Entramos en la etapa final previa a las elecciones presidenciales y parlamentarias, y aunque con veda de por medio, las últimas encuestas y tendencias continúan marcando como escenario más probable un giro en el signo político en la elección presidencial. Sin embargo, el panorama para las parlamentarias está más abierto. Si nos enfocamos en los activos financieros locales como la bolsa, el tipo de cambio y las tasas de interés, pareciera que asignan una alta probabilidad al resultado presidencial (en color político), pero un mayor grado de incertidumbre sobre la composición final del Congreso.
Sin aburrir con cifras, lo que hemos visto en los últimos meses y que se ha reafirmado en estas semanas es una recuperación muy marcada del mercado accionario local, no tan lejos del desempeño de las bolsas emergentes. Si corregimos por la recuperación que han tenido los resultados de las empresas locales, podríamos decir que, en comparación con nuestros pares en Asia y América Latina, dejamos atrás la etapa más deprimida y nos ubicamos en la parte alta de las valorizaciones post estallido social. Sin embargo, estamos aún por debajo de los mejores tiempos de la bolsa chilena allá por mediados de los 2010s.
En tipo de cambio, pareciera que quedan bien atrás los tiempos en que el peso se movía en torno a los 700 pesos por dólar y ni el cobre en sus niveles máximos de los últimos años es capaz de revertir su mala racha. Con todo, al menos podemos decir que estamos más de un 10% por debajo de los niveles más estresados. Si bien en tasas de interés de la deuda pública nos ha ido algo mejor, con premios por riesgo soberano muy bajos al compararnos con las tasas de bonos en EE.UU., en perspectivas histórica hemos tenido mejores tasas para la deuda del gobierno.
En resumen, estamos mejor en que nuestros periodos más oscuros de los activos locales (reflejo de una también enredada y compleja dinámica no solo económica, sino que también institucional y política), pero podríamos estar mejor. Hemos estado mejor, sin duda. ¿Qué tenemos a favor? Está más que repetido a estas alturas que el crecimiento y la inversión (qué decir lo trillado de la permisología) se tomaron la agenda (no quiero menospreciar los temas de seguridad, que también están muy arriba en las prioridades).
Todos los candidatos tienen un capítulo para esto, cosa que no ocurría en la anterior elección, y levantan propuestas para atacar el estancamiento. Pero parece que ese consenso no es suficiente para que inversionistas y mercados lleven los activos locales a un espiral más virtuoso. Y una interpretación, entrando en terreno mucho menos conocido, es que falta que se materialice una dinámica política más favorable. Y ahí la clave es buscar una forma de desenredar y destrabar un fragmentado, díscolo y a veces incomprensible Congreso.
Ninguna corriente o lista tendrá la mayoría, serán necesarios acuerdos, y para que no estemos en un perpetuo día de la marmota (película donde el protagonista revive el mismo día una y otra vez, para los que no la vieron), esos acuerdos necesitan de la participación de una amplitud de corrientes políticas muy superior a la actual. Ejemplos tenemos y el más reciente es la reforma de pensiones que, si bien levanta desafíos no menores en su implementación y algún nerviosismo, nadie puede decir que se ubicó en su óptimo absoluto.
Y esa es la gracia de los acuerdos amplios en política: negociar y consensuar, de manera que todos los puntos sean considerados y se logren estructuras estables. Estos ejemplos escasean hace ya un tiempo en nuestra arena política y es posible que parte de quienes deciden si invertir en Chile o no estén atentos a si ese fenómeno cambiará para mejor.
En el seminario BICE tuvimos algunas luces de cómo se ve y se vive, en primera persona, buscar y lograr acuerdos más allá de la posición política de cada uno. El expresidente Macri relató, con algunas anécdotas, sobre cómo se relaciona su partido con el de un fenómeno político como es el presidente Milei, que me imagino no debe ser del todo cómodo para los políticos más clásicos. Y si bien el panel a cargo de los asesores económicos de las principales candidaturas se inclinó a mostrar las diferencias entre ellos, no es tan difícil encontrar puntos de intersección.
Quizás si los inversionistas, sobre todo los extranjeros, se convencen de que somos capaces de lograr acuerdos con la vista en el largo plazo y no en la siguiente esquina (o elección), se animen a apostar de manera más decidida en nuestros mercados. Por ahora, aún se siente cierta cautela y con justa razón.
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FES: un impuesto más caro de lo que parece. Por Santiago Montiel. https://t.co/kWmRS8mbIB
— Ex-Ante (@exantecl) November 4, 2025
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