Una interesante rama de estudio dentro de la economía es la denominada Economía Institucional o Institutional Economics en inglés, que sostiene que las instituciones, es decir las reglas formales (leyes, regulaciones) e informales (normas sociales, cultura, confianza), moldean de manera decisiva el comportamiento de la economía.
Por lo tanto, para entender el desarrollo económico, la desigualdad, el crecimiento o el fracaso de un país, debemos primero entender sus instituciones. Dentro de sus exponentes más célebres encontramos a su padre fundador Thorstein Veblen, y a los premios Nobel de Economía Ronald Coase, Douglass North, Elinor Ostrom y Oliver Williamson. Siguiendo esa tradición institucional, existen dos libros que bien vale la pena recordar para entender lo que se viene para Chile a la luz de los resultados de las elecciones de este domingo.
En el “Fin de la Historia” de Francis Fukuyama, el autor plantea que la democracia representativa, sumada a una economía de mercado, sería el punto final en la evolución institucional humana, siendo éste el único sistema político-económico capaz de satisfacer las demandas ciudadanas de libertad, reconocimiento y prosperidad. El desafío entonces estaría en perfeccionar ambos sistemas, pero en ningún caso reemplazarlos. Ahora bien, los resultados eleccionarios de ayer dan cuenta de una fuerte derrota para las ideas refundacionales, refrendando así la tesis central de Fukuyama.
En el libro “¿Por qué fracasan los países?”, de Daron Acemoglu y James Robinson, los autores plantean que los países no fracasan en términos económicos por su geografía, clima o por la falta de recursos naturales, sino por la debilidad de sus instituciones.
Así, habría dos tipos de instituciones: las inclusivas con reglas del juego claras, derechos de propiedad protegidos, estado de derecho, incentivos para innovar y emprender, con mercados relativamente abiertos y un sistema democrático que distribuye el poder. Este contexto virtuoso generaría desarrollo sostenible, crecimiento económico y movilidad social.
En la antítesis estarían las instituciones extractivas, donde el poder se concentra en élites que bloquean la competencia, no hay contrapesos al poder político, la economía beneficia a una fracción pequeña de la población y se observa falta innovación e inestabilidad. Su resultado: aumentos de pobreza, crisis políticas y altos grados de desigualdad.
Bajo este enfoque no hay dudas que en Chile estamos transitando de un marco donde primaban las instituciones inclusivas a un entorno donde al menos se observa tensión entre ambos tipos de instituciones, lo que en sí supone un desafío mayor para el próximo gobierno.
Con esto en mente, es fácil prever que, si el país no da un giro decidido hacia volver a mejorar sus instituciones y, por el contrario continúa con el gradual deterioro observado hasta ahora, el escenario macroeconómico y financiero del país no variará sustancialmente en los próximos 4 años de gobierno.
Es decir, observaremos una economía creciendo en torno al 2% a 2,5%, explicado fuertemente por el impulso externo, y tasas de desempleo fluctuando en torno a 8,5% y 9% la mayor parte del tiempo, con una inflación controlada como mérito del Banco Central.
Los resultados eleccionarios reflejan que la principal preocupación del país es la seguridad y el orden público, al igual que el crecimiento económico y el empleo. Lo anterior, en un contexto de una baja confianza en las instituciones y una disminución al apoyo explícito a la democracia que ha venido siendo advertido en algunos análisis.
Los resultados de la elección presidencial, marcada por una primera vuelta más bien fragmentada y una ciudadanía dividida entre propuestas de orden público y materias económicas, dejan al descubierto un cuadro económico y social exigente para el próximo gobierno.
Además confirma que la economía chilena enfrenta desafíos que ya no son meramente técnicos, sino profundamente institucionales. Sin un equilibrio entre orden público, estabilidad democrática y crecimiento económico, Chile corre el riesgo de seguir profundizando el ciclo de desconfianza, polarización y bajo dinamismo de su economía.
Para leer más columnas en Ex-Ante: Pinche Aquí.
Ver esta publicación en Instagram
Publicaciones relacionadas
El ejecutivo a cargo de la operación brasileña de Cencosud -y, por tanto, de integrar la operación de St. Marche- es Vitor Fagá de Almeida, un histórico del sector supermercadista del gigante sudamericano que construyó buena parte de su carrera en GPA, Assaí y Carrefour antes de ser reclutado por el grupo ligado a la […]
“Días de juego” cuenta una historia que tiene mucho de autobiografía. Su autor, estadounidense radicado en Londres y que hace poco estuvo en Chile, también jugó al básquetbol y vivió los dilemas de quien se sabe bueno para jugar, aunque no excelente para quedar a la altura de sus ambiciones.
Si la economía no logra transformar su dinamismo en oportunidades laborales, especialmente para mujeres y jóvenes, seguirá existiendo una brecha relevante entre las cifras macroeconómicas y la experiencia cotidiana de muchos hogares. La pregunta clave no es solo cuánto crece el país, sino quiénes participan de ese crecimiento. Hoy esa distancia es demasiado amplia y […]
Ningún político puede ignorar que los cuestionamientos más dañinos no son los que provienen de los adversarios, sino de quienes pertenecen al mismo sector, compartieron los mismos proyectos y conocen desde dentro sus fortalezas y debilidades. El expresidente Richard Nixon, tras perder la elección presidencial de 1960, escribió que “perder una elección duele más que […]
Este viernes, Cencosud anunció la adquisición del 100% de Makro en Colombia, en una operación avaluada en aproximadamente US$ 158 millones. La cadena de supermercados se integra a la red de marcas que el grupo opera en dicho país —entre las cuales se encuentra Jumbo, Easy y Metro— y también refuerza su estrategia de crecimiento […]