-¿Cuál es tu diagnóstico del avance del crimen organizado en Chile?
-El fenómeno del crimen transnacional está bien avanzado en Chile, lamentablemente por las condiciones regionales y por las condiciones internas del país. Chile se está dando cuenta del fenómeno, pero no ha tomado todavía las acciones tal vez necesarias. Está pensando en estrategias nacionales, esa es una ventaja. ¿Es muy tarde? Sí, es muy tarde. Estamos en un proceso de tener que acelerar mucho para enfrentar este fenómeno. Ojalá tengan la capacidad.
-¿Qué es lo que falta?
-Muchas cosas en cualquier sociedad democrática tienen que pasar por ciertos pasos para hacer las cosas de manera legal. Por eso el crimen transnacional se enfoca en países democráticos, porque son lentos en responder, por su naturaleza. Chile no tiene una capacidad de inteligencia estratégica interna para entender el fenómeno del crimen transnacional. No comparten inteligencia entre diferentes grupos. Se está sacando una ley de inteligencia que va a ayudar un poco en eso, pero no hay una mentalidad de entender fenómenos que vienen de afuera de sus fronteras. Chile ha sido siempre una isla.
Creo también que falta voluntad política. Hay que tener un entendimiento entre todos los partidos, un entendimiento mínimo para un programa sostenible en el tiempo para enfrentar esto. Porque el crimen transnacional va a durar, y las políticas tienen que ser más o menos duraderas en el tiempo. De lo contrario, cada cuatro años se cambia de política, se echa para atrás, comienza de nuevo y el crimen va avanzando.
-Cuando dices que no hay voluntad política, ¿a qué lo atribuyes?
-Todas las sociedades democráticas han tenido muchos problemas para entender la envergadura del problema del crimen transnacional. El fenómeno de la corrupción, de minar las instituciones democráticas, la institucionalidad, son cosas que pasan lentamente. Son como las hormigas, que comen lento hasta que se cae el edificio. Entonces, no es por no querer entender, sino que simplemente no han visto su impacto real porque no hay una costumbre de ver más allá del futuro político inmediato. Eso tiene que cambiar.
-¿Qué organizaciones transnacionales han penetrando en Chile en los últimos años?
-Tal vez el más visible ha sido el Tren de Aragua. Pero también hemos visto que ahora está operando, muy interesada en Chile, la ‘Ndrangheta italiana, una mafia de las más importantes del mundo. Hemos visto que están entrando también grupos albaneses, que están muy fuertes en Ecuador; grupos criminales chinos, más que nada por la facilidad de mover droga por el lado Pacífico. Chile es un país muy sofisticado, pero muy permeable. Los puertos son súper permeables todavía. Entonces hay ventajas económicas, no hay un entendimiento macro del fenómeno y es relativamente fácil entrar a Chile, vivir acá y establecer una empresa y legalizarse. Creo que lo que vamos a ver en Chile es un auge de violencia basado en las batallas de control territorial entre grupos locales al servicio de grupos más grandes.
-¿Cuáles son los desafíos para las empresas?
-Las empresas tiene un gran problema porque los grupos de crimen organizado viven de economías ilícitas, que minan las ganancias y las operaciones de empresas legales. Si yo puedo vender mi producto perdiendo 10% y tú tienes que ganar 5%, ¿quién va a vender más? No es que estén penetrados en este momento necesariamente por el narcotráfico, eso no lo sé, pero la economía legal gira alrededor de reglas de juego. Y los grupos que entran con millones o cientos de millones de dólares en actividades ilícitas, que no pagan impuestos, venden mucho más barato porque utilizan las empresas para el lavado de dinero principalmente.
-¿Crees que el crimen organizado está ganando la guerra cultural en zonas periféricas de las ciudades, donde hay jóvenes más vulnerables?
-La respuesta corta es sí, por las redes sociales. Si uno ve el fenómeno de las redes sociales que usa el PCC en Brasil (Primer Comando de la Capital, que domina gran parte del narcotráfico en ese país) tienen cientos de miles de cuentas de Facebook, de TikTok, de Instagram donde no están disfrazados. En República Dominicana, lo mismo. Eso pone una cara súper atractiva y muy accesible a los jóvenes. Y no hay un mensaje disfrazado. Dicen vengan a juntarse con nosotros para vivir bien. Aquí están las mujeres, aquí están las armas, aquí están las motocicletas. Están ganando de una manera terrible la guerra cultural.
-El mes pasado se destapó un mediático secuestro de un empresario en Quilicura, por el cual se pagó un rescate, un fenómeno que ha ido proliferando como nunca antes en Chile. ¿Cómo se proyecta la industria de los secuestros en el país?
-Se están dando las condiciones previas a las olas de secuestro, lamentablemente. La extorsión es lo que viene primero y después en la cadena del crimen organizado casi siempre sigue el secuestro. Entonces si hay blancos accesibles, fáciles, y la impunidad para garantizar que uno salga bien con el dinero y no a la cárcel, ese fenómeno se va a dar. La clase empresarial de acá está muy descuidada. No toma todavía en serio lo que puede pasar. En Colombia después de los secuestros todo el mundo cambió. En Ecuador ya todo el mundo cambió. Aquí ojalá tomen medidas antes de que haya casos que obliguen a repensar todo. Ese fenómeno viene lamentablemente.
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