-Esta semana se inició formalmente la campaña y hace poco fue el primer debate entre los candidatos. ¿Cómo ves el escenario?
-El mundo vive un proceso de transformación cultural, donde lo que está en cuestión es la sobrevivencia de sistemas liberales y democráticos. Las plataformas virtuales están inoculando polarización, empujando a las sociedades hacia extremos. La polarización impide la conversación y sin conversación es imposible la democracia.
-¿Dónde entra Chile en todo eso?
-Vivimos un momento político de hiperpolarización. No son las visiones más “consensuales” las que se están imponiendo. No es Tohá versus Matthei, sino dos visiones más contrapuestas y polares: Kast y Jara. La lógica general de Kast es no conversacional. Hay fuerzas que ya no creen en la conversación y los acuerdos, y el único camino que tienen es imponer a la sociedad una visión tecnoautoritaria.
-¿Y del PC podría decirse lo mismo?
-El PC tiene un problema mayor. La lógica del PC es una con características religiosas y herméticas, donde existe una verdad que varios siguen. Pero se encuentra con una candidata que, en cierta manera, es una outsider de esa línea de pensamiento y, por sus propias convicciones y razones políticas y electorales, se desalínea de la visión más fundamentalista y le genera un conflicto al PC.
Ella ganó con un proyecto del comité central del PC, pero ahora es candidata de un conjunto de fuerzas que no comparten ese programa, porque tienen una visión más abierta y compleja del futuro de la sociedad. Entonces, si quiere ganar la elección y obtener un resultado razonable tiene que ir más allá incluso del apoyo que tiene este gobierno.
-¿Necesita, entonces, hablarle a la centroizquierda más moderada?
-Esa gente, un contingente bien amplio de la sociedad chilena que hoy está en incertidumbre, necesita sentir que ella no está capturada por los sectores más ideológicos del PC. Jara necesita romper la sensación de que podría ser rehén de un sector con el cual parte de la ex Concertación no comparte su visión, y mostrar que va a tener un proyecto dirigido al mundo progresista. Esa es una decisión política que ella tiene que tomar.
Ella ha tenido muchas oportunidades para mostrarle al país su autonomía y su voluntad de hacer un proyecto transversal. No siempre la ha usado oportunamente, y lo ha venido haciendo como a tirones, como pasó con el tema de Jadue. Fue la justicia la que lo determinó y ella después apoyó, pero lo pudo haber hecho antes.
-Tras las primarias, dijiste que Jara debe “reacondicionar su proyecto al siglo XXI”. ¿Mantienes esa posición?
-Conversé con ella y tiene disposición de tener un programa para el siglo XXI. Eso significa entender que este país, donde tenemos una visión gris del futuro, está sentado arriba de una mina de oro. Chile tiene la llave para ayudar a resolver un problema ético de la humanidad y nos puede transformar en un país rico.
Tenemos la posibilidad de reemplazar el 20% de los combustibles fósiles porque tenemos el mayor potencial del mundo en energía solar y eólica. Tenemos litio y cobre, que son factores geopolíticos. Chile puede alimentar a la humanidad, tiene el mar más productivo del planeta. Estas oportunidades requieren consenso: político, intelectual, académico, territorial, social.
-En ese sentido, ¿el PC es un lastre para la candidatura de Jeannette Jara?
-No diría que todo el PC. Hay una parte que ha colaborado con Jeannette, como Karol Cariola, Daniel Núñez y Camila Vallejo, que están en sintonía con ella. Pero también veo a otros, un sector híper ideológico, los custodios de la fe, que pareciera que prefieren preservar los principios que ganar elecciones y crecer en la sociedad, sobre todo si eso significa transarlos.
-¿Se refiere a la dirigencia de Lautaro Carmona y Bárbara Figueroa?
-A la gente que ha tenido una postura de ser custodio de la fe. En ese sentido, hay un relativismo muy importante que Jeannette no tiene. Valoro que haya dicho que en Cuba se violan los derechos humanos y que Nicaragua y Venezuela no son democracias, y que cuando las personas tienen problemas de corrupción tienen que someterse a los tribunales. Esos son valores universales.
-¿Cómo es el programa que necesita Jara?
-Lo que se necesita no es un programa confesional religioso, sino uno que represente el interés nacional. Uno realista y nacional, que involucre al conjunto de la sociedad. Hoy el Estado es un Estado fallido para el siglo XXI. Estamos viviendo una era de aceleracionismo y de exponencialidad, que va a dejar obsoleta todas las instituciones y el Estado no tiene la flexibilidad, la adaptabilidad para enfrentar estos cambios. Este Estado está hecho para un solo futuro lento, no para tener futuros permanentes.
La única manera de enfrentar esto es entendiendo que el tema no es más Estado, no es solo más mercado, sino más sociedad. Eso significa una articulación público-privada. Si no hay una relación armónica entre el Estado y lo privado, no vamos a resolver los problemas. Y eso significa cambiar la matriz ideológica.
-En ese sentido, ¿ves como una falencia el equipo que acompaña a Jara?
-El problema es que mientras existan algunas voces que son confesionales de algunas personas del PC impiden que otros se quieran sumar al comando. Porque hay personas que están dispuestas para trabajar un proyecto para Chile, no uno para una determinada filiación ideológica.
Esto es como un círculo perverso. En la medida que personas que podrían aportar no se integran, esos espacios los ocupa el PC, porque no nadie más quiere. Eso requiere de una decisión que, si ella la tomara, tendría costos, pero es la única posibilidad que tiene de que se incorpore gente que le pueda agregar amplitud y diversidad de contenidos en ámbitos de identidad cultural.
-¿Cómo ves el escenario en la oposición?
-Hay una tensión entre una derecha liberal que cree en la conversación, los acuerdos y el diálogo, y una que le ofrece al país una visión religiosa, fundamentalista, con un elemento de autoridad mayor, donde no hay conversación, acuerdos ni diálogo.
Cuando las personas están expuestas permanentemente a inseguridad, miedo y rabia, entran en una fase donde sacrifican su libertad a cambio de autoridad. Y, por tanto, la instalación del miedo, la instalación de la polarización y la incertidumbre como modelo es un sistema ideológico. En esas condiciones no es posible la visión liberal.
-La Fundación Encuentros del Futuro está desarrollando “Proyecta Chile 2050”. ¿En qué consiste esa iniciativa?
-El objetivo es reponer un espacio de confianza y conversación, para construir un propósito al 2050. Esto está convocado por más de 60 universidades y todos los institutos profesionales. Queremos construir un consenso de oportunidades y amenazas que tiene Chile, y que si las enfrenta puede ser un país verdaderamente desarrollado en 2050.
Esto permite encadenar el presente, que es ciego, con un objetivo mayor. Hoy tenemos 20 mesas con más de 2 mil personas de todos los sectores, académicos, territorios y empresas, que están elaborando un proyecto que es una posta.
-¿Cómo se materializará?
-Esta plataforma es un bien público, gratuito, disponible para cualquier gobierno o parlamento pueda requerir de estas propuestas. Tendremos un primer hito el 16 de octubre, cuando le queremos entregar un documento a todos los candidatos.
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