Durante los últimos años, la presentación de estados financieros ha operado dentro de márgenes amplios y poco descriptivos, que permitían (y a veces fomentaban) una comodidad excesiva. Bajo la NIC 1, muchas entidades lograron estructurar sus estados de resultados con altos grados de flexibilidad, a veces sacrificando comparabilidad, transparencia e incluso sentido económico. Con la llegada de la NIIF 18, esa etapa llega a su fin.
Esta nueva norma, aplicable a partir del año 2027, aunque su aplicación anticipada se permite, no es una modificación menor para la presentación en los estados financieros: es una reescritura profunda de las reglas del juego. Exige que las empresas digan claramente cómo ganan dinero, con qué lo financian, y qué parte de sus resultados responde realmente a su operación principal. La clasificación obligatoria de ingresos y gastos en categorías como operación, inversión y financiamiento obliga a repensar el relato financiero desde su raíz. Y eso incomoda… porque en algunos casos podría obligar a sincerar.
Muchos directorios y gerencias se verán enfrentados, por primera vez en mucho tiempo, a decisiones que no podrán resolver con simples notas explicativas. Bajo la NIIF 18, las políticas contables deberán ser consistentes con el modelo de negocios real de la entidad, no con uno idealizado o diseñado para fines de marketing corporativo. La gestión del relato ya no será exclusiva de los equipos de comunicaciones o relaciones con inversionistas: estará inscrita, por obligación, en el estado de resultados considerando la nueva norma contable como marco.
Desde la auditoría, el impacto es igualmente profundo. Se nos pedirá no solo revisar cifras, sino cuestionar el fondo: ¿refleja esta clasificación realmente la lógica económica del negocio? ¿Está bien sustentada la presentación de un concepto específico frente a otro? ¿Está la entidad desagregando lo suficiente como para ser transparente, pero no tanto como para confundir? Estas son preguntas incómodas, pero necesarias.
Y luego están las famosas MPMs (medidas de desempeño definidas por la administración). Hasta ahora, muchas empresas las han presentado sin mayor regulación, diseñadas para mostrar “el negocio como nosotros lo vemos”. Ahora, la NIIF 18 les pondrá un marco: exigirá que se expliquen, que se concilien con los estados financieros, y que se sometan al escrutinio de la auditoría dentro de los estados financieros.
En mi opinión, este es un avance urgente y necesario. La NIIF 18 no solo impone orden contable: pone en jaque narrativas artificiales y obliga a las empresas a hablar con mayor honestidad. Esto podrá ser incómodo en un comienzo, pero absolutamente positivo para el ecosistema financiero en su conjunto, especialmente porque se llenan vacíos y espacios de poca claridad que la norma anterior tenía.
El verdadero desafío no será solamente técnico, sino cultural. ¿Están las empresas preparadas para contar su historia tal como es, y no como les gustaría que se percibiera? ¿Está la alta dirección dispuesta a someter sus propias métricas al rigor del estándar? ¿Estamos, como auditores, listos para ejercer un juicio profesional más exigente?
Lo que está claro es que ya no hay vuelta atrás. La NIIF 18 redefine las reglas, y todos —emisores, auditores, reguladores e inversionistas— deberemos adaptarnos. Mejor temprano que tarde, especialmente considerando que la presentación se debe ajustar de forma retrospectiva, inclusive en estados financieros interinos.
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La paradoja salmonera: un alto nivel de madurez, pero aún sin la licencia social ‘nacional’. Por Jacqueline Plass y Manuel Gálvez. https://t.co/FwlDATCCSD
— Ex-Ante (@exantecl) July 25, 2025
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