Cuando comenzó la crisis social y posteriormente la pandemia, los índices de incertidumbre cobraron especial relevancia. Al ser algunos de alta frecuencia y en un contexto donde acceder a pronósticos confiables era complejo, estos indicadores se convirtieron en herramientas clave para los economistas, ayudando a mejorar el poder predictivo de nuestras estimaciones. También fueron monitoreados de cerca durante el fallido proceso constitucional.
Sin embargo, con el paso del tiempo, estos índices comenzaron a descender, alcanzando sus niveles más bajos en cinco años hacia mediados de 2024. Esto trajo cierta tranquilidad a los mercados y a la población, generando la sensación de que Chile avanzaba hacia un escenario con mayores certezas. En consecuencia, la incertidumbre dejó de estar en el foco de atención.
Pero la calma fue temporal. Desde el segundo semestre de 2024, los índices de incertidumbre han mostrado un repunte sostenido (EPU, IEC, DEPU), reflejando un deterioro en la percepción de estabilidad económica y política. ¿Qué factores explican este fenómeno?
¿Qué impacto podríamos esperar en las variables económicas? En este contexto, la incertidumbre seguirá influyendo en el desempeño de diversas variables. Algunas de sus principales consecuencias incluyen:
Perspectivas y Oportunidades. A pesar del complejo escenario actual, existen caminos ampliamente conocidos para reducir la incertidumbre y mejorar el entorno económico, entre ellos son avanzar en políticas con consensos transversales, reducir la burocracia en permisos y regulaciones, fortalecer la institucionalidad y la seguridad para recuperar la confianza en el largo plazo, entre otros. Sin embargo, todos estos cambios requieren tiempo, voluntad política y un enfoque de largo plazo.
En el corto plazo, ¿qué nos queda por hacer? En este entorno desafiante, la clave estará en combinar una buena visión macroeconómica con estrategias tácticas de inversión bien fundamentadas. Aunque el camino hacia menores niveles de incertidumbre tomará tiempo, la menor presencia de reformas radicales en la agenda y el debilitamiento de algunas propuestas que generaban incertidumbre han ayudado a reducir parcialmente la percepción de riesgo, donde los ciclos de mercado pueden ofrecer oportunidades para ajustar portafolios de manera eficiente.
En tiempos de incertidumbre, la prudencia es clave, pero también lo es la capacidad de adaptación. Los ciclos de mercado generan oportunidades para quienes saben leer el contexto y ajustar su estrategia. Más que temer a la volatilidad, el desafío es integrarla en la toma de decisiones, aprovechando ciertos momentos para posicionarse con visión de largo plazo. En este escenario, la clave no está solo en reaccionar a los eventos, sino en anticiparlos, gestionarlos y convertir la incertidumbre en una ventaja estratégica.
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Construcción rezagada: trabas que frenan el desarrollo. Por Gabriel Ugarte. https://t.co/PqFi1w36A5
— Ex-Ante (@exantecl) March 10, 2025
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