.
En este contexto, la necesidad en el mercado es doble: gestionar proyectos con excelencia y, al mismo tiempo, impulsar transformaciones operacionales apalancadas en el uso de la tecnología. La diferencia entre crecer y crear valor radicará en esa disciplina. Porque en minería, como en toda industria intensiva en capital, no basta con extraer más. La verdadera ventaja estará en capturar el valor que ya prometimos y que el accionista espera.
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Desarrollo de proveedores en minería: Un desafío pendiente. Por María Cristina Betancour.
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