-Según muchos analistas, el gran problema de Chile es el sistema político. ¿Estás de acuerdo? ¿Pueden los mismos incumbentes solucionarlo?
-Lo central es que la política chilena no puede depender de la existencia de grupos muy pequeños. El Parlamento necesita la representación de partidos grandes. Y grandes quiere decir también robustos, firmes, que tengan buenas normas internas y que tengan representación nacional. No tiene sentido que tengamos pequeñas unidades que representan a áreas rurales o lo que sea. Entonces necesitamos partidos que sean representantes de la nación. Y no nos podemos dar el lujo de tener pequeños clubes de amigos o de familiares o de conocidos que no tienen ni siquiera un anclaje ideológico ni un proyecto nacional.
-Hay dos procesos constituyentes que plantearon el tema. Incluso en el segundo hubo una propuesta que tuvo bastante apoyo. ¿Por qué no se ha logrado avanzar en esta materia?
-La gran oportunidad era el proceso constitucional. Pero eso falló. Ahora llama la atención y es notable que siete senadores hayan planteado un proyecto, que es súper discutible, pero es interesante que lo hayan hecho.
-¿Qué te parece ese proyecto?
-Mira, yo concuerdo con lo que dice la mayoría de los especialistas: que es un proyecto insuficiente. Si tú no atacas el problema central de este modelo, no vas a avanzar mucho.
-¿Cuál es el problema central?
-Los pactos electorales. En el pacto, el partido mayor mete a otros partiditos chicos, a candidatos menores, para aumentar la votación global. De pasada permite que salgan elegidos parlamentarios con votaciones bajísimas, gracias a las cifras repartidoras. Cuando tienes en un distrito un candidato fuerte que saca muchos votos, se chorrea mucho. De esa manera entra mucha gente que por sí misma no habría ganado. Hay un subsidio enorme a los partidos pequeños y a los candidatos llamados independientes, que al poco tiempo se revela que tampoco lo son.
-Otro punto son los mecanismos de disciplina partidaria, porque ya hemos visto muchos díscolos que se cambian de partido, o renuncian al partido. ¿También es necesario incluir normas robustas al respecto?
-Las que pusieron en el nuevo proyecto son bastante severas. Incluye la pérdida del escaño si se cambian de partido o pasan a ser independientes. Yo tengo dudas sobre este punto. Coincidiendo en que hay la necesidad de fortalecer la disciplina de los partidos, tengo dudas sobre la legitimidad democrática de quitarle el sillón a alguien que ya está elegido. Eso plantea un problema.
Además hay un segundo problema. La generación de partidos nuevos, grandes, se ha producido siempre con rebeliones en la historia chilena. La DC fue una rebelión contra el Partido Conservador. Y hay millones de ejemplos parecidos. No siempre esas rebeliones han sido negativas. Creo que en el caso chileno vienen siendo negativas desde Adolfo Zaldívar en adelante. Todas esas rebeliones recientes fueron por intereses bastante espurios. Y no por razones ideológicas.
-El tema de la fragmentación política se vincula con malas políticas públicas, imposibilidad de llegar a acuerdos. Una respuesta es el umbral de 5%. ¿Deben reducirse los partidos?
-Claro. Hay demasiado partido pyme, partido cigüeña, partido familiar. Una opción es la fusión. Un ejemplo muy claro sería el Frente Amplio. Terminó por convertirse en un partido, porque si no corría el riesgo de desaparecer. Los cuatro integrantes por sí solos no hacían nada. Fue un movimiento interesante, porque la diferencia ideológica entre esos partidos era mínima. Una diferencia ideológica mínima no basta para constituir un partido.
-Eso mismo se puede decir de Amarillos y Demócratas.
-Absolutamente. En la campaña del rechazo surgieron estos dos grupos con una posición política e ideológica muy parecida. Cuando todo indicaba que debían ser un solo grupo, se formaron dos. Ahí yo creo que había un incentivo perverso, que es el hecho de que unos tenían parlamentarios y los otros no. Entonces hay una asimetría de poder. Estamos llenos de incentivos negativos. El público piensa que esto es un despelote y en cierto modo lo es.
-¿Por qué?
-Porque hace pensar a los posibles eventuales candidatos que la elección es la papa. ¡Porque además te devuelven la plata! Sale gratis. El estado, que tiene todas sus necesidades insatisfechas, se tiene que gastar un dineral en pagarle a los candidatos y a los partidos por las campañas que hicieron. Y los que son más vivos y llevan bien la contabilidad pueden salir perfectamente ilesos o con ganancias. No les rasguña en absoluto su patrimonio meterse en una aventura electoral.
-Esto viene desde los cambios que se hicieron en el segundo gobierno de Bachelet. ¿Fue una mala reforma política?
-Como muchas otras reformas en el período, fue muy mala, muy arrastrada por los eslóganes. La ley incentiva el surgimiento de partidos chicos. Yo no veo que los partidos grandes no sean representativos de la mayoría del país. Creo que lo son. Otra cosa es que están un poco golpeados, y maltratados por un sistema que los ha perjudicado. ¿Por qué el servicio electoral les devuelve plata a las personas cuando debería devolvérsela a los partidos?
-En términos electorales, ¿hay que ir hacia un modelo mayoritario? ¿Echas de menos el sistema binominal?
-Ojalá se pudiera reformar el sistema proporcional. En el sentido de atenuar sus defectos. No demonizo para nada al sistema binominal. Fue un buen sistema, que contribuyó mucho a ordenar la transición. Y la verdad es que no veía en el sistema binominal un problema de representación. Si tú me dices: sucede que no había pescadores artesanales de Puerto Montt en el Congreso. Yo respondo: es que no tienen que estar en el Parlamento. Para eso tienen otras instancias. El Parlamento no es para que entren todos. Es para que entren 155 representantes del país.
-Se ha generado una evidente oposición de de los partidos chicos. La jefa de bancada de Demócratas, Joanna Pérez, criticó el proyecto porque el sistema político no era lo más importante, sino que es más importante la seguridad, el crecimiento.
-Tienen que desaparecer partidos y hay que eliminar los pactos. No tiene sentido que tengamos un sistema político con veintitantos partidos. Es una locura. Pepe Auth me recordaba el otro día que hasta el año 70 en Chile había cinco partidos. Porque nunca se permitieron los pactos electorales. Cada uno tenía que arreglarse con sus uñas. En ese tiempo tenías el PS, el PC, la DC, los radicales y el Partido Nacional. Y eso era todo.
El tema central son los pactos. No se pueden permitir los pactos porque ahí se arman verdaderas colmenas. Y lo mismo vale para los independientes. No te imaginas la figura retorcida que hemos inventado: un independiente que va en una lista de un partido o pacto. Nadie lo entiende. Tenemos como cuatro clases de independientes. Es una chacra.
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