La palabra trámite proviene del latín trames que significa camino, porque eso justamente es lo que debería ser un trámite: la vía para avanzar en alguna iniciativa, concretar un proyecto, ejercer un derecho o simplemente para cumplir con las normas que nos habilitan para cohabitar un territorio común.
En Chile estamos enamorados de los tramites. ¿Le ha pasado?
Hay oficinas estatales que piden certificado de nacimiento y además la cédula de identidad, cuando se supone que una persona que porta su cédula tiene registrado su nacimiento; o se pide la licencia secundaria pese a que el solicitante tiene título universitario. Se requiere acreditar la renta y, junto con la declaración de impuesto del SII (donde suponemos está todo), se pide además la liquidación de sueldo.
Por estos días, miles de postulantes se están inscribiendo para las próximas elecciones de concejales, alcaldes y gobernadores. Todos ellos deben declarar intereses ante el Servel y, para acreditar la tenencia de una propiedad, el Servel solicita el rol del Servicio de Impuestos Internos, que tiene todos los datos. Pero, además, para hacerlo fácil, también piden la fecha en que compró, las “fojas de la escritura” y detalle del avalúo de la propiedad. ¿No será mucho?
Así somos. Y así se demora todo innecesariamente.
En el caso de los proyectos inmobiliarios, por ejemplo, las direcciones de obras cuentan con revisores independientes, pero siempre hay un funcionario que revisa los papeles, duplicando el trabajo. Un estudio de este año de la ADI indicó que la demora para obtener un permiso de edificación en la Región Metropolitana pasó de 648 a 815 días en promedio. Y luego nos quejamos del déficit habitacional.
Por estos días, todos escuchamos hablar de la permisología como un exceso de burocracia que retrasa o bloquea inversiones. Tenemos un proyecto de ley sobre permisología en trámite en el Congreso y se dice que haremos esto y aquello por simplificar. Si el Estado tiene la información de los ciudadanos y de las persona jurídicas (empresas), ¿por qué no usar la tecnología para dejar de pedir papeles repetidos? Y así, de paso, cuidamos el medio ambiente imprimiendo menos papeles y apuramos el tranco.
A nivel público, particularmente en el ámbito de los proyectos que requieren de la denominada permisología, los trámites pueden ser utilizados como herramientas para frenar iniciativas que pueden no ser del gusto de una autoridad, aunque se cumplan con todos los requisitos exigidos por ley.
Siempre hay algún “trámite”, “documento” o “papelito” que puede retrasarse hasta el infinito. Culturalmente, además, se acostumbra a pedir los papeles de a poco. Las respuestas tardan y el “silencio administrativo” se convierte en mutismo. Faltan papeles, no hay personal, está en proceso de firma, no llegó el oficio. Así las cosas, los ciudadanos y los inversionistas pierden la paciencia, el interés o el financiamiento, lo que ocurra primero. Mientras tanto, el objetivo final del proceso duerme en el sueño de los justos.
Un estudio de la Universidad San Sebastián mostró -por ejemplo- que los Estudios de Impacto Ambiental aprobados en 2023 requirieron en promedio 985 días corridos de tramitación, siendo que el promedio habitual era de 434 días. Se adicionan así un año y 6 meses de trámites, con todos los sobrecostos asociados.
Es cierto que el Gobierno está haciendo esfuerzos por acelerar la permisología, pero yo haría un llamado a revisar lo repetido y dejar de pedir papeles que el Estado ya posee. ¿Será necesario un proyecto -me pregunto a ratos- o haremos otro refrito de papeles para completar? Permítanme dudar, porque esta idea simple no tiene eco en reparticiones y servicios. Pareciera que los caminos están cortados. Caminante no hay camino.
Esto tiene un efecto múltiple. Afecta a la economía, aumentando los costos, y al ánimo, haciendo perder tiempo y energía a las personas. El discurso público del gobierno no se condice con la realidad en las reparticiones públicas, donde los caminos se cierran.
Y mientras los caminos se cortan, se cierran o se interrumpen, los proyectos se estancan, y también lo hace la economía. El Imacec de mayo anotó su tercera baja mensual consecutiva, cosa que no ocurría desde el 2022. Junto con ello, aumenta la informalidad laboral y previsional así como la percepción negativa que tenemos los chilenos sobre nuestra economía.
¿Cómo se combate este desánimo? Parece bastante obvio: despejando los caminos y pidamos menos papelitos.
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